No es raro encontrar ladrones que predican contra el robo para que los demás no le hagan competencia. Como también los hay, que predican contra el proxenetismo y lo ejercen políticamente. Es el caso de un hombrecito inerecto (hombrecito por la altura de su alma no de su envoltorio prescindible, e inerecto por la encorvadura de su cerviz, no por rumores que desprecio), que aprovechando las dificultades circunstanciales de tres medios de comunicación, dignos, corajudos, altivos en la adversidad, que los llevaron a atrasarse en el pago de las facturas de UTE, utilizó la protección del representante del neoliberalismo local, el semanario Búsqueda, para vomitar inclemente sobre mi persona, acusándome de “fiolo de la izquierda uruguaya, a la que le saca plata y en este caso le jineteó dos años de luz”.
El difamador es un ex cura, desertor de juramentos eternos, no por legítimas razones de conciencia, como tantos hombres dignos reducidos al estado laical, sino como efecto de la traición al amigo que le abrió su hogar, y de la oportunidad que le dio en confesión su condición de hombre de Dios.
El gran odio que alberga en su pequeño corazón se debe a la noticia que investigué sobre el ilícito que llevó a cabo su hermano, hace algunos años, cuando era embajador en Londres, que culminó con su cese, el pase a la Justicia Penal y el pago de una importante suma de dinero a la Cancillería para evitar la prisión.
O será acaso porque informamos a la opinión pública sobre su traición a Wilson, quien tuvo que sacarlo a empujones del semanario La Democracia, porque no quería abandonar la poltrona donde prodigaba ineptitudes. A partir de ese momento ni siquiera pudo aproximarse al edilato. Y comenzó a transitar su vocación de amiba, esos seres que no poseen columna vertebral y se pueden adaptar a cualquier forma.
Incluso la de ser columnista permanente del diario “El País”, órgano confeso de la dictadura cívico-militar que asesinó a la flor y nata de nuestra sociedad.
El será recordado como un traidor, a sus ideas, a su congregación, al jefe político que le dio la confianza que no merecía. O quizás, usando su terminología nada eclesiástica, será recordado como un fiolo de la Iglesia y proxeneta de su líder político, del que recibió todo y al que no le devolvió nada. Yo pasaré como el que dedicó su vida a “honrar a dioses distintos a los de la ciudad y por eso me dieron a beber la cicuta”. Nunca traicioné mis ideas, ni en la cárcel, ni en el exilio, ni cuando batí el récord de clausuras de los diarios que dirigía contra los fiolos del poder, contra los impotentes que se transformaban en eunucos para estar cerca de las alcobas del mandamás.
Pero con cicuta o sin ella, yo estoy en viaje de ida y hago esta vez una excepción en mirar el gesto de alguien, como el ex cura y ex wilsonista, que está siempre en viaje de vuelta.
¿Será esa acaso, la razón de su odio? O será porque de tanta envidia y traición se quedó sin barco. Y como diría Carlos Ares, sin barco no hay viaje y sin viaje no hay destino. Y algún árbol tenía que hachar el renegado para construir su navío y así poder navegar. Pero conmigo se equivocó. Eligió a alguien de noble madera para usarlo de verga. (*)
No sabía el desertor que este mástil sólo acepta sostener las velas del pueblo, no la de renegados sin conciencia y sin honor.
Sé que hoy cometí tres errores que había evitado cometer durante muchos años. Franklin decía que las tres cosas más difíciles de esta vida eran guardar un secreto, perdonar un agravio y aprovechar el tiempo. Hoy, ni guardé el secreto sobre las presuntas causas del odio del difamador, ni perdoné su agravio, ni aproveché el tiempo.
Por eso iré al purgatorio. Pero cierto es que no me encontraré con el ex cura en el infierno. Es mi alivio.
Mi padre siempre me decía que no discutiera nunca con un hombre cuya opinión no me mereciera respeto y apelaba a un añejo proverbio manchego; cuando haya que emplear la pluma acuérdate de la vieja leyenda de toledanos aceros: “No me saques sin razón, ni me envaines sin honor”.
Hace 10 años este tartufo de la política nacional, cuyo nombre no estamparé para no estiercolizar estas páginas, me obligó, con una calumnia similar, a desoír a Tácito y a emplear la pluma con pasión y con ira. Le propiné nalgadas similares a las de esta nota. Y durante 10 años se llamó a silencio. Tendré que desencarpetar viejos expedientes para volver a poner a la canalla en cintura.
Pero vayamos al punto. Que una cosa es la calidad humana de la criatura que calumnia y otra es el contenido de la injuria. Desacreditar la primera no implica dejar sin respuesta la segunda: “Fasano es un fiolo de la izquierda, le saca plata a la izquierda”.
Si ser fiolo es obtener algo inmerecido de alguien, quizás yo lo sea de la izquierda, porque la valoración de los merecimientos siempre es subjetiva y no seré yo quien diga que las gratificaciones morales recibidas fueron merecidas. Será la historia la que juzgará los méritos y los deméritos.
La izquierda me ha dado mucho. En primer lugar me dio el ideal que se convirtió en la razón de ser de mi vida desde que ingresé a los 18 años en el periodismo, y desde que a los 23 años comencé a dirigir medios de comunicación, que hoy con LA REPUBLICA, alcanzan al número 15, todos al servicio de la izquierda uruguaya, en todas las épocas, en las buenas y en las malas, sin una sola defección, incoherencia, acomodo de cuerpo, mirada al costado o marcha atrás como intenta vanamente acostumbrarnos cierto posmodernismo de izquierda. En segundo lugar me enseñó que sólo podía llevar a cabo la misión que me había impuesto de construir para la izquierda nacional los medios profesionales de masas que le ayudaran a abrirse camino hacia el inalcanzable poder, si renunciaba a todo lucro, a todo beneficio, que surgiera de esos medios de comunicación. Mi prosperidad y la de mi familia no podía provenir de esos medios, que no me pertenecían a mí sino al objetivo y a la idea a la que había dedicado mi existencia. Y todo lo que obtuviera en el exterior o en otros menesteres lícitos, debía ser incorporado a esa causa, que más se asemejaba a una travesía por el desierto que a un paseo triunfal. Sólo así fue posible que la izquierda hoy cuente con el único diario de circulación nacional que duró 23 años, el más duradero diario que detentó la izquierda en toda su historia y que ese diario esté ubicado en el segundo lugar del circuito informativo, disputándole hegemonía de igual a igual al poder mediático. Y que por vez primera también cuente la izquierda con un multimedio, un diario, una radio y un canal de televisión. En tercer lugar me regaló el significado laico de la alegría de vivir contra el miedo sagrado de la transgresión. En cuarto lugar matrizó en mi vida la utopía ética para impedir la comercialización de los seres humanos, que no otra cosa es el socialismo. En quinto lugar me enseñó a optar por la razón contra el dogma y por la fraternidad contra el servilismo. En sexto lugar me enseñó a estar siempre del lado del cuadro de los perdedores, de los desprotegidos, de los desheredados de la tierra, sin pensar si veré con mis propios ojos, algún día, cuando “la tortilla se vuelva”, que no estamos enrolados en la ética de la convicción, para disimular la ética del oportunismo, como muchas veces constatamos con dolor en nuestras propias filas. Y en séptimo y último lugar me dio la satisfacción política más grande de mi vida, la que me permitió comprobar que valieron la pena tantas heridas recibidas, tantas clausuras, tantos destierros, tantas confiscaciones, tantas rejas, tantos sinsabores y pérdidas, tantas calumnias, al alcanzar nuestra izquierda, por primera vez en un siglo y medio
de luchas, el poder político necesario para intentar el cambio social ante el orden que parecía inmutable.
¡Si le deberé a la izquierda uruguaya! Todo eso y mucho más recibí de ella. Todo menos dinero, todo menos bienes materiales, todo menos privilegios o cargos que nunca acepté. No hay un solo ejemplo que pueda darse en mis 52 años de militancia socialista, que refute esta afirmación.
La propia UTE lo reconoció, el gobierno de izquierda le dio al Multimedio Plural un 35% menos de publicidad que los gobiernos blancos y colorados.
Y es bueno que la izquierda solo me haya brindado satisfacciones éticas y morales y no materiales. Son las reglas del juego de sus principios señeros.
Los ejemplos están a la vista. Ninguno de los 15 medios de comunicación de izquierda que fundé y orienté, tuvo superávit alguno. Todos, como no podía ser de otra manera dada la opción política elegida, sufrieron y sufren penurias. Pero ninguno cerró sus puertas debido a esas penurias, porque fueron sostenidos por la adhesión del pueblo, de los lectores, de las audiencias. Sólo cerraron cuando el autoritarismo dijo que no iba más.
Debo ser el único periodista, empresario, que jamás retiró un peso de sus medios, ni aún en las buenas épocas y que puso y sigue poniendo en aras de una utopía realizable, todos los recursos con los que contaba o cuenta, rechazando la tentación de destinarlos a causas personales y no colectivas.
No puede decir lo mismo mi detractor que vivió durante años de la teta de la santa madre iglesia, y cuando llegó el momento de devolverle lo recibido, puso los pies en polvorosa.
Las dificultades que hoy, por poco tiempo más, sufren el diario, la radio y el canal que dirijo, me llenan de orgullo, porque constituyen una prueba del esfuerzo desinteresado y sin claudicaciones, a cambio de nada, superando la ética de la resignación, convencido de la inexorable culminación de la utopía de la sociedad de ciudadanos iguales por la que venimos luchando desde hace cinco décadas. Si ese objetivo nos llevó a atrasarnos con la UTE, bienvenido sea ese atraso, que ya nos comprometimos a cancelar. Y que ladre la perrada y los auténticos fiolos del poder económico y comunicacional, aun en manos del adversario histórico.
Aunque sigo creyendo que los que no creen en el sacerdocio del sacrificio personal, ni en el fuego sagrado de entregar su vida al anhelo colectivo de la pública felicidad, tendrían que tener por lo menos el decoro de callarse la boca y no interrumpirnos en la faena a la que nos encadenamos.
* (mástil que sirve para sostener la vela)