“Porque fallen los electricistas no vamos a dejar de creer en la electricidad…”
La izquierda es el sacrificio de todos para beneficio de todos. Contracara de la derecha, donde el sacrificio de los más es utilizado para el provecho de los menos. La izquierda, tal como la concebimos desde que nos enrolamos desde hace 35 años, implica lucha, tiempo, constancia, vitalidad, trabajo, imaginación y creatividad. Pero fundamentalmente es una postura ética, permanente, de largo plazo. El oportunismo es siempre circunstancial para zafar de un problema concreto. Si la aplicación oportunista tiene éxito la tentación de repetirla llevará a su reiteración, y de ahí a sepultar la ética en el rincón de los olvidos hay un solo paso.
Valga toda esta introducción para explicarles a nuestros lectores por qué nos sentimos solos en esta lucha desigual contra el inmenso poder coaligado del monopolio televisivo al servicio autoritario de las fuerzas políticas y económicas que hegemonizan este país desde su fundación como tal.
Cuando iniciamos esta batalla ética sabíamos el riesgo que corríamos. El de la dignidad de la soledad era uno de ellos. Para aventar sospechas ofrecimos públicamente renunciar a los efectos benéficos que un hipotético resultado favorable implicaría. Pusimos a disposición de las fuerzas del cambio la estructura y la conducción de todo lo que habíamos forjado en el proyecto de “Canal Cable Comunidad”. Si nosotros éramos el problema, dábamos un paso al costado. Nadie recogió el ofrecimiento. Y antes de presentarnos habíamos donado 12 canales sociales las 24 horas del día para las organizaciones sindicales, universitarias, culturales, sociales y políticas, en una experiencia nacional sin precedentes. No nos movían fines de lucro ni de ambiciones políticas que durante 35 años hemos probado no poseerlas.
Todo ocurrió como lo imaginamos. El monopolio desplazó nuestra comunicación por televisión. Jorge Arellano fue prohibido por segunda vez en el Canal 4. Nuestros avisos de 1 minuto todos los días sobre las noticias de LA REPUBLICA, que eran filmados diariamente y donde el notable profesional que es Arellano explicaba a la audiencia los hechos que al día siguiente editaría nuestro matutino, fueron prohibidos por las autoridades del canal con un aviso previo de 24 horas.
El monopolio presionó a nuestros avisadores y la publicidad disminuyó pese al aumento de nuestros tirajes. La guerra se desplazó a todos los planos. Era una lucha desigual.
David contra Goliat. Pese a nuestra débil capacidad de fuego (sólo contábamos con L.A. REPUBLICA y Radio Nacional) logramos ubicar en los primeros lugares del orden del día nacional el despojo de que había sido objeto la sociedad uruguaya en un derecho esencial: la libertad de información en las ondas hertzianas.
Nos alentaba el apoyo de la gente aunque nos dolían las escasas voces de aliento y denuncia de la izquierda contra la flagrante violación de las normas constitucionales cometidas en beneficio del monopolio. Ahora no se puede —nos decían—; estamos en plena campaña electoral. Después del 27 será otra cosa, agregaban con “realismo político”. No todos se hundieron en un pragmatismo sin principio. Voces aisladas hubo en todos los sectores progresistas que se animaron al disenso. Constituyeron el combustible subjetivo ineludible para continuar esta brega casi imposible.
Pero desde la primavera, exactamente el 21 de setiembre, las declaraciones rotundas de ese gran referente político del cambio, que es el general Líber Seregni, nos dejaron sin ganas y sin combustible para proseguir la marcha.
Repasemos los tristes y elocuentes hechos de las dos últimas semanas, donde se pierde la resistencia ética a la existencia de un solo cuerpo autoritario y conservador de pensamiento en la televisión nacional.
En la primera semana de setiembre los canales privados del monopolio lanzan una impresionante campaña publicitaria exigiendo la aprobación inmediata de la TV Cable por parte de la Junta Departamental de Montevideo, a la que acusan de tortuguismo.
El jueves 15 el titular de Canal 10, Jorge De Feo, amenazó a una delegación del Encuentro Progresista, integrada por una mujer y un hombre, de sectores distintos: o se aprueba de inmediato el reglamento para cablear la televisión o no hay publicidad para las elecciones. Y ante el amago de una respuesta protesta por parte del varón que integraba la delegación, el autoritario barón de cortes, haciendas y ondas que desde hace casi 40 años detenta gratuitamente el uso tripartito de la televisión uruguaya los echó sin miramientos de su despacho abusivo.
Denunciamos con lujo de detalles la extorsión y anunciamos que en caso de ser desmentida brindaríamos los nombres de todos los protagonistas, los testigos con los que comentaron lo conversado, mi propia participación personal con alguno de ellos y las grabaciones respectivas. Nadie osó utilizar el manido recurso del desmentido.
Seis días después el presidente del Frente Amplio, general Líber Seregni, realiza para el propio Canal 10 de Jorge De Feo declaraciones muy claras: la discusión sobre quién tiene razón sobre el monopolio y la televisión por cable ya está terminada, es cosa juzgada y lo que hay que hacer es acelerar en la Junta la reglamentación para que los capitalinos tengan de inmediato ese servicio que proporcionarán únicamente los canales 4, 10 y 12.
Agrega además que habló con los ediles del Frente Amplio para que aceleren la aprobación de la TV Cable.
Al día siguiente nuestros cronistas detectan movimientos extraños en la Junta. El edil socialista Artigas Melgarejo impulsa la aprobación inmediata de la TV Cable y urge su sanción sin que la Comisión de Legislación cite a todos los juristas que han estudiado el tema. La urgencia es inexplicable ya que se trata de un tema esencial para las libertades públicas. Se intenta reducirlo a un problema técnico ignorando sus profundas implicancias jurídicas, así como políticas.
Relatamos los hechos sin emitir opinión. Estábamos azorados. La campaña del monopolio exigiendo una inmediata aprobación en la Junta y la virtual extorsión del señor De Feo al Frente Amplio lograba sus objetivos. La sospechosa relación de causa-efecto parecía confirmarse. Sin embargo no emitimos opinión porque podía tratarse de meras coincidencias y la autoridad moral de los protagonistas impedía oficializar la duda.
Señalamos el nombre de Melgarejo porque era el único edil de la bancada frenteamplista que activa el tema con febrilidad manifiesta. La mención de su nombre no implicaba una crítica al Partido Socialista, al cual pertenece. No podíamos realizarla ya que ese mismo partido proporcionó uno de los mejores espacios contra el monopolio de la televisión: el senador Korzeniak que en las comisiones del Senado bregó una y otra vez sin éxito por modificar la injusta situación planteada.
Ante lo inesperado de la situación nos llamamos a la prudencia y a la paciencia. Sobre la declaración del general Seregni afirmamos editorialmente que no la compartíamos y que se trataba de un grave error político de impredecibles consecuencias.
No cuestionamos su ética. Disentimos con el contenido y la oportunidad de su declaración.
Teníamos derecho a ello. Aún no cicatrizaban las heridas que nos infligió el monopolio cuando voces prestigiosas nos invitaban a entregarlo todo por lo que habíamos peleado. Se apelaba al chantaje de los prestigios. Dijimos nuestra verdad con respeto.
La respuesta del Frente Amplio, casi unánime, fue confirmar el camino táctico indicado por Seregni, dándole carpetazo a este tema y que se instaure ya en nuestra capital la TV Cable conducida en forma exclusiva y excluyente por las tres familias que la detentan.
La declaración del Frente es recibida con alborozo por el monopolio en su conjunto.
En Canal 12 es leída con satisfacción por Néber Araújo, quien para no dejar lugar a dudas afirma que es la “respuesta del Frente Amplio a LA REPUBLICA”.
Los demás canales como tocados por una misma cuerda privilegian este dramático desencuentro entre las fuerzas del cambio y quienes proponíamos construir el más vasto auditorio con que ellas podían contar sin cortapisas y sin intermediarios.
Sumándose a la revancha del trust televisivo que ofende a nuestra sociedad, el edil socialista Melgarejo nos denigra ante sus pares afirmando en la Junta Departamental que se trata de una lucha entre dos monopolios: el monopolio grande de los tres canales privados y el monopolio chico de Fasano con el diario LA REPUBLICA y CX 30 Radio Nacional.
Ignoramos cómo puede calificarse de monopolio a un diario y a una radio cuando existen decenas de periódicos y radios en nuestra capital; pero más allá del dislate gramatical, el señor Melgarejo, símbolo viviente de los tiempos “realistas” que corren en nuestra izquierda, fabrica un dislate político e ideológico.
Haber construido para la izquierda los diarios de mayor circulación con la que jamás soñaron contar o haber rescatado CX 30 cuando ya tenía fecha de cierre definitivo agobiada por las deudas y con posibilidad cierta de pasar a engrosar las arcas ideológicas de la derecha, es calificado por el edil socialista como una actividad denigrante y monopólica, con el único argumento de que se trata de un monopolio chico y por lo tanto menos malo.
Conocida la declaración de Seregni, la decisión del Frente Amplio, la opinión del edil socialista Melgarejo sobre nuestras actividades, la ausencia de una condena a la amenaza contra el Encuentro Progresista formulada por el señor De Feo en su despacho del Canal 10, reuní a mis colaboradores y les anuncié que habíamos sido derrotados. Que el título de la edición de mañana sería “PERDIMOS”. Que no nos habían derrotado las inmensas fuerzas coaligadas de la televisión monopólica y sus aliados. Que las grietas en el alma y la pérdida de las ganas de seguir esta pelea imposible era producto de las conductas pragmáticas de las fuerzas del cambio. A nuestros adversarios les aguantamos cualquier parada, a nuestros confundidos representantes con nuestra existencia. Y si bien no confundimos representantes con representados, una lucha de esta envergadura no puede llevarse a cabo sin las mediaciones políticas que organizan el disenso.
Frente a la extorsión del Canal 10 se podía haber respondido de dos maneras. Aceptándola, vale decir, el chantajeado se somete o hace cómplice y niega la existencia del chantajista por razones de pudor. O se puede juntar fuerzas y resistir con dignidad. Claro que el que termina enfrentándose pierde generalmente mucho menos que el que terminará estratégicamente abonando.
El camino finalmente elegido es profundamente equivocado.
A nosotros nos desarmó. Creíamos que en esta batalla el pensamiento de los “cantos de vida y esperanza” de Darío nos iluminaría: “Uníos, brillen, secuencien, tantos vigores dispersos, formen todos un solo haz de energía ecuménica”.
Más bien resultó lo opuesto y sólo nos queda sobrellevar con orgullo la soledad de la dignidad.
Se abre para nosotros ahora un período de reflexión sobre qué hacer.
El ánimo no existe ya. El elemento subjetivo lo hicieron trizas. El falso “realismo” primó en la ecuación. Sin embargo la razón aún pervive.
Intentaremos aferrarnos a un viejo texto, creo que de “Historias florentinas”, de Nicolás Maquiavelo, ese gran ético, explica sin por Carreño, donde el injustamente denigrado sociólogo ponía en boca de uno de sus héroes la alabanza de aquellos que colocan la grandeza de la patria por encima de la salvación de sus almas: “Hemos aprendido que la política consiste en una dura y prolongada penetración a través de tenaces resistencias para lo que se requiere, al mismo tiempo, pasión y mesura. Es completa y enteramente exacto y así lo prueba la historia, que en este mundo no se consigue nunca lo posible si no se intenta lo imposible una y otra vez. Pero para ser capaz de hacer esto no sólo hay que ser un caudillo, sino también un héroe, en el sentido más sencillo de la palabra.”
Incluso aquellos que no son ni lo uno ni lo otro han de armarse desde ahora, de esa fortaleza de ánimo que permite soportar la destrucción de todas las esperanzas, si no quieren resultar incapaces de realizar incluso lo que hoy es posible. Sólo quien esté seguro de no quebrarse cuando desde su punto de vista el mundo se muestra demasiado estúpido o demasiado abyecto para lo que él ofrece; sólo quien frente a todo esto es capaz de responder con un sin embargo; sólo un hombre de esta forma construido tiene vocación para la política, vocación para transformar la realidad que lo rodea.
Hasta ahora creía poseer esa vocación.
Se podrá sin embargo perderla sin que ello implique desertar de las ideas que movilizaron toda nuestra vida. Porque aún sabemos diferenciar las ideas de los hombres que las practican. La izquierda, de los izquierdistas.
Bertolt Brecht ya nos lo había advertido: “Si fallan los electricistas, no vamos a dejar de creer en la electricidad”.