¡No, señor Presidente!
Ayer violó la Constitución entregando a una sola voz todas las ondas de televisión por cable y
manteniendo en su cargo al censurador confeso que dirige el canal estatal; hoy obliga a los
ministros a firmar la adhesión a su linaje sucesorio; mañana designará a un hombre en el
Ministerio del Interior, cuyos antecedentes no son los mejores para garantizar las elecciones
La renuncia del ministro del Interior, doctor Raúl Iturria, no sorprendió. Era previsible visto el
manejo autocrático del señor Presidente de la República en todo lo referente a la organización de
su linaje sucesorio. El solo hecho de reclamar la firma de sus ministros para avalar la designación
del delfín presidenciable no tiene antecedentes en la historia política uruguaya. Cuando esto
ocurría en algún otro país de América Latina, los uruguayos sabíamos que se trataba de alguna
dictadura vitalicia. No es el caso, porque a pesar de este grave desliz reconocemos en el señor
Presidente una vocación democrática en la que queremos seguir creyendo. Pero el acto
autocrático que aun no reconsideró pese a la demanda de la sociedad toda, de imponer una sola
voz en las ondas televisivas nacionales, prohibiendo expresarse al resto de las voces, unido al
“affaire” del Ministerio del Interior, obliga a señalar un claro alerta y exigir una inmediata
rectificación.
Empero, lo que supera hasta lo inaudito el proceder presidencial es lo que se anuncia como la
designación del nuevo ministro del Interior. A escaso tiempo del acto electoral el doctor Lacalle
designaría como sucesor de Iturria, nada más ni nada menos que al doctor Ángel María Gianola,
aquel ministro de Trabajo que agudizó la huelga del gremio textil, cuando de manera totalitaria
eliminó a los representantes del Congreso Obrero Textil en el Consejo de Salarios de la época y
puso en su lugar a un ¡cartero!, delegado trucho, si lo podía haber, de los trabajadores textiles.
¿Qué garantías puede otorgarle al país tamaña designación? La soledad cada día más acentuada
del señor presidente Luis Alberto Lacalle no amerita tamaña desconsideración para con el pueblo
uruguayo ni con la clase política, ni con la sociedad civil. ¡A serenar el ánimo señor Presidente y a
rectificar el rumbo, que aún es tiempo y todos los uruguayos se lo reconocemos!