TAMBIEN LA VIMOS Y NO ESTAMOS DE ACUERDO

EI principal dirigente del MLN Tupamaros, organización integrante del Frente Amplio, Eleuterio
Fernández Huidobro, sorprendió ayer a la opinión pública al desatar una ofensiva verbal sin
precedentes contra el Presidente de la República, que, en sus aspectos medulares, contradice
la actual política civilista, pacifista y antimilitarista de la legendaria organización de acción
directa que en la década del 60 asombró al mundo con sus hazañas guerrilleras.
No podemos dejar pasar sin cuestionar esta opción política desacertada de este veterano
luchador, cuyas pasiones y razones las defendió arriesgando su vida y su libertad, con
honestidad política digna de mejor destino que el que hoy nos propone.
El señor Presidente de la República, representante oficial del partido del statu quo, enfrentado
a nuestras concepciones en casi todas las instancias que se presentan,.está del otro lado de la
trinchera del partido del cambio, que hoy integramos los progresistas blancos, colorados,
frenteamplistas, nuevoespacistas e independientes. Pero esté o no en territorios antagónicos
es hoy el mandatario de todo el pueblo uruguayo, que en elecciones limpias y ajenas al
despotismo militar que también enfrentó personalmente en épocas aciagas, lo ubicó en ese
sitial.
El señor Lacalle me representa a mí y al señor Fernandez Huidobro, aún en el error de sus
concepciones. Y cambiarlo por los enemigos de la vida, que un día anidaron en nuestro país,
es un mal trueque para el país, para el partido del cambio e incluso y por sobre todo, para el
propio MLN que ha dado muestras de ser una fuerza con convicciones democráticas, dispuesta
a reinsertarse en la lucha política sin clandestinidades y lejos del viejo lenguaje del calibre y la
balística.
Fernández Huidobro alerta sobre el peligro de los pregoneros de la muerte. Si el peligro existe,
y compartimos sus temores, y estamos en su mira día tras día, el camino no puede ser aislar al
régimen demoliberal que sirve de freno, aun en su ineficiencia, al desmadre motinero siempre
latente en nuestra América, la pobre.
Este tiempo de peligros exige, además del temple y el coraje necesarios para volver a levantar
las banderas de nuestras grandes utopías, la serenidad y la firmeza indispensables para que
esas banderas no se conviertan en mortajas.
Esperamos que el Presidente de los orientales no se aproveche del error de un ciudadano
empujado por la impotencia de un crimen terrible cometido contra uno de sus compañeros
inermes, pero también esperamos con inquietud que el viejo guerrillero, idealista y corajudo,
reconozca públicamente su desborde que nos aísla, debilita y expone.

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