Un reportaje de FEDERICO FASANO MERTENS.
Cuando quedó decidido que LA REPUBLICA llevaría a cabo entrevistas «sin concesiones», «a fondo» y sin límites de espacio a cada uno de los 11 candidatos presidenciales, con los mejores periodistas que dispusiéramos para la tarea no dude en asignarme a Jorge Batlle para iniciar la serie. El personaje me atraía profesionalmente como un imán. Dos décadas atrás yo había contribuido decisivamente con mis informaciones en la tarea de demolición sistemática que contra su persona, sus conductas y sus ideas se produjo en los años calientes de la década de los 60 y principios de los 70. Sus respuestas de aquella época también fueron demoledoras y hasta orillaron un duelo a sable que finalmente se concretó en la persona de Flores Mora. Nuestro enfrentamiento parecía eterno e irreconciliable. Volver a mirarme en el espejo de su desventura y mi desventura, después de la interminable noche polar autoritaria que se abatió sobre el país me pareció un reto profesional y humano que no podía eludir. Yo me había dado un baño de mundo y forjado una autocrítica puntual en el libro «Después de la derrota» (prohibido por la dictadura); Batlle había cambiado radicalmente su imagen y sufrido también los embates del motín uniformado. Yo seguía creyendo en el socialismo como proyecto de vida y sociedad; él en el más radical de los liberalismos modernos. Y como no hay nada mejor para un reportaje que el contrapunto y la oposición de ideas concluí que era esta otra razón para optar en la distribución de trabajo que hicimos- a nivel de dirección, secretaría de redacción y jefaturas de información, por asumir personalmente la responsabilidad de entrevistarlo.
Yo había olvidado. No sabía si él era hombre del rencor. No lo fue. Las heridas habían cicatrizado. El reportaje me probó que las ideas nos siguen separando. Aunque debo confesar que recién después de todos estos días en que fatigosamente fui descubriendo quien era Batlle, advertí que me encontraba frente a un soberbio animal político, temible por su lucidez y al que las fuerzas del socialismo nacional deberán combatir con razones y realidades, sin retórica, clishes o slogan si la batalla de la persuasión desea ser ganada.
Las reglas del juego fueron claras: respetar su pensamiento; respetar mi trajo; someterse al escalpelo y obtener entre ambos la síntesis del contrapunto.
Le advertí que mi último reportaje databa de hacia algunos años: fue en Beyruth a Yaser Arafat en medio de tensiones inenarrables para la edición latinoamericana de Le Monde Diplomatique.
Se sometío pacientemente y hasta diría con placer a esta conversación de varios días cuyo resultado hoy entregamos a nuestros lectores.
La entrevista comenzó en forma ríspida. Me pareció la mejor estrategia de abordaje, para que todo el pus, si existía, saliera de entrada y no estuviera infectando todo el reportaje. Le dije sin anestesia que su caso era único. Que había concitado en su contra la mayor y rara unanimidad de que yo tuviera memoria. La izquierda lo había acusado de todos los males. Desde ser el ideólogo de la oligarquíanativa,delastransnacionales y de «la rosca plutocrática» hasta haberse convertido en «infidente cambiado» y cómplice de delitos económicos. La derecha económica lo ataca por su sospechoso afán modernizador. Los militares por su liberalismo civilista y sus ataques públicos radiales. La clase política por su prédica reformista permanente que ni siquiera respetó las ideas colegialistas de su tío abuelo don Pepe.
¿Por qué tanto las fuerzas del cambio social como las del statu quo y las que finalmente derribaron las instituciones coincidieron en sus ataques al joven heredero de Luis Batlle Berres? Lo desafié a que despejara la incógnita.
– Su explicación fue serena, pausada, aunque dolorosa… «Mire Fasano, yo era demasiado joven cuando muere mi padre. Tenía 37 arios. Era el último orejón del tarro. Era un simple diputado, y provoco la reforma de la Constitución nada menos que contra José Batlle y Ordoñez. Imagínese qué clase de revulsivo fue eso para un partido político que está acostumbrado a escuchar durante tantos años que el colegiado es el mejor sistema para gobernar. Y además levanto la bandera del liberalismo económico en una época en que todo el mundo estaba en lo contrario. A partir de ahí los sectores que pretendían mantener las organizaciones proteccionista, como los que pretendían mantener los esquemas colectivistas me tuvieron como su enemigo natural. El establishment de izquierda me declaró la guerra pero también el stablishment de derecha que pretendía un proteccionismo exagerado. La derecha conservadora pretendía mantener un monopolio sin riesgos y sin inversión de nueva tecnología. Es como si hubiera llegado demasiado temprano al escenario político. Hoy los sectores que pretenden mantener las economías colectivistas han desaparecido. Han sido reemplazados por un abogado católico que es el Primer Ministro de Polonia y la derecha proteccionistas tampoco existe más. Antes yo era un adelantado. Hoy soy uno más del pensamiento que hoy es mayoría en el mundo: el liberalismo económico.»
– Le sugiero que no me conforma la explicación, que faltan elementos.
– Me exige paciencia y continúa aportándolos: «El primer choque lo tengo con toda la clase política porque la clase política estaba con aquel sistema donde había seis consejeros de la mayoría y tres de la minoría por Departamento. Multiplique usted por toda la cantidad de sectores, toda la cantidad de listas, expectativas, uniones y acuerdos y descubre que había un mundo de gente que accedía al poder, al honor, al gobierno, al 383 y a otros privilegios generados por una economía cerrada. Yo me opuse a todo eso y me enfrenté al sistema. Pasé a ser un hombre antisistema. Y a un hombre antisistema no se le abre el camino, se le cierra».
– Entiendo – le explico- que la izquierda lo haya enfrentado; no entiendo que el sistema no haya intentado cooptarlo.
– Responde con un brillo en los ojos, mezcla de orgullo y fiereza: «No tengo precio. No había con que darme. No me pudieron tentar ni con las posiciones, ni podían debilitarme con los agravios. Yo estaba en lo que estaba y no iba a cambiar. Y no cambié y por eso pagué un altísimo precio. Hoy recojo los frutos de mi implacable tozudez. El pueblo batllista y la mayoría de la población está de acuerdo con el aggiornamento que proponemos»;
– Insisto en mis dudas y le indico que es contradictorio su apoyo a Pacheco, cuando el sistema lo había declarado leproso. Ese apoyo – le reitero- le costó a usted la elección de 1971 donde recogió el rechazo de todos los sectores antiautoritarios liberales y marxistas y ninguna adhesión de la que se volcó en masa al pachequismo.
– «Tiene razón – me confiesa- yo fui el jamón del sándwiche. Y fui a la derrota a conciencia de que no podía evitarla. Nunca estuve atado a la búsqueda de resultados electorales. Cumplí con mis- obligaciones para con la Nación y la sociedad, las mismas que aprendí desde niño en mi casa. He estado atado toda la vida a posiciones de conciencia y ésta me dictó apoyarlo si queríamos evitar un golpe de Estado anticipado. Si no lo hubiéramos apoyado el sistema institucional hubiera entrado en colapso mucho tiempo antes. Y cuando vi que el avance militar era incontenible no dudé en denunciarlo públicamente desde una cadena de radio y televisión. Y por esa razón fui preso antes que nadie. Fui el primer perseguido del gremio político. Inclusive hay una resolución de la Suprema Corte de Justicia que me honra donde por primera vez ese alto cuerpo tomó resolución sobre la procedencia de la jurisdicción militar en el delito de agravio a la fuerza moral del Ejército. Estaba convencido de que venía el golpe de Estado y lo dije públicamente por cadena de radio y televisión el día de mi cumpleaños, el 25 de octubre de 1972. Me vinieron a buscar. Me escapé por la azotea. Me procesaron. Estaba en la mira del Batallón Florida. Me investigaron con todo detalle y nada me encontraron. El invento de los ilícitos económicos para ensuciar a la clase política uruguaya, se gestó en él. Batallón Florida con el apoyo tupamaro y terminó en un fiasco .La honorabilidad de la clase política uruguaya quedó plenamente probada».
La vida de Batlle culminado el golpe de Estado la explica así: «Vendí todo lo que había que vender por el cierre del diario Acción. Vendí el edificio del diario, las máquinas, vendimos la radio Ariel, hipotequé mi casa y cumplí con todo el mundo. Porque las deudas hay que pagarlas y yo di el ejemplo. Sabía que como legislador iba a tener la obligación de votar leyes sobre endeudamiento y la única forma de poder hacerlo con total libertad era si había cumplido hasta el último centésimo con las obligaciones con el Banco de la República, con los seguros de desempleo y con las indemnizaciones por despido. Nunca hablé de eso como nunca hablé de mi renuncia a jubilarme por el 383. Viví con inmensas dificultades económicas pero viví con dignidad. No fue la primera vez en mi vida. Nosotros habíamos marchado con mi padre deportado a Buenos Aires y vivíamos todos en una pieza de pensión, con dificultades pero dignidad. Y chau, no hay que llorar, no soy más ni menos que nadie».
– A esta altura no puedo evitar abrirle la vieja herida que lo acompañó por años: la infidencia. Me desconcierta su reacción. No se siente tocado por el tema. Sabe que fui uno de los periodistas que más investigó esa acusación, primero en BP Color, junto a Artesiano y otros y luego en los diarios que dirigí en los años bravos. No parece importarle.
– Con una calma que no me pareció fingida se defiende: «fue una cosa que numerosos sectores– políticos organizaron contra mí, de forma muy fuerte en todo el país. Siempre fue partidario de liberar los tipos de cambio. Sin perjuicio de lo cual a lo largo de todos estos años, aún en vida de mi padre, conocí todas las circunstancias que siempre rodearon ese tipo de decisiones. Fui testigo en 1950 de las conversaciones entre mi padre, presidente de la República y Ledo Arroyo Torres, ministro de Economía y Carlos Quijano sobre el Fondo Monetario Internacional donde Quijano, a mi juicio acertadamente, defendía al FMI contra la opinión de mi padre. Fui testigo y opiné en contra de las conversaciones que llevaron el tipo de cambio a 4,11 y que determinaron la derrota del Partido Colorado en 1958. Fui informado minutos después de la entrevista que mi padre mantuvo en Radio Ariel con el entonces ministro de Economía, Salvador Ferrer Serra, cuando éste debió fijar el tipo de cambio de 11 a 16,50 en el segundo gobierno nacionalista. Y tuve que hacer yo la presentación al presidente Gestido, conjuntamente con el doctor Manini y el contador Iglesias de lo que el propio Iglesias y su equipo entendía que era un ajuste imprescindible del tipo de cambio de 100 a 200 pesos. Ahí me volví a perder un 100%. Calculé nada menos que un 100% de devaluación. Se podrá usted imaginar, Fasano, que si sabía que el tipo de cambio pasaba de 100 a 200 si hubiera querido hacer alguna maniobra no hubiera sido tan tonto de esperar a que pasara de 200 a 250. Si podía haber ganado el 100% para qué ganar el 25%.
Cuando el ajuste en 1968 de $200 a $250 a todo el mundo lo agarró en pesos. No en dólares. No estaban comprados, estaban vendidos. Un viernes antes de la devaluación, el diario BP Color, donde usted Fasano trabajaba, informa que el lunes el dólar abriría a $250. Todos le fueron a preguntar al ministro Charlone si la noticia era cierta y don César dijo que «ha sido una terrible infidencia». Había que buscar al infidente. Y ahí comenzó la caza del infidente. Fue el reino de la irracionalidad. No se pensó que cuando uno anuncia que una mercadería va a costar el lunes 250 en vez de 200 no hay nadie que pueda especular, porque si usted conoce el resultado de la carrera del lunes no va a cometer la pavada de publicarlo en un diario el viernes antes. Sobre todo cuando el sábado y el domingo los mercados cambiarios están cerrados en el mundo entero. Pues bien, intentaron acusarme de que yo me había aprovechado del conocimiento anticipado de la devaluación.
Y un ciudadano que falleció apoyado por importantes sectores de izquierda hicieron una campaña que se inició en los centros universitarios, en la cual describían como yo había pasado en una camioneta llena de billetes la frontera con Rivera para comprar dólares en Cuarai. Que cosa tan ridícula. Se ve que nunca habían estado en una casa de cambio.»
Acto seguido Batlle hace una encendida defensa de los hombres públicos uruguayos que a diferencia de otras latitudes, en este tema de la devaluación han mantenido – según sus dichos- una honorabilidad a toda prueba.
«A lo largo de las últimas décadas devaluatorias el ministro Azzini, el ministro Ferrer Serra, el ministro Ortiz, el ministro Arroyo Torres, el contador Iglesias, el contador Lafitte, el contador Buchelli y todos los que han colaborado con ellos han participado permanentemente de todas las discusiones, estudios, cálculos, y análisis técnicos que determinan todas las variables que es necesario tocar cuando se fija no por el mercado sino por la administración la paridad cambiaria. Y toda esa gente se ha conducido siempre con una corrección que hace honor al Uruguay. Y por eso Uruguay desde este punto de vista de la ética de sus hombres en la administración y en la política es un país muy particular en el contexto de los países latinoamericanos».
Jorge Batlle hace una pausa. Yo no insisto en el tema. Ahora sí se siente dolido en el recuerdo: «había que darme un chumbazo y me dieron un chumbazo en el ala creyendo que con eso estaban dejando a un costado a un contendor que quizás era un contendor peligroso».
– No todos los que lo atacaron se movieron por móviles subalternos, le espetó al pasar.
– «Es cierto – me responde- algunos lo hicieron, como usted, porque creen en ese mundo de ficción en el cual cree muchísima gente. Son muchos los que creen que existe una especie de comité para el mal que se esconde los viernes de tarde en algún lugar del mundo y que amaña trapisondas hasta reaparecer el lunes de mañana».
– Yo no creo en eso – le contradigo en buen tono- yo creo que usted conservó la tradición de su padre y no se benefició con la devaluación pero también creo que alguno de los que lo rodearon no actuó del mismo modo y su silencio de tantos años lo protegió. Y es hora de que hoy rompa ese silencio.
Su negativa fue terminante. «Ninguno de mi círculo de allegados se benefició con esa devaluación».
Su tono es firme y convincente y no es misión del reportaje difundir mis certezas sino las del entrevistado. Punto final.
Batlle termina el tema elevando su voz: «Y pese a todo sobreviví. ¿y por qué sobreviví? Porque siempre mantuve una conducta recta y porque mis ideas hoy son las que prevalecen y dieron fruto, cuando ayer eran minoría y rodeadas de incomprensión».
Le comento al pasar que quizás sobrevivió estos años ayudado por el sicoanálisis. Se espanta: «qué, qué. No, no nunca pasó por mi mente sicoanalizarme». Argumento que la teoría del subconsciente es quizás, el único avance intelectual de este siglo que hemos ido incorporando a la cultura.
No lo convenzo: «Nunca se me ocurrió y nunca me lo han propuesto. Tampoco nunca me hice tirar las cartas, ni consulté astrólogos ni adivinos».
– Sin embargo – le apunto- noto un cambio muy marcado en su personalidad. Ya no es tan irascible, tenso, cortante e iracundo. Del pasado sólo le quedan la ironía y sus ideas, pero la agresividad ya fue…
Mi agresividad del pasado – argumenta Batlle- es explicable. Yo me sentía muy atacado por la izquierda y la derecha. Yo fui uno de los blancos preferidos de Fasano y sus diarios. Usted también creyó en ese cuento de hadas de la rosca. Y bueno. Yo qué tenía para defenderme. No tenía cargo político, no tenía perspectiva personal… no tenía nada. Entonces, yo me defendía con lo que tenía. Usted me tiraba con ladrillos y yo le tiraba con edificios completos. Con un
horno completo de ladrillos, pero si yo no hubiera hecho eso, yo hubiera desaparecido. Yo respondía con razones muy fuertes y muchas veces muy hirientes.
Le pregunto si no tiene pánico en perder por tercera vez la elección o si confía reeditar la suerte de Mitterrand o Nixon que en su tercera oportunidad se les dio. Y le agrego: el fantasma de la derrota está siendo agitado por sus adversarios dentro de su propia colectividad que incluso ponen en duda la victoria del Partido Colorado.
El pánico me lo reconoce aunque afirma estar seguro de ganar a lo Mitterrand. En cuanto a lo de «gran derrotado» disiente con pasión: «No me diga. Y dígame, yo quisiera saber quién es el ganador que dice eso. Mire que gracioso. Yo gané la interna del 65… desde la nada. Era apenas un diputado. Gané contra todos los senadores unidos, contra Vasconcellos, Flores Mora, Alba Roballo, Segovia, Carrere Sapriza y sin Michelini que ya no estaba tampoco en la 15, y contra el propio Vasconcellos que en aquel entonces era el primer hombre del partido. Todos apoyaron a Gestido y me enfrenté solo a todos ellos. Y también me enfrenté a las ideas colegialistas de José Batlle y Ordoñez y junté las 600 mil firmas que impulsaron la reforma naranja y me enfrenté a la orientación ideológica populista que el señor Luis Batlle Berres representaba como hombre de su tiempo. Y con todo ese hándicap en contra y sin el apoyo de las principales figuras de la 15 enfrenté con mis 37 años de edad al general Gestudo que intentaba por segunda vez acceder al poder. Y perdí por ventaja mínima, unos 20 mil votos, en el disco. Fue un excelente debut. Como Aurreko. Si alguien cree que eso puede ser una derrota es un equivocado. Derrota fue la del 71 pero absolutamente previsible. Yo me presenté obligado por la función moral y política que debía cumplir. Si no me presentaba, todo el país hubiera dicho que no lo hacía porque reconocía una inconducta de carácter personal. Todo el mundo sabía que la polarización en la cual trágicamente había caído el país, no daba espacio a los liberales como yo. Sin embargo sacamos nominalmente ente más votos que en el 65 (aunque menor porcentaje).
– Lo detengo: ¿y después del 71 cómo sobrevivió?
– «Después del 71 fui el único dirigente del Partido Colorado Batllista de representatividad nacional que durante todos los años del proceso actuó contra la dictadura. Qué clase de derrotado soy si soy el único sobreviviente político de toda esa generación que entró a la liza política junto conmigo y ocuparon cargos claves, ministerios, bancas, direcciones decisivas. ¿Por qué desaparecieron del escenario y yo sobreviví? Porque no marchaban en el rumbo en el cual marcha el mundo. Sus ideas se quedaron fijas en su pasado populista. Y por eso fueron barridos por los vientos de la historia. Yo me adelanté a mi tiempo en el 65 y por eso perdí. Hoy mis ideas del 65 harán posible la victoria electoral del 89. Esos 24 años de distancia han hecho que me encuentre con las ideas justas en el momento justo en que pueden ser comprendidas y aceptadas por la Nación».
Batlle está convencido de lo que dice. Sabe lo que quiere y como quiere llevarlo a cabo. Le advierto que los personajes con certidumbres obsesivas en general caminan por senderos de cornisas. Le pregunto si está dispuesto a romperse la crisma en su afán por imponer el desarrollo y la modernización bajo las banderas traumáticas del liberalismo económico.
Me contesta que está dispuesto a todo, aún a arriesgar su vida.
Llegó el momento de abordar un tema delicado. Le comento que poseo información reservada probando que una semana antes de las elecciones internas del batllismo, él fue objeto de un atentado que pudo costarle la vida.
En un primer momento se sorprende pero al percibir que cuento con algunos detalles concretos y advertir que de todos modos estoy dispuesto a publicar la noticia, accede a la confesión.
– «Mire Fasano – me dice- este tema lo guardé muy celosamente y sólo hablé con un amigo. Antes de la interna recibí varias advertencias y amenazas de que iban a atentar contra mi vida mediante un accidente carretero. El viernes 19 de mayo regresando a Montevideo de noche después de un acto en Rocha, veníamos tres personas en un Renault 12 a 130 quilómetros por hora caminando fuerte, como siempre, cuando nos pasa como bólido un Mistubishi que habían visto detenido en una cuchilla minutos antes. Este auto japonés nos pasa a 140 quilómetros con la chapa trasera tapada como con barro… Lo cierto es que no se veía la chapa. No nos pasa nadie más, ni viene de la vía contraria ningún otro vehículo. Un minuto después entramos en un puente y ante nuestra sorpresa apareció en medio del puente un gigantesco rolo, un tronco de más de dos metros de largo. Si intentábamos desviarnos a esa velocidad nos caíamos al río. Apretamos el acelerador y aguantamos firmes. Reventamos el eje y la rueda delantera y salvamos la vida por un pelo. Tuvimos mucha suerte: era casi seguro que nos matábamos a esa velocidad. De inmediato corrimos hacia el puente y arrojamos el rolo por la barranca ya que otro auto que lo encontrara podía no tener la misma suerte que nosotros. Continuamos viaje a paso de tortuga y más adelante nos detuvo la policía. Preguntamos si había pasado un auto japonés a gran velocidad. Nos dijeron que se tuvieron que apartar del camino porque si no los pasaba por encima. No tengo dudas que fue un atentado. Ningún coche medió entre el tiempo transcurrido en que nos pasó el auto japonés y el momento de nuestro accidente. Y si el tronco no hubiera sido arrojado por el misterioso auto, y estaba antes caído por azar de algún camión, el coche japonés se hubiera estrellado o corrido en el mejor de los casos similar suerte que la muestra y lo hubiéramos detectado. Nueve días después ganamos las elecciones internas».
Le pregunto si el Presidente fue informado.
– «Pero no – me agrega con disgusto- ; qué le voy a andar contando como si fuera una vieja. Qué sentido tiene. A Kennedy ¿no lo mataron? ¿Y usted cree que no tenía custodia? ¿para qué sirve la custodia? Para nada».
Le digo pie se cuide más de la derecha que se resiste al cambio, al «aggiornamento» que Batlle les propone que de la izquierda. Ese accidente fabricado no es la metodología de la izquierda, llámese esta ultra, reformista o como quiera llamársele.
La señora de Batlle, Mercedes Menafra, personalidad que rápidamente provoca empatías genuinas, llega como un aluvión, nos ofrece un café que aceptamos y vuelve a salir a la calle. Aprovecho la pausa para cambiar de tema.
Realmente ¿qué se juega en esta elección? le pregunto a Baile. Y le añado: así como la del 84 fue la elección de la transición, ¿será la del 89 la que prepara al Uruguay del siglo XXI?
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“Aún si tuviera mayoría absoluta gobernaré con un gobierno
de coalición porque los cambios que hay que procesar
son de tal magnitud que precisamos un apoyo total»
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Batlle casi ni piensa: «Para mi lo que estamos eligiendo es mucho más que un Presidente y un partido ‘gobernante, estamos eligiendo nuestro destino y no en todas las elecciones se elige el destino de un país. Esta es la única elección desde 1931 en la que existe la opción de cambiar radicalmente la orientación de la vida nacional, no en cuanto a sus instituciones políticas que no es el caso ahora de reformarlas, tarea que impulsaremos más adelante, pero sí en cuanto a su organización social y las relaciones entre sociedad y Estado. La elección anterior eligió un gobierno de transición para reinsertar al país en la democracia, hacer la paz, terminar con los encarcelados y cerrar las heridas mediante un referéndum que fue muy positivo tanto por el voto amarillo como por el verde. Pero el próximo gobierno no será de transición sino un gobierno que iniciará la etapa histórica que ubicará a la Nación en el camino del mundo moderno del que se había apartado. En el camino que hoy están siguiendo muchos de los países de América Latina al cual se unieron el México de Salinas de Gortari y la Bolivia de Jaime Paz. Porque en América Latina ya terminó la experiencia colectiva estatista nacida de la crisis del 23 y que privilegió una política de distribución aplastando las políticas de producción, ignorando que la distribución se agota si no está alimentada por la producción. Esa política que nos trajo revolución, dictadura, muerte, dolor, sufrimiento, empobrecimiento, y la emigración de nuestra mejor gente está perimida. La comenzamos a derrotar en el 84 y la enterraremos definitivamente este noviembre».
Con indisimulado escepticismo le pregunto a Batlle por qué está tan seguro de ganar cuando el Partido Nacional vuelve a recuperar a su ala conservadora, el batllismo aún no cicatrizó las heridas de su traumática pugna interna, el pachequismo crece a ojos vista, y la escisión frentista amenaza penetrar a la familia batllista.
Se acomoda en el sillón y saboreando las palabras, esta vez pausadamente, inicia una larga explicación: «Porque el Partido Nacional tiene una orientación bifronte y el Partido Colorado posee una única orientación». Y añade: «Lacalle representa todo lo contrario a Carlos Julio Pereyra, mientras que en nuestro partido, Pacheco ya aceptó el liberalismo económico que preconiza toda nuestra colectividad».
Lo interrumpo: pero, Batlle, y qué me dice del liberalismo político, también lo acepta Pacheco Areco, pregunto con picardía.
«El liberalismo político lo garantizamos nosotros – afirma soberbio- porque somos la mayoría del partido».
Hace una pausa y sigue: «mientras él senador Lacalle fue un hombre del voto amarillo y un abanderado del liberalismo económico, el senador Carlos Julio Pereyra lo fue del voto verde y de las premisas contenidas en «Mi compromiso con usted» y discrepa además con Lacalle en todo lo que tiene que ver con el sector financiero externo e interno, el FMI, la deuda externa, la cuestión sindical, la enseñanza, la cancelación de los juicios ejecutivos, la inversión extranjera y muchos puntos más».
Le recuerdo que Zumarán también existe.
Me contesta que sólo cuatro candidatos tienen chance de llegar: Lacalle, Pereyra, Pacheco y Batlle. «Tengo gran estima por Zumarán. Lo conozco de toda la vida. Es una excelente persona. El senador García Costa es un hombre inteligente que conoce bien el Estado. Peor no creo que tengan chances reales de ganar, la elección».
– Y ¿a costa de quien crece Lacalle?, le digo.
Nos quita ningún voto colorado – replica Batlle- , es a mi juicio un fenómeno de crecimiento interno dentro del Partido Nacional a expensas de Por la Patria.
– ¿Cuáles son – lo apuro- sus cálculos electorales?
Muy sencillo alega Batlle: la realidad antes de 1984 era que el Partido Colorado ganaba por muchos votos en Montevideo y Canelones y el Partido Blanco nos ganaba por muchos votos en el interior, sobre todo en Colonia, San José, Cerro Largo, Treinta y Tres, Durazno, Tacuarembó… y esto hacía necesario que nuestro partido sacara una gran ventaja en Montevideo y Canelones. Entre tres departamentos – 10 mil votos de ventaja en Colonia, 10 mil votos en San José, 15 mil votos en Cerro Largo- nos sacaban 35 mil votos de diferencia. Esa diferencia tenía que ser absorbida por Montevideo para empatar y nos quedaba de resto Canelones para ganar la elección. Así fue siempre hasta el 84 donde ganamos en la mayoría de los departamentos del Interior. Esa situación se mantendrá con una ventaja adicional. «En el 84 los blancos llevaban un único discurso. Hoy llevan tres y dos de ellos son francamente antagónicos lo que impedirá que puedan gobernar y eso la gente hoy lo percibe».
Le retruco: usted se olvida de Pacheco
Pacheco ha crecido – murmura Batlle con relación al 84 pero nosotros le ganamos tanto en el Interior como en Montevideo. «Pacheco tiene, un piso y tiene un techo. Es la representación de un tiempo que fue. Yo intento ser la representación de un tiempo que vendrá. Pacheco apela al ayer, nosotros al mañana. Y el ayer siempre tiene un techo mientras que el mañana es infinito».
Trato de dar un rodeo y le indico que la falta de apoyo del presidente Sanguinetti puede incidir en el resultado final.
– Incide sí – confirma Batlle – pero a favor mío. «Porque yo he apoyado al gobierno, pero es notorio que no he sido el candidato oficialista. Por tanto no tendría mucho sentido ante la opinión pública que el Presidente que constitucionalmente no debe intervenir en estas cosas, cambiara una opinión que se tradujo en apoyo a personas vinculadas muy estrechamente a él. El hecho de que el Presidente se mantenga vinculado sólo a su actividad administrativa, que es lo que ha decidido hacer no me perjudica sino que me favorece».
– Usted no le tiene miedo a nadie le digo sorprendiéndolo: no cree que debe cuidarse del «Nuevo Espacio», con fuerte origen batllista.
– De qué batllistas me habla – contradice Batlle- : acaso son batllistas Terra, Davere de, Lescano, Lichtensztejn, Quijano. Batllistas sólo quedan Cassina, Fau y pocos más».
– ¿Y Batalla?, cuestiono con sorpresa.
– Sonríe pero su respuesta es dura: «Batalla es de origen socialista. Después se hizo batllista. Y después no se sabe bien qué se hizo, porque él no tiene una línea. Ha declarado públicamente que él se siente socialista. Y si él se siente socialista ha dejado de ser batllista».
– El socialismo de Batlle le acoto.
– Se enoja: «Batalle nunca fue socialista, fue krausista. Nunca reconoció la lucha de clases ni aceptó que los medios de producción debían pertenecer al Estado».
Volvamos al «Nuevo Espacio» le sugiero.
– Acepta: «me parece un espacio muy confuso… de cada pueblo un paisano. Dicen que no son partidarios de un país absolutamente cerrado ni de un país totalmente abierto. Su actitud es fluctuante sin definiciones precisas. No les encuentro definición sobre ningún tema. Batalla estuvo 4 años de acuerdo con el Frente Amplio y no manifestó discrepancias políticas y económicas con la coalición. Posteriormente argumentó que el Frente era inviable no por sus posturas económicas sino por lo político. A ello se agrega que Batalla pudo haber tenido un acuerdo ideológico y político con el senador Pereyra. Y al mismo tiempo concluye un acuerdo de integración política con el PDC y la Unión Cívica e independientes marxistas. Entre la posición marxista de Lichtensztejn y la antimarxista de la Unión Cívica, hay un mundo de contradicciones que no puede unirlos. Hasta ahora no sabemos qué quieren hacer. Lo que sí sabemos es que quieren un país justo, socialmente equilibrado, con una distribución adecuada de sus recursos. Bueno, pero quién no quiere eso. Lo que queremos saber es qué van a hacer con los aranceles, con la política de integración con la inflación, con la deuda externa, con la seguridad social, con la conflictividad laboral, con los programas educativos, en fin con todo lo que importa para poder gobernar. Creo además que hay muchos indecisos que provienen de ese sector y que en todo caso es mucho más factible que si ha habido en algún momento algún corrimiento de algunos batllistas que en el 84 votaron a ese sector es muy posible que muchos de ellos estén de vuelta, en camino de regreso al hogar».
– Y al Frente Amplio tampoco le tiene miedo; al menos en Montevideo – lo apuro- con malicia.
– El Frente ha crecido en Canelones pero no ha aumentado nada en el resto del interior del país, arguye Batlle. El Frente y el «Nuevo Espacio juntos no reiteran los seis senadores que tienen actualmente. El «Nuevo Espacio» bajará sensiblemente en Montevideo, para eso no se necesitan encuestas y en el interior no ha crecido tampoco».
– Y su pariente Tálice tampoco le sacará algún voto ecologista, krausista, le pregunto para redondear el panorama pronto para
– No me voy a tirar contra mi pariente verde – se ataja Batlle- que está cada día más joven, más entusiasta y es una bellísima persona. Es la única familia que tiene anotados dos en el clásico.
– No cree usted, Batlle, que los indecisos decidirán la elección, aunque las encuestas no dan cifras muy altas de ellos.
– No perdón, me aclara rápidamente. Usted no pluralice con las encuestas, que no «son» sino que «es» una sola. Aquí la única que se publica es la de Equipos Consultores. Otras se realizan pero no se publican. Nosotros tenemos nuestra propia información y no coincide con la de Equipos. Nuestra encuesta daba un 23% de indecisos y la de Equipos mucho menos, un 15%. Para mí los indecisos no están en los nuevos votantes sino entre la gente que tiene entre 30 y 50 años. Esa es la franja de la gran indecisión. Creo que muchos de los indecisos surgen de la lista 99. Un sector muy importante de la clase media uruguaya, media alta, reflejada en algunos sectores de la costa, se volcó casi masivamente hacia la 99 pero me parece que hoy han retirado su decisión y están mirando a ver a quién va a votar. También le diría que sectores que nos votaban a nosotros antes de la interna, hoy han pasado a ser indecisos porque están mirando si mantengo mi propuesta y no la rebajo en aras de la unidad de todo el batllismo».
– Me apresuro a indicarle que las encuestas generalmente no le han sido muy favorables.
No rehúye el tema y asiente: «Nunca me guie por las encuestas. Y en general he acertado. Aprendí cálculo electoral de mi padre. Cuando en 1962 le comunicamos a mi padre que iba a ganar Montevideo por 20 mil votos y que iba a empatar Canelones, me contestó sin dudar: no nos sirve; perdemos. Yo le comuniqué al embajador Lacarte Muró poco días antes de la elección con Gestido que íbamos a perder la elección por un margen muy pequeño. Pobre Lacarte – ríe Batlle- pensar que estuvo por decidir entre Gestido y yo la vicepresidencia. También sabíamos que perdíamos en el 71 y que ganábamos en el 84 como sé que ganaremos en noviembre. Las encuestas son muy relativas. Todo depende de las preguntas. En junio del año pasado Equipos me daba por abajo del sótano y esa misma firma nos dio perdedor en la interna y sólo favorable en la última semana. Es que las encuestas son siempre reflejo del ayer, nunca del mañana y al hacerse semana a semana y con el escaso personal del que se dispone son de limitado acierto y además en este país muchísima gente no da su opinión, y si usted no hace una encuesta muy cruzada, muy profunda, usted no descubre realmente la opinión del individuo. Nosotros jamás adquirimos información de ninguna encuesta. Es un sector totalmente mercantilizado y susceptible de manipulación.
– Bueno – lo detengo- pensemos por un instante que ya es finalmente presidente. ¿Con quiénva a gobernar?¿Acaso sólo con su partido? ¿Invitará a Lacalle a una coalición? ¿Lo hará también con Carlos Julio Pereyra? Quisiera que de una vez por todas nos saque de las dudas y nos diga si va a gobernar o no con un gobierno de coalición.
Le gustan las posturas antidemagógicas y hace gala de ello: «un gobierno debe formarse con personas no sólo capaces, sino de una filosofía política similar. Lo contrario sería una especie de cosa híbrida y transaccional que no conduce a ningún lado. Ya habrá que buscar los apoyos parlamentarios necesarios tanto dentro como fuera de los partidos. Pero cuando usted arranca, usted tiene que hacer un planteo en abanico, en un menú, digamos, que abarque toda las áreas. Y eso lo tiene que hacer un equipo de gente metida hasta la raíz con lo que usted piensa; sí no, es imposible. Y con el senador Pereyra no lo puedo hacer. Está en las antípodas de nuestro pensamiento. Es evidente que no tenemos nada en común. En cambio silo tenemos con el senador Lacalle. Virtualmente no han existido casi discrepancias con él, en la orientación política general del país. A su pregunta concreta le revelo que sí, que voy a gobernar con un gobierno de coalición para disponer de un fuerte respaldo parlamentario. Y aún si tuviera la mayoría absoluta, gobernaré con un gobierno de coalición porque las transformaciones que hay que producir son de tal magnitud y profundidad que necesitan el respaldo de una mayoría lo más amplia posible
– Le comento que lo veo gobernando más como un político «realista» que aplicará una política de convicción antes que una política de consenso más propia del populismo de su padre.
– No me contradice: «Mire, la política del consenso no sirve para nada. Un régimen de consenso en donde cada uno pone un pedacito y lo que sale de ahí del horno no es ni chocolate, ni pastel ni nada. Entonces toda la sociedad pierde y ningún partido gana. La concertación fue necesaria para salir del lío en que estábamos. Y en algunas cosas discrepo profundamente con lo que se concertó, si es que se concertó. No participé de esa política. Y no creo que el país la reclame de nuevo como solución. Me parece que el país respeta las diferencias. Lo que el país precisa es que aquellos que representamos las posiciones diferentes, no las utilicemos para impedir que el que tenga la mayoría relativa lleve adelante sus puntos de vista».
– Y si su mayoría relativa no es respetada – le insinúo- usted volverá a aplicar la política de vetos permanentes. No considera que una cosa es la legalidad y otra la legitimidad y que no basta haber ganado la elección. ¿No cree que la elección hay que ganarla todos los días? ¿Que gobernar implica acatar el referéndum cotidiano que es lo que otorga legitimidad a la legalidad de sus actos?
– No le parecí convincente: «No, perdóneme – me enfatiza Batlle- los vetos son absolutamente legales y absolutamente legítimos. El Poder Ejecutivo es colegislador y veta lo que tiene que vetar. Eso pasa en cualquier parte del mundo. No es posible que la oposición pretenda que es legítimo todo lo que la beneficie y no lo sea lo que la perjudique. Tal conducta es la ilegítima. Gobernaré con todos los vetos que sean necesarios.
– Mejor sería terminar con estos enfrentamientos entre poderes y reformar esta Constitución – le digo tomando partido, a mi entrevistado ¿No cree necesaria una profunda reforma política, una gran alianza para preparar a la Nación para el siglo XXI que ya golpea nuestras
puertas, terminando con esta relación perversa donde cada cual sólo piensa en su propio feudo? ¿Cómo va a dar el salto cualitativo que usted propone sin una Carta Magna a la altura de esas nuevas circunstancias?
– Batlle, el reformista del 66, contesta: «La reforma política, como dicen los latinos, está ad portas. Lo que aquí se planteó no era una reforma política, era una mera reforma electoral para adecuar situaciones electorales. El pensamiento constitucional no puede estar ligado al acontecer electoral del momento. Recientemente hablaba con un legislador, importante constitucionalista, el senador Gonzalo Aguirre, de este problema y convinimos en que una futura reforma constitucional supondría eliminar de la Constitución capítulos enteros de la misma, que tienen que estar referidos a la ley y no a la Carta Magna. Pienso además que aún no es el momento de la reforma. Antes de convocar a una Asamblea Constituyente que esté desligada de todo interés electoral, debemos consolidar el salto económico del país.»
– ¿Qué tipo de constitución propone para acompañar el modelo de país nuevo que usted está defendiendo?
– Para mí el paradigma es la Constitución del 30. Sí señor, una constitución liberal, no intervencionista, alega Batlle.
– Descarta entonces, totalmente – le pregunto- un sistema parlamentarista. Con corte de boleta a la Argentina incluido. ¿No introduciría el ballotage para lograr amplias mayorías? ¿Y no eliminaría el doble voto simultáneo para lograr coherencias?
– Sus respuestas son todas negativas: «Reformar la constitución para hacer un régimen parlamentario, sin modificar el régimen de representación proporcional integral, es un sinsentido. Nos lleva a un régimen de asamblea en el cual no hay ninguna decisión que se tome sobre nada y terminaría en un golpe de estado. Un sistema parlamentario sólo funciona con un régimen electoral tan duro como el francés. El actual régimen electoral uruguayo al eliminar el régimen de mayoría y minoría absoluta y aplicar la representación proporcional integral permite a todo el pueblo estar presente en el parlamento. No exigimos a nadie un mínimo de porcentaje de votos para acceder a la banca. Pero sí debiéramos pedirles a las minorías responsabilidad para no debilitar este sistema. La salud de este sistema depende de la responsabilidad de las minorías relativas mandadas por la legitimidad de las urnas. En cuanto al doble voto simultáneo el tema se resolverá cuando haya una sensata ley de partidos políticos que apunte a la limitación de candidatos; a la elaboración de programas, para que haya un candidato único para cada programa. Mientras esa ley de partidos no se discuta y apruebe en profundidad nada podemos hacer. Nosotros marcamos un camino al convocar a una elección abierta, que fue un ejemplo de cristalinidad partidaria. Sobre el corte de boleta argentino sólo decirle que es la locura. Es darle al Presidente el Ejecutivo y el Parlamento a otro partido. Es votar por la simpatía del candidato y no por la estructura coherente de un partido. Es votar a Batlle a la presidencia y a José Díaz a la diputación para que ambos hagan lo opuesto. Tampoco creo en el ballotage. Es corromper el sistema. En un país donde no hay masas por la naturaleza de la población, el ballotage supone colocar la última palabra en los menos representativos. Es la minoría de las mina rías la que decide y obliga a la mayoría relativa a modificar su conducta para obtener el premio que le promete la ínfima minoría.
– La entrevista gira hacia otro tópico. Le sugiero que si bien él es la locomotora de la campaña electoral batllista, necesitará para gobernar un buen equipo humano. ¿Julio María Sanguinetti, por ejemplo, sería un buen Canciller de su gobierno?
– Me responde sin hesitar: «Yo creo que los ex presidentes son un activo de la Nación, un patrimonio nativo. Es un hombre que ha llegado a la más alta magistratura, al más grande honor. Por tanto tiene que conservar esa dignidad del cargo, que no suponga petulancia ni exceso de soberbia, pero que conserve la majestuosa dignidad republicana. Si usted lo coloca en la situación de tener que estar participando en los líos de todos los días, le hace daño y pierde un elemento que pueden ser muy valiosos para una situación de particular necesidad del país. Puede y debe intervenir en política pero de otra manera. Tiene que ser un recurso humano al cual apela un presidente para una situación difícil. Y en ese caso sería conveniente que baje a la arena de los hechos concretos para poner el peso de su experiencia y de su persona. Pero para poder poner ese peso antes tuvo que estar fuera de los acontecimientos.»
– Y a Zerbino no lo convocará a esa cartera tan clave para su política de liberalismo económico a ultranza, le pregunto con curiosidad.
– Medita unos instantes y habla: «Los ministros que como Zerbino han tenido una gestión tan difícil y tan dura durante 5 años no están en condiciones de seguir en sus cargos. No porque no haya sido un hombre muy eficaz y muy eficiente, porque lo que le sobró fue eficiencia, al punto que nadie jamás le hizo una interpelación en el Senado a propósito de la orientación económica. Como aquellas interpelaciones de antes donde se interpelaba no para discutir tal o cual medida sino toda la orientación en su conjunto. Y no se la hicieron, lo que demuestra que todo el mundo lo ha respetado desde el punto de vista de su capacidad.»
– Y si no es Zerbino – lo acoso- quién entonces.
– No se deja acosar: «Si yo supiera quién sería no se lo diría, pero realmente no lo sé. Hay mucha gente valiosa: Alejandro Vegh,
Bension, Mosca, Soto, Rodríguez Batlle, García Peluffo».
– Y Davrieux, le pregunto
– Su respuesta no deja lugar a dudas: «Davrieux es un capítulo aparte, dice. Qué administración de qué país puede darse el lujo de prescindir del señor Davrieux.»
– Y Slinger, insisto.
– Es un hombre, muy, muy importante me dice. «Ha manejado el Banco República con mucha solvencia y sería mi mayor deseo poder contar con él en esa institución por cinco años más. Si resulto electo no dudaré en ofrecerle formalmente el cargo. Las instituciones tienen que tener continuidad, en sus políticas y en sus personas cuando estas han sido eficientes.
– El reportaje se extiende y aun no entramos en el meollo de su propuesta, le advierto, y enseguida le sugiero que en pocas palabras me defina el «aggiornamento» que propone para la sociedad.
Lo hace: «meternos en el mundo real y animarse a hacer todo lo que los demás han hecho o han estado haciendo y no queremos ver. O salimos de la medianía nacional en que vivimos, o seguimos peleándonos entre nosotros y discutiendo el ayer, creándonos conflictos y admitiendo las luchas por el poder menor o darnos el salto cualitativo para volver a vivir».
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«En los próximos 5 años el país va a recibir
arriba de U$S 1.500 millones de inversión:
conozco la gente que los dará»
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– Me asalta una duda ante su euforia y se la confieso. ¿No cree usted que la nuestra es una sociedad muy conservadora, impermeable a los cambios. No naufragará su propuesta de salto cualitativo en ese lodazal de dudas, temores, conservadorismo empresarial?
– Su respuesta me sorprende: «La sociedad uruguaya ha dejado de ser conservadora porque no tiene nada para conservar. Lo que sigue siendo resistente al cambio son las organizaciones intermedias entre la decisión de la cúpula y la masa del pueblo.
Me estoy refiriendo en primer lugar a los partidos políticos que todavía no se han podido poner de acuerdo para reglamentar su propia vida. O al conservadorismo empresarial, aquel que defiende barreras arancelarias exageradas ignorando cómo se mueve el mundo. No han tenido a la vista la asombrosa experiencia económica chilena. Porqué defienden entonces una posición que saben que en el mundo no puede resistir. Por qué en lugar de ponerse del lado de la transformación y pedir tiempo para ella y hacerla de acuerdo con el Estado, acordando por ejemplo un arancel 15% universal en los próximos 5 años de gobierno, se oponen ferozmente a toda transformación, a contrapelo de la historia. O el conservadorismo sindical que aún no entiende la necesidad de cambio. Qué sentido tiene que el amigo Félix Díaz se enoje con otro sindicato y le diga las cosas que le dijo el otro día en un discurso público. El que es un hombre de bien, un hombre bueno, yo lo conozco y lo estimo, siga aferrado a una lucha de clases que ya no da para más. Cuando él que ha estado en Europa sabe que es una mecánica en desuso. En lugar de oponerse al cambio debiera subirse arriba del tren y exigir que el cambio se haga en serio y que el industrial tenga la obligación de reinvertir y que no tenga el derecho a retirar toda la utilidad. Sin embargo a pesar de las organizaciones intermedias creo que el conservadorismo uruguayo está en retirada. Incluso la izquierda está dándose cuenta del nuevo sentimiento que se abre paso. Así lo insinuó recientemente el General Seregni enviando señales para incorporar a la izquierda a la perestroika uruguaya. Seregni con disgusto de algunos sectores sindicales ha hecho apreciaciones a favor de privatizaciones parciales creando sociedades de economía mixta y no descartando algún tipo de reglamentación de las actividades de los sindicatos».
A esta altura la entrevista llega a un punto de no retorno. Descubrir quién es realmente Batlle: un conservador un progresista un hombre del liberalismo político o del liberalismo económico, o de ambos a la vez o acaso un profeta de la nueva derecha democrática en el Uruguay de hoy.
A él le cedo la palabra: «Nada de eso. No señor. Usted se equivoca. Yo soy batllista. Íntegramente espiritual y genético de la generación del Quebracho. Eso soy, eso soy. Soy un liberal radical libertario. Pretendo practicar la misma ortodoxia monetaria y fiscal que practicó el señor Batlle y Ordoñez y sus Ministros de Hacienda, Martín C. Martínez, José Serrato y Eduardo Acevedo.
Tengo la misma concepción deísta en lo religioso, espiritualista y racionalista en lo filosófico, del hombre en sociedad, en lo social, del Estado como uno de los instrumentos al servicio de la sociedad, medio y no fin en sí mismo, de la igualdad del hombre y la mujer. Creo en la necesidad de que todo eso se ponga al servicio de la comunidad a partir de la creación de los recursos. Caso contrario lo que se distribuye es pobreza, injusticia, inflación y finalmente esclavitud. Eso es lo que soy. No soy integrante de las teorías políticas que se aplicaron en el mundo a partir de 1929, que acá se conocieron primero como la revolución de marzo del 33y que luego siguieron incrementándose a través de los populismos coyunturales y del intervencionismo estatal. Fueron esos tiempos de coyuntura donde el mundo tuvo que manejarse así porque lo que estábamos manejando eran recursos escasos y mercados fracturados en el comercio internacional. Y Uruguay cometió el error de participar de esa corriente supuestamente autárquica, teóricamente desarrollada por Prebish y Fernando Enrique Cardoso con las teorías de la dependencia y todo ese invento de que los países tienen que ser cerrados y protegidos. Esos modelos se han ido al barranco y sus pueblos cayeron en manos del golpe de Estado militar o de la guerrilla urbana».
– Necesito más información para definir a Batlle. Arriesgo una larga pregunta: ¿usted no se siente portador de la oferta de la nueva derecha y democrática lúcida y aggiornada que adhiere a la adoración del mercado como el gran regulador social, remedio de todos los mala dirimidos de todos los conflictos sociales con prescindencia de sentimientos y solidaridades frente al desempleo masivo y otros flagelos, portador de un neoliberalismo económico técnicamente renovador, alejado de todo culto keynesiano o marxista del Estado, devota por sobre todas las cosas del culto a Adam Smith?
– La larga parrafada no le conmueve: «Mire, donde la teoría del mercado, que usted describe con desprecio, se ha aplicado, es donde se han dado los menores niveles de desempleo y de salario real bajo. En los ámbitos en donde la economía de mercado no se ha aplicado, la expectativa de vida es más baja y el desempleo es mayor y el subconsumo es mayor. Me lo demuestra la historia de los últimos 150 años. Le diría que cuando usted me dé un caso en donde, con una sociedad planificada, dirigida, en donde el mercado no actúe, haya un nivel como el nivel que hay en los casos opuestos, yo voy a estar de acuerdo con usted. Pero hasta ahora lo suyo es teórico y no tiene nada que ver con la realidad. Yo no soy un teórico. Soy pragmático, y le digo que no hay ninguna economía dirigida que funcione bien. Y si no fíjese en las sociedades del este europeo que se incorporaron a un modelo teórico con fundamentos filosóficos de singular significación, elaborados por hombres excepcionalmente capaces e inteligentes como lo fueron Marx y Engels, y con todas las potestades a su alcance para el éxito, puesto que manejaron la quinta parte del territorio del planeta con todos los recursos habidos y por haber, tierras excepcionales, subsuelos riquísimos, ríos enormes, espacios infinitos, población pequeña con relación al territorio, control absoluto de carácter político, apoyos sicológicos imponentes y sin embargo han fracasado estrepitosamente en la consecución de sus fines de justicia e igualdad. Y que usted me diga que han mejorado respecto a los zares no alcanza porque los zares tampoco tuvieron un régimen de mercado libre. Tuvieron un régimen políticamente antiliberal»
– Usted habla mucho de liberalismo económico pero poco de liberalismo político, le digo con afán polémico. Y le agrego: su discurso se parece más al neoliberalismo que sustituyó las viejas banderas del liberalismo político vinculadas con el humanismo, con la soberanía popular, con las libertades públicas y con las garantías constitucionales, cambiándolas por las consignas del liberalismo económico más cerca de la libertad de inversión, el derecho a la acumulación y la soberanía de la empresa privada.
– Se ofusca: «Las viejas banderas del liberalismo político fueron dejadas de lado por el liberalismo político que bajo el rubro retórico de liberalismo político nunca practicó el liberalismo político. El liberalismo político estaba sólo referido a que el hombre fuera y votara cada 5 años. Pero eso no es liberalismo político. Este debe referirse no sólo a los derechos políticos sino a la capacidad de tener todos los derechos. El liberalismo político está fracturado, está limitado y cortado a una parte de ese liberalismo. El liberalismo debe ser también económico o no será. La falta de liberalismo político contribuye a la falta de liberalismo económico. Mientras que por el contrario el liberalismo económico determina la caída de un régimen políticamente no liberal. O sea, liberalismo económico no existe sin liberalismo político. A la larga el liberalismo económico genera el liberalismo político. Y lo que usted dice que sustituye la soberanía popular por la soberanía de la empresa privada es una falacia. Los que privilegian la soberanía de la empresa privada son los que no practicando la parte económica liberal del liberalismo político le dan a la empresa privada el privilegio de ponerle la mano en la yugular a todo un país cuando le dan un beneficio arancelario que las transforma en las propietarias monopolistas de los consumos sociales. Esa es la fractura del liberalismo político. Siempre el liberalismo económico genera el liberalismo político».
– Y que me dice del régimen de Pinochet, donde hay liberalismo económico sin liberalismo político, le refuto de inmediato.
– No se amilana y eludiendo toda demagogia me contesta sin hesitar: «el liberalismo económico de Pinochet ha terminado efectivamente con la situación de dependencia de la sociedad chilena a tal punto que le ha permitido a la economía chilena crecer en 10 años de una manera brutal y ello ha determinado que la gente que vive mucho mejor que antes, comience también a presionar para lograr niveles perdidos de libertad política, empujando a la caída del sistema dictatorial. Pero no me va a decir a mi que lo que hubiera sido mejor era que el sistema pinochetista además de haberle quitado a la gente la libertad y los derechos políticos, también la hubiera sumido en el hambre. El éxito chileno ha sido tan espectacular, tan fantástico, – en este primer semestre Chile tiene un crecimiento del producto de más del 10%- que el candidato democrático Patricio Aylwin no ha salido a decir que él va a cambiar la política económica de la dictadura. Y también es falso que los nuevos autoritarismos políticos, en general practican el liberalismo económico. Es al revés. Las dictaduras de América del Sur se han caracterizado por aplicar mal políticas dirigistas e intervencionistas. Fíjese en el caso uruguayo donde el Ministro de Economía de la dictadura, Valentín Arismendi, practicó el dirigismo más absoluto que conoce la historia de nuestro país y que mediante la fijación artificial de un tipo de cambio absurdo determinó un endeudamiento feroz hacia el exterior debilitando buena parte de las actividades financieras y bancarias del Uruguay. Pero dejemos de lado el tema del liberalismo económico. Yo soy un liberal radical total, que incluye tanto el político como el económico, el religioso y el cultural, y hasta el liberalismo estético. Y mi liberalismo radical me lleva a ser un libertario consecuente y enfrentar todo tipo de autoritarismo. Y si usted me dice que si también estoy dispuesto a enfrentar grandes corporaciones transnacionales que al estilo de la estupenda película «Roller Ball» sometían al individuo, yo le digo que no lo dudaría ni un instante. Como hubiera enfrentado a Esparta que fue una organización negativa, de la cual no se recuerda absolutamente ni un monumento, ni un libro ni un carajo y que al final fue militarmente derrotada por una sociedad civil como la tebana, el día que Epaminondas se dio cuenta que había una forma de joder a la falange espartana. Esa es la lucha eterna del hombre. Y esa lucha se hace más fácil si existe el liberalismo. Viva el liberalismo…»
– Me repongo del alegato de mi entrevistado y contraataco: últimamente los neoliberales, perdón, no se ofenda, o mejor dicho los liberales que ponen el acento en el liberalismo económico se están haciendo jacobinos y remedan a Saint Just proponiendo ninguna libertad para los enemigos de la libertad, ninguna tolerancia para los enemigos de la tolerancia.
– Batlle comete su primer error de información: «Pero eso fue precisamente contra lo que él luchó. El defendió todo lo contrario y por eso lo mataron. No vamos a nombrar más al pobre Saint Just que además de ser guillotinado a los 26 años, lo guillotinaron precisamente por estar en contra de ese principio».
– Le replico que no estoy de acuerdo. ‘Que Saint Just fue un seguidor incondicional de Robespierre y que defendió el principio limitacionista que le describí, cayendo ante la reacción thermidoriana.
– Batlle insiste en su interpretación y agrega que «de todos modos mi liberalismo es tan radicalmente liberal que no participa de ese jacobinismo. Recuerdo que el discurso de proclamación que hicimos en el 71 lo titulé, ‘Los ahogaremos en libertad’, o sea al revés de los jacobinos yo proponía contestarles con más libertad a los enemigos de la libertad»
– Batlle continuaba sin aceptarme la calificación de neoliberal que para mí más se adecuaba a su perfil y volví a interrogarlo preguntándole si se definía como liberal en el sentido inglés del término (progressive) opuesto al de conservador (conservative).
– Volvió a mostrar su erudición: «Liberal en EEUU quiere decir bolche, es decir izquierda, es decir progressive. Y el neoliberal en EEUU es el progresista que toma elementos nuevos y que no quiere identificarse tanto con la izquierda. Yo no soy un liberal a la norteamericana y tampoco un neoliberal al estilo sajón, soy un liberal al estilo español. En el concepto que la sociedad española le dio de siempre a la expresión liberal, no el que le dio la creación anglosajona»
– Al fin llegamos a la caracterización acertada sobre la ideología de nuestro entrevistado, aportada por él mismo. Después de tantas horas de conversación la impresión que me quedó sobre sus fronteras ideológicas es que Batlle es una síntesis del neoliberalismo norteamericano y el liberalismo español Lo que tengo claro es que no es un conservador ni un liberal (progressive) americano. A esta altura correspondía despejar una contradicción que desde el principio percibí en Jorge Batlle. Por un lado un hombre enamorado del Estado, celoso defensor de sus derechos, mamando desde la cuna las mieles y las hieles del poder estatal, por el otro una ideología apegada almas crudo liberalismo económico que lo llevaba a erradicar todo intervencionismo estatal. Abordé el tema agresivamente. Sin el Estado – afirmé- no habría desarrollo en la humanidad. Acudí a diversas fuentes. ‘Desde las pirámides de Egipto, el descubrimiento de América y los viajes espaciales, todo se debe al Estado. El Pentágono, la NASA y el Departamento de Energía, no el mercado, son los principales motores de la economía norteamericana. La economía libre es un mito. No hay en el mundo real comarcas gobernadas por la mano invisible de Adam Smith. El fisco japonés colecciona genes, administra laboratorios, financia el desarrollo de circuitos integrados y se asocia con empresas privadas para obtener arroz híbrido, construir la primer computadora inteligente. En Europa los subsidios del Estado más que la ley de oferta y demanda orientan a los productores y los aranceles mantienen fuera a los competidores foráneos».
– Batlle se restregó las manos. Mi larga perorata lo predisponía a la polémica. Polemista por vocación vio su oportunidad de contrapunto y la aprovechó. Le advertí que no polemizaría para no distorsionar el objetivo del reportaje pero admití haber caído en el error de exacerbarlo en un tema que lo atraía. Su respuesta fue apasionada: «Discrepo profundamente. Yo no creo que Colón haya sido una consecuencia del apoyo del Estado. Colón fue contra el Estado. El Estado le negó el apoyo a Colón. Eligió justo el ejemplo equivocado. Las pirámides de Egipto fueron un acto en contra del pueblo egipcio para conmemorar la vida ultraterrena de un faraón que consiguió esclavizar a miles de personas. Los progresos del mundo lo hicieron individuos aislados. Lo hicieron Copérnico, Galileo, Newton, da Vinci, Arquímedes y a ninguno le dio órdenes el Estado de hacer un carajo. Al contrario los persiguió como cuando los calvinistas quemaron en la pira a Miguel Servet porque había descubierto que la sangre circulaba. Si la sociedad hubiera tenido que esperar por el Estado bien arreglados estábamos. Por otra parte me habla del Pentágono, que es el más grande dilapidador de recursos de la sociedad americana.
– Pero no se enoje, le digo, mire sueno soy lasallista sino admirador del joven Marx, aquel que siguiendo la vieja tradición liberal y humanista del socialismo proponía en su «Crítica al Programa de ha» subordinar completamente el Estado a la sociedad.
– Yo no me enojo un carajo – me dice enojado Batlle- lo que pasa es que usted tiene oídos ciegos y sordos a mis admoniciones. Reconozco que no hay en el mundo comarcas gobernadas integralmente por la mano invisible de Adam Smith pero también le anuncio que las que están gobernadas por la mano invisible del Estado así les va. Pero además que es eso de defender usted al Estado burgués. Me extraña compañero».
– Le explico que hace tiempo aprendí en el destierro, donde me di un baño de mundo y conocí a otras izquierdas, menos dogmáticas y más creadoras y no por ello menos revolucionarias, que el Estado no es siempre necesariamente una fortaleza de la dominación o un mero espacio represivo distanciado de todo proyecto democratizador, portador de una lógica unívoca y antipopular. Es un error enfrentarse a lo estatal en nuestros países donde el dueño del Estado es la clase dominante, bajo la idea de que su misión histórica es irreversible, unilineal, instrumento de intereses antipopulares, sólo superable mediante su aniquilamiento. El Estado, para mi aún el Estado burgués como usted dice, es capaz de trasladar los procesos sociales del interés particular al interés social, de la acción individualista a la acción solidaria, del interés del público al interés público. Todo dependen de quien lo administre.
– Batlle me explica que «toda la vida he estado dentro del Estado porque pertenezco a una familia que siempre ha tenido una participación muy activa en las funciones del Estado. Pero precisamente mi concepción sobre el mercado libre y el poder de la iniciativa privada lo que hace es salvar al Estado. Yo le estoy dando vi da al Estado. El Estado está muerto. Los que pretenden mantener el Estado actual lo hacen a expensas de una sociedad que no genera recursos al Estado y por lo tanto el Estado actual está creando un sistema que lo autodestruye. Yo quiero un Estado fuerte sin estatismo y una fuerte justicia social sin socialismo».
– Entramos ya al campo minado de las privatizaciones que es su caballito de batalla, le advierto a Batlle. Y para eliminar suspicacias le añado que la izquierda en otras latitudes y ya se empieza a ver también en Uruguay, abandona rápidamente el fetiche nacionalista (si una empresa estatal genera deuda externa esa empresa en también un instrumento de dependencia) y considera un desatino aferrarse a vagones y cañerías mientras el mundo se maneja con computadoras y enzimas. La tendencia es a formar empresas mixtas porque la clave no está ahora en la propiedad sino en el control y éste se ejerce a través de licencias, acuerdos sobre marcas o transferencias de tecnologías. Reducir el Estado no significa restarle actividad empresarial más bien sumársela pero con menos acciones, menos activos fijos, menos personal y sin embargo más iniciativa, poder y alcance. Las nuevas izquierdas buscan alejarse del estatismo irracional pero también dicen no a la privatización sin ton ni son.
– Yo quiero un Estado fuerte, me explica Batlle y especifica: «un Estado que haga lo que debe de hacer y que deje de hacer lo que otros pueden hacer mejor que él. Un Estado fuerte para poder pagarle bien a los jueces y para que haya más jueces y la j justicia pueda ser algo que llegue a tiempo en este país. Un Municipio fuerte y con 5 mil funcionarios que les permita cobrar el doble del salario sin que con ello los que vayan marchando hacia el Ministerio de Educación o Salud tengan su universo de aspiraciones cortadas. Quiero una AFE fuerte. Quiero decirle que sí a un señor que venga y nos diga, atraído por la carga gruesa que es lo que va a caminar, que nos renueve la vía, nos arregle los puentes, nos enderece las curvas, nos traiga locomotoras y vagones para andar a 100 km. promedio, nos transporte 400 mil toneladas de soya desde Paraguay con lo cual necesita dos ferrocarriles por día y tener una buena vía, no una vía que no pueda ni andar; que vaya de Salto a Paysandú y de allí a embarcar en Fray Bentos; que contrate una buena cantidad de maquinistas, empleados y operarios, que disponga de buenas estaciones, pasos a nivel y dé mucho trabajo a la gente y todo eso a cambio de 50 años de alquiler de la vía.
Eso acaso afecta la soberanía nacional? Dios mío. Lo único que afecta la soberanía nacional es la pobreza y la ignorancia. ¿No le gustaría más que los hoteles fueran particulares? ¿No le gustaría la autogestión directa de los servicios como el servicio de agua de Chapicuy administrado por particulares? Ahora usted no le va a pedir a alguien que haga una represa de 400 millones de dólares, pero supóngase que usted mañana consigue que una sociedad particular, que pudiera llamarse Caja Notarial o Caja Bancaria, que tiene su capital invertido en madera, decidiera industrializar su madera y le conviniera en la relación costo- beneficio, armar una pequeña usina de 25 megavatios y venderle a UTE la energía. ¿Por qué decirle que no? ¿Por qué la energía tiene que ser producida simplemente por la UTE? Si el que la produce se la compró y después se la distribuye a usted. Y ahorra de esta manera déficit, dinero del presupuesto nacional de gastos que puede aplicar en mejores causas donde hay pocos inversores. Dinero para mejorar la educación, con los mejores maestros, los mejores alumnos, las mejores escuelas y liceos y las mejores universidades y técnicos. ¿Y eso no le parece una inversión brutal que el Estado debe hacer para transformar la sociedad?»
– El tema da para mucho pero el reportaje no puede ser eterno. Buen momento es para enlazar su última reflexión con la política de inversiones. ¿Capital ajeno o propio? le pregunto.
– Va a ver usted lo que van a ser las inversiones en el Uruguay en los próximos 5 años me dice con certeza Batlle. «Yo se lo auguro a usted. El país va a recibir una afluencia formidable de capitales y de inversiones. Una afluencia formidable. No tengo ninguna duda que en los próximos 5 años el país va a recibir arriba de 1500 millones de dólares de inversiones. Conozco a la gente que los aportará. El país en el exterior tiene una imagen muy, pero muy buena y habrá nuevas inversiones industriales, agropecuarias, de servicios, de todo el mundo, absolutamente de todo el mundo. Para incentivarlas debemos primero garantizarlas, y después emprender una acción frontal contra la inflación, disminuir el régimen arancelario mejorando indirectamente el tipo de cambio, impulsar la ley de zona franca, mejorar los servicios del Estado, sobre todo el puerto que es el peor de todos, emprender la desregulación aérea, mejorar las comunicaciones telefónicas o de otro tipo con nuevas tecnologías. Sobre el puerto quiero aclararle que propiciamos un puerto privado hecho por concesión de obra pública y con bandera libre, para que los bolivianos, paraguayos, chilenos, argentinos, brasileños y uruguayos se sientan todos dueños de ese territorio. El puerto de Montevideo ya no sirve. En el futuro quedará para yates. El nuevo puerto de aguas profundas se va a poner en el Atlántico, en La Coronilla, en donde originalmente está el proyecto del puerto que el ingeniero Juan Smith, integrante del batallón universitario que peleó en el Quebracho, proyectó para Batlle y Ordoñez. En 1968 existió en ese lugar un proyecto de puerto estudiado por los ingleses que interesó a algunos industriales que desde el Medio Oriente traían fertilizantes. Lo haremos por concesión de obra pública. No tengamos miedo, jamás se lo van a llevar al puerto. Hay que usar la mecánica de la Concesión de obra pública a diestra y siniestra. Fue así que recibimos en el pasado la inversión de riesgo europea que hizo las aguas corrientes, los ferrocarriles, los puertos. Y todo se hizo por concesión de obra pública. Nos interesa el puente pero no lo podemos hacer nosotros. Pues hagámoslo por concesión de obra pública. Nos interesa la terminal de ómnibus en Montevideo para que las compañías no anden desparramadas con sus centrales de entrada y salida en cualquier lugar de la ciudad. Lo más práctico es apelar a la concesión de obra pública. Y vendrán muchos a invertir. Preferentemente europeos que a diferencia de los americanos tienen una cultura de la inversión de riesgo. Y también vendrán latinoamericanos. El otro día me reuní con un riograndense que me preguntó si funcionaba la hidrovía. Le dije que notablemente y que la hidrovía es al cono sur lo que el Rhin es a Europa. Me dijo: yo quiero sacar por la hidrovía mi soya de la cual planto 43 mil hectáreas, yo sólo, es decir toda la producción del Uruguay, pero además quiero hacer una fábrica de aceite de soya en el Uruguay. ¿Se puede hacer? me preguntó. Y como éste hay cientos de inversores atraídos por el prestigio y la estabilidad de nuestro país y la fortaleza de su orientación económica. Orientación frente a la cual sólo se opone con posibilidades el senador Carlos Julio Pereyra. Los otros tres candidatos con chance, Lacalle, Pacheco y yo la apoyamos.
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«Los sindicatos son hoy un freno para el cambio y si tengo que abdicar de mis
ideas y hacer un tratado de paz con ellos para poder gobernar, entonces
renuncio y me voy del gobierno: que vengan ellos a gobernar»
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– Le pido que me aclare un poco más su posición sobre los aranceles.
– Lo hace: «el país necesita una disminución de su régimen arancelario pero no mediante una política de shock sino gradualmente, mediante una política prudente, conocida públicamente de antemano que no arrase con los sectores industriales instalados hasta tanto ellos no estén en condiciones también de ir modificando su orientación. Los propios empresarios tendrían que exigirle al Estado que impulse la baja del universo arancelario y establezca leyes que protejan el mercado nacional de las bajas artificiales de precios desde el exterior».
– No le preocupa la ausencia total de petróleo propio para consolidar su proyecto de desarrollo, le pregunto poniendo en duda su optimismo. Es cierto, le aclaro, que Japón cuyo producto bruto se equipara al de la URSS y dobla al de la poderosa Alemania Federal no tiene ni un gramo de petróleo y no hay en el planeta tierra otro país que pague por petróleo importado más que Japón; pero Uruguay no es Japón.
Batlle parece no preocuparle la ausencia de petróleo: «No es la fuente de energía nuestra limitante para el crecimiento. La compramos a nivel de precio internacional, la internamos y la reportamos transformada en producto. Además veremos si en el futuro el agua no será el camino por el que deberá transitar Uruguay para proveerse de energía. Ya hay en el Estado de Utah, en EEUU una empresa de ómnibus de transporte colectivo que en forma experimental y con un costo todavía no rentable, utiliza como combustible el hidrógeno extraído del agua por un metal alcalino. Con el mismo motor que ahora y sin polución. Japón no tiene petróleo, pero tampoco puede alimentarse a sí mínimo como nosotros. Y no fue para Japón una excusa ni su falta de petróleo ni de alimentos. Como no debe ser para nosotros. Lo que tiene que superar Uruguay no es la falta de petróleo sino la falta de voluntad para vencer su arcaico sistema económico cerrado al mundo entero que prevaleció desde el 30 hasta hace muy poco tiempo, encerrando al país en un ghetto al cual le pusieron hasta casi una teología para justificarlo, porque aquello no era una ideología del ghetto y del proteccionismo, era una teología
– ¿Qué va a hacer con la deuda externa? No se puede pagar pero tampoco se puede dejar de pagar. ¿Qué opina el candidato Batlle de esa cruz de los caminos?
– Es uno de sus temas favoritos: «es el problema más serio que tiene la sociedad uruguaya. Es la causante del 70% de la inflación que el país padece. Como no se puede hacer lo que pregona el senador Pereyra, que es no pagar, porque quedaríamos aislados de todos los mercados y porque todos, hasta Fidel Castro paga, el tema fundamental es cómo tratar de achicarla. Hay tres vías: 1) recomprar la deuda de la banca privada en el mercado secundario mediante la disposición de las reservas auríferas; 2) cambiar la deuda completa por un bono cupón cero a 30 años de plazo y negociar el interés con tasa fija intentando obtenerlo al 50% del Libor; 3) utilizar la ventaja del mercado secundario para estimular grandes inversiones en el país. Cuando yo desenterré de su arcano sacralizado al oro y lo puse arriba de la mesa he generado alrededor de ese tema una serie de opiniones. Unos dicen como Zumarán que el oro hay que usarlo para hoteles o para escuelas o para hospitales. Otros dicen, como Lacalle, que el oro hay que tornarlo en un generador de intereses, en una canasta de monedas. Otros como Seregni que el oro no hay que tocarlo jamás. Yo lo que digo es que el oro debe servir para salvarnos del peor problema que hoy vive el país».
– Le introduzco el tema de la legitimidad de la deuda externa y Batlle no duda sobre el punto y defiende su origen cristalino aunque discrepa sobre la política de endeudamiento generada por la dictadura.
– Nos dice: «No hubo una década de endeudamiento. Fueron 24 meses. Antes del golpe la deuda era de 720 millones de dólares y hasta el final de la dictadura cuando asumió el ministro Valentín Arismendi el endeudamiento seguía siendo 720 millones más los 400 de Palmar o sea 1120 millones. Con Arismendi la deuda pasa en sólo dos años de 1120 a 6 mil millones de dólares. ¿Qué pasó? Muy sencillo. Cuando usted establece una fijación artificial del tipo de cambio usted está estableciendo una baja de aranceles y una baja del tipo de cambio para bajar la inflación está insinuando y estimulando las condiciones para un endeudamiento de moneda extranjera a un nivel altísimo. O sea que la inflación alguien la tiene que pagar. Si la paga internamente usted tiene una inflación alta y el endeudamiento es menor. Si la paga externamente la inflación es baja y el endeudamiento es tremendo que fue lo que sucedió en las postrimerías del régimen militar. La pérdida de la absurda política dirigista del gobierno militar la hizo todo el país a través de todos los sectores que se endeudaron en moneda extranjera, sectores industriales, comerciales, pecuarios y bancarios».
– La entrevista se dirigió sola hacia la inflación. Flagelo o panacea. Le recuerdo a Batlle que fueron muchos los que creyeron que la inflación era buena para el crecimiento. Un poco de enfermedad es bueno para la salud, decían en aquellas épocas en que la gente compraba como si pudiera y dejaba que la depreciación le licuara las deudas. También decían los economistas que robustecía la demanda, combatía el desempleo, incentivaba la movilidad social, y atenuaba la tensión creando la ficción de una cierta igualdad. Le pregunto a Batlle si cree eso o si por el contrario cree que es devastadora, que desalienta la producción y fomenta la especulación y que además corroe los basamentos de cualquier sociedad, cuando el que incumple gana y el que cumple pierde.
– No, no – exclama Batlle- si la inflación robusteciera la demanda el mejor negocio del mundo sería la hiperinflación. Estimula el desempleo y es la mayor preocupación de los países que crecen. Los países crecen con baja inflación. La inflación creaba la desventaja para los que tenían salarios y beneficios para los que tenían recursos. Fue siempre un castigo para los que dependían de un ingreso fijo. Para corregir la inflación en Uruguay lo primero que tenemos que hacer es negociar la deuda externa, causa eficiente de la inflación.
– Me arriesgo a preguntarle cuál es su objetivo realista en torno al flagelo.
– Sonríe y arriesga: «la tenemos que bajar a menos del 20%. E s lo primero que intentaremos hacer al acceder al gobierno. No es viable con una inflación del 80%ni la paz social, ni el crecimiento continuado de una Nación.»
– Para bajarla al 20 % – le explico con incredulidad a Batlle- tendrá que aplicar un ajuste drástico. En ese caso quiénes pagarán esa cuenta y cómo se repartirán los frutos que crezcan después del ajuste. ¿El ajuste lo pagará como siempre el sector de ingresos fijos y los frutos lo gozarán, también como siempre, los que controlan el poder económico?
– Batlle medita un instante y contraataca: «No va a haber nadie que pague la cuenta. Si la inflación está generada por el servicio de intereses de la deuda y ésta la abatiremos con el oro, la única cuenta la pagará el oro que está depositado en el Banco de la República, o la renegociación de la deuda si usted tiene inversores que la recompren o la modificación del tipo de interés si finalmente se acuerda. Aquí nadie va a pagar la cuenta. Acá lo que va a suceder es que todos vamos a recibir los beneficios consecuencia de la baja de la inflación, que serán distribuidos naturalmente en el mecanismo social integral. Si la inflación baja, baja para todo el mundo».
– El tema daba para mucho más pero el espacio y el tiempo impedían réplicas y contrarréplicas. Salté a otro tema y le dije que los colorados tenían fama de olvidarse del agro y privilegiar la industria, mientras que los blancos gozaban de la fama contraria.
– Eso hoy ya no se da más afirma Batlle. «Durante los últimos 30 años, es cierto, todo el esquema económico supuso una transferencia de recursos del campo a la industria. Ese tiempo terminó cuando Vegh Villegas adoptó la medida más revolucionaria que se haya tomado en esa materia, al eliminar todos los mecanismos que tenían que ver con el manejo de las zafras de lana. Hoy la situación del campo es distinta. Cuando irrumpió en el mercado la fibra sintética que llevó a que los productores casi destruyeran todas sus majadas, se pensó que algún día la oveja iba a ser poco menos que un animal de museo. Ahora la fibra plástica deja de ser utilizada y vuelve el impulso hacia lo natural. Y sucede el milagro. La producción agropecuaria liberada de medidas punitivas, logra que el stock de lanares pase de 15 millones de cabezas al doble, 30 millones. Esto es una consecuencia de una política que seguiremos profundizando.
Todo cambia. Cuando hace dos años se produjo una cierta fuga del precio de la carne hacia arriba por la escasez de la post zafra, eludimos la tentación de establecer vedas. Y cuando ahora se desploma sobre la zona norte del país la sequía, se decreta la autorización de exportación de ganado en pie, tanto de vientres como de animal soltero, medidas éstas que habían sido tradicionalmente resistidas. Esta política la mantendremos en las categorías de hasta ario y medio para darle al criador, que es la base de todas las 10 millones de hectáreas, que no tienen posibilidad de ser incorporadas a la agricultura, el estímulo necesario para que no sufra siempre las consecuencias del anti ciclo. En materia de explotación de lana creo que hay que dejar la cosa como está y en materia de cría pecuaria hay que desarrollar campos experimentales, unidos productores, sociedades de productores y centros de investigación públicos y privados, conjuntamente con la Universidad y el Estado. El mercado de la carne se presenta con optimismo ya que el stock de la Comunidad europea está hoy en 150 mil toneladas que es muy poco para la Comunidad.
Europa irá liberalizando los mercados y es el momento de profundizar nuestra presencia. Claro que no con la estructura frigorífica actual. Yo digo, a veces muy agresivamente, que los frigoríficos son carnicerías de lujo. Por suerte esta actitud está cambiando. También ha habido un salto del 100 % en muchos productos agrícolas. El trigo ha reducido sensiblemente el área y se aumentó un 100 % el rinde promedio. Y ese aumento va a continuar por la acción común de La Estanzuela, de la Universidad, de los criaderos particulares de semillas como el caso de OMUSA y con las cooperativas como Central de Granos. El agro está en ascenso. En Florida la Central de Lanas está haciendo una fábrica de tops incorporando a esa planta la mejor tecnología del mundo que actualmente es la francesa. El sector lácteo tiene todo para crecer. Yo soy tambero y siento que si mi ternera no tiene la mejor alimentación de entrada nunca será una buena vaca. Ahora está entrando la tercera fábrica de leche en polvo. La caseína, el caseinato, la leche en polvo, los quesos, todo caminará en la medida en que le incorporemos tecnología. Y hay que hacer queso de oveja. Hay que usar la oveja para sacarle leche. Acá se usa la oveja para sacarle lana. Hay que cambiar la mentalidad. El Uruguay tira lo que el mundo aprovecha. Acá se tira la sangre. Con la sangre se hace plasma, del plasma se sacan las proteínas y no hay ninguna salchicha ni mortadela que se haga con carne de cerdo. Se hacen con soya y proteína que se extrae de la sangre que hoy se vierte y se tira en los frigoríficos. Hoy se tira el suero. Y con el suero se hace pienso para darle a los terneros. Y miremos el sector horticultura. Cuando reclaman que se impida la entrada de un poco de tomate, de un poco de frutilla… yo digo que de momento, sí, hay que hacerlo. Pero hay que darles un plazo. Y que en ese plazo tienen que darse cuenta que la operativa es como la chilena. Chile empezó con 25 millones de dólares de frutas y verduras y hoy exporta 800 millones de dólares de frutas y verduras. Y qué frutas y qué verduras. Las mismas que puede producir el Uruguay. El tema no es disputarse el mercado local e impedir que venga legalmente o de contrabando un camión de cebolla de Brasil, que entra por allá, por Cuareim o por donde sea. El tema es el mundo. Porque con sólo 3 millones de habitantes la capacidad productiva del Uruguay es enorme. A poco que un día haya una mejor cosecha de tomate o de papa todo el mundo tira el tomate y la papa. La cosa es industrializar, producir y vender afuera. Para la leche, la fruta, la verdura el porvenir es enorme. Porque lo que se llama la reforma agraria es una mentira, en la medida en que usted no le dé al productor un mercado. Y éste no puede ser interno porque con 3 millones de habitantes y la actual mecánica de la productividad, selección de semillas, herbicidas, pesticidas y maquinaria especial, el mercado se satura a poco que 10 productores buenos produzcan cualquier cosa. El mercado de Uruguay es el mundo, donde los productos naturales son apetecidos y porque la inversión que hay que hacer en Europa para mantener la agricultura no es más rentable. Los chilenos están haciendo un gran esfuerzo para meterse en el mercado japonés con su fruta. Si les venden 800 millones a los americanos, el día que entren al mercado japonés imagínense cuánto le venderán. Y acá estamos luchando por un vagón de tomate que viene de Argentina. Lo que tenemos que hacer es luchar por la pulpa de tomate colocada en el mundo, en competencia con la italiana y con la francesa y con la australiana. Ese es el objetivo. Y el campo uruguayo será uno de los destinos de nuestro esfuerzo político».
– Países con sustrato agrícola fuerte – lo interrumpo a Batlle- como Nueva Zelandia, se han desarrollado y han redistribuí do calidad de vida entre sus pobladores, con altísimo ingreso per cápita, y redistribuido bien, sin analfabetos y sin desocupación. ¿No será acaso un modelo a imitar?
– Batlle no se siente muy atraído: «El modelo es dejarle a la gente la libertad para que la gente aplique lo que advierte que es lo mejor. La gente misma, en condiciones de libertad es la que ha cambiado el país. Usted va al norte, con esta seca, usted ve los verdeos que no ha visto nunca. De todos modos modelos a imitar hay muchos: Europa, EEUU, Canadá, Australia, Chile, también Nueva Zelandia en su última etapa porque antes, después de beneficiarse del mercado cautivo de corderos de Londres, y de manteca y de otros rubros, cayó en una absurda política dirigista y proteccionista que le trajo un colapso muy grande. Y ahora tiene de nuevo una política abierta y progresa rápidamente».
– ¿No es más razonable – insisto- esperar que el pequeño y mediano capital nacional, residente en el predio, encuentre estímulos para reinvertir forzosamente en su explotación?¿ No será esa una de las bases del desarrollo neozelandés y después la tecnología viene por añadidura?
– Batlle sigue sin estar de acuerdo: «No, no. la base está de arranque en la tecnología. Ahora está al alcance de todo el mundo. Con el paquete tecnológico de los últimos 4 años el productor de trigo ha pasado de 8 fanegas de promedio a 18 fanegas. Y eso es algo que se puede hacer a cualquier nivel, con la forestación, la acuacultura, con la producción de espárragos, de vides, de uvas de mesa para exportar. Cómo es posible que nosotros no podamos exportar uvas de mesa al mundo entero y Chile sí lo haga en forma masiva. Pero por qué cuernos no vamos a poder exportar uvas de mesa».
– Qué le parece – le sugiero a Batlle- si del campo nos vamos a la ciudad, a nuestra ciudad de Montevideo. Usted eligió después de una gran expectativa (que precisamente quebró LA REPUBLICA cuando pese a sus negativas dimos la primicia) aún desconocido, Lucio Cáceres para comandar el gran reto que significa modificar la faz de nuestra capital. Después de tanta expectativa la gente se pregunta si no parió un ratón.
– Mire, estimado amigo, me contesta Batlle impaciente: «Aquí no hay ningún individuo cuyo nombre pudiera haber sido recibido con espectacularidad. Porque del sector político somos todos conocidos y por tanto espectaculares no somos ninguno. El asombro podría haber sido si yo hubiera puesto por ejemplo al entrenador de la selección o al mejor jockey o a una buena cantante. Pero eso no es lo que el pueblo espera. No hemos elegido a un hombre de la 15. Hemos elegido a un hombre joven, enérgico, eficiente. Hemos elegido a un técnico que ya verá usted cómo nos va a sorprender a todos. Montevideo será transformada radicalmente. Era una ciudad agradable para vivir, linda, limpia y ahora es una ciudad donde todos están esperando que llegue el viernes para irse a donde puedan. El interior del país ve a Montevideo como una carga, un impedimento al desarrollo de cuánta cosa hay, llena de huelgas y mugre. El Interior es limpio y sin conflictos. Aquí no hay pared que no esté pintada, que no esté enchastrada. Aquí no hay día donde no haya conflicto sindical por cualquier cosa. De la ciudad preciosa diseñada por el ingeniero Fabini se ha transformado en una ciudad sin luz, sucia, con pavimentos obsoletos, saneamientos decrépitos, sin servicios adecuados. Por tanto el criterio municipal no puede hacerse con un criterio político; tiene que ser un criterio técnico. Y Cáceres será ese técnico en busca de la excelencia administrativa para nuestra capital. El Municipio no puede abarcar todo. La función de salud y la cultural deben cumplirlas los ministerios respectivos. No pretendemos dejar por el camino a ningún funcionario sino llenar las vacantes que existen en ambas reparticiones de salud y cultura con las estructuras municipales existentes. No es posible que para sacar una libreta de chofer usted no se pueda presentar con un certificado del Ministerio de Salud sino con el de la Intendencia, duplicando burocráticamente los costos. Privatizaremos todo lo que sea privatizable. No digo toda la limpieza porque es inconveniente. Mantendremos en esa área un sistema de concurrencia, de competitividad entre el sector público y el sector privado. Y buscar siempre el excedente y el superávit. Ahora también tenemos conflicto por tener superávit. Es fantástico. Conflicto porque hay déficit, conflicto porque hay superávit. Y con el superávit invertiremos para darle vida a los barrios, para limpiar la ciudad, para embellecerla para cambiarla y transmitirle todos los bienes que debe ofrecer esta ciudad, como cualquier ciudad de las que uno visita cuando anda por el mundo».
– Está hablando de hacerla atractiva también para el turismo, le afirmo, más que le pregunto al doctor Batlle
– Cita a sus ancestros: «Ya en 1906 cuando Batlle llegó a París le escribió a Arena y le dijo: oh, Arena, las cosas hermosas que tenemos que hacer en Montevideo para que los turistas argentinos vengan a disfrutar nuestras playas» Y sigue agregando Jorge Batlle: «Debemos adaptar al mundo lo nuevo que ya los viejos uruguayo hicieron. El hotel Carrasco en medio de las dunas y viene Mitterrand y dice que ese hotel es una joya, de un estilo de los que quedan pocos en Europa. El modelo de turismo que propongo para el Uruguay de hoy es el de Irlanda. Un turismo del paisaje, un turismo de la tranquilidad, un turismo de las serranías, un turismo de las termas, un turismo de andar a caballo, un turismo de caza. Un turismo no de tanta gente porque la distancia lo impide, sino un turismo selectivo de gente que tenga un elevado poder adquisitivo. Para ello debemos cuidar nuestros recursos naturales y proteger de la polución a las aguas, bosques, cañadas, arroyos y ríos. Un turismo que explote la pasión de cazar de los extranjeros. Hace tiempo el señor Anchorena trajo jabalíes y ciervos para poblar su estancia en San Juan de Anchorena. Se multiplicaron y sus piaras se han extendido por todo el país, sobre todo el jabalí, que es un animal muy depredador. Se lo consideró plaga y no se sabía qué hacer con ellos. Cuando se enteraron en Europa, agentes turísticos creyeron que estábamos locos porque en Europa se paga por cada pieza cazada más de tres mil dólares cada una. Hay que explotar turísticamente la furia cazadora que tienen españoles e italianos. Yo no tengo esa pasión. A mí no me gusta agarrar la escopeta ni pegarle un tiro a nadie. Pero sé que el que viene a cazar patos, perdices, martinetas, ciervos y jabalíes se enloquece porque es una pasión. Y Uruguay es un paraíso para la gente que caza. Ese paraíso precisa de particulares emprendedores como el empresario de la fuente del Puma, Salus, cuya agua mineral si la colocamos en EEUU compite fácilmente con la Perrier francesa; como Méndez Requena en el hotel Piriápolis asociándose ahora con el gobierno rumano, trayendo a nuestras tierras la famosa clínica de la doctora Aslán. Pero hay que hacer mucho más. Y lo haremos. Hay gente, que al igual que en Irlanda organiza turismo en estancias. Pero hay que darle al turismo más comodidad. La gente sale a caballo o en un jeep de doble tracción o camina con el perro hasta morirse pero cuando llega al albergo quiere tener buena comida, buena agua caliente, todo el confort del mundo desarrollado. Y aquí no lo encuentra. En República Dominicana hay 24 hoteles 5 estrellas y acá no hay ninguno. En República Dominicana hay cinco aeropuertos y acá mejor ni hablar. Tenemos que tener aeropuertos de nivel internacional, si queremos ampliar nuestro turismo. No puede ser que la única cosa que hacemos es esperar a ver cómo viene en setiembre la economía argentina para ver si tenemos veraneantes porteños en función del tipo de cambio».
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«Me opongo a una Universidad ideologizada que pretenda imponer
a la sociedad un modelo distinto al elegido por las mayorías»
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– Doy por agotado el tema y lo insto a Batlle a hablar de uno de los desafíos más difíciles para un gobernante. Cómo resolver el problema de la creciente desigualdad social en el Uruguay. Le pregunto si los 1.600 dólares anuales promedio del ingreso del uruguayo le parece un ejemplo de buena distribución. Le reconozco que el desarrollo con justicia social no está de moda y que vivimos el tiempo de la retirada de los populismos. Y que su propuesta parece apostar al desarrollo espectacular pero al precio de la marginación de un amplio sector de la población. Por otra parte, le afirmo, es la moda de múltiples países.
– Batlle recoge el guante: «Por suerte usted no maneja la economía de esos países, porque si fuera así seguirían en el mismo infradesarrollo que tuvieron en el pasado, y que hoy gracias a que sus ideas fueron desechadas les ha permitido aumentar, como el caso chileno, un 700% los ingresos que tenían. Cuando estos individuos agarraron el gobierno, Chile exportaba como el Uruguay hoy, y actualmente exportan 8 mil millones de dólares, seis veces más que nosotros.
– Porque siempre pone de ejemplo a la dictadura chilena, lo interrogo a Batlle con molestia.
– «Usted cree que Chile es mala palabra – me contesta Batlle- pero entonces yo le pregunto a usted por qué cree que el único programa de la televisión uruguaya que hubo que repetirlo a solicitud del público fue el de Chile. Usted no tiene noción, pese a que es un hombre inteligente y un excelente periodista, de lo que la gente del pueblo opina. Por eso es que la izquierda nunca jamás gana una elección. Pero sigamos con el tema de la igualdad que tanto le preocupa. Dígame, usted cree que hay más o menos igualdad en Holanda, en Bélgica, en Dinamarca que en el Uruguay. Hay más igualdad. Y la hay porque aplicaron el sistema económico liberal y abierto que propongo y no el cerrado y dirigista del populismo seudo igualitario».
– Salgo en defensa de ciertos valores del populismo y le indico a Batlle que el populismo intentó tratar de igualar para la gente las posibilidades y no sólo considero la frágil igualdad formal de oportunidades. Sola, la igualdad formal de oportunidades no resuelve la cuestión. Si las posibilidades son desiguales las oportunidades están a favor del más aventajado. Anatole France ,le recuerdo a Batlle- decía que la ley le prohíbe al rico, igual que al pobre hurtar pan, mendigar por las calles o dormir bajo los puentes. Y por lo menos los populismos distribuyeron con un criterio más igualitario la riqueza.
– Batlle se ofusca: «Distribuyeron porque había para distribuir lo que se generaba por la desgracia ajena. Esa mecánica de la igualdad que usted propone está sustentada por una ficción de recursos, no renovables, porque se consumen los recursos que provienen de la desgracia ajena. Eso no es igualdad. La igualdad supone no sólo tener iguales posibilidades sino vivir en un sistema que cree los recursos para que se den esas posibilidades. Pero si usted vive en un sistema que no solamente no crea los recursos sino que gasta los existentes, ese sistema agota hasta la posibilidad teórica de igualdad. Y además le digo que no hay ningún desarrollo económico que no traiga aparejada inexorablemente la justicia social».
«Lo que hemos hecho con el sistema que usted defiende es haber distribuido generosa y democráticamente en la masa la inflación más perversa que es la forma mejor de traerle a la gente desgracia y además pobreza. Hasta que se agotó todo y ahora qué cuernos van a distribuir. Pero además, le digo que no hay ningún desarrollo económico que no traiga aparejada inexorablemente la justicia social. Si en Uruguay en lugar de haber 7 fábricas de tope hay 20, habría más ocupación, más incorporación tecnológica, por tanto mejores sueldos porque los que están trabajando en la industria de punta ganan mejores sueldos que los que están trabajando a pico y pala. Esa es la mejor igualdad que hay. La práctica y no la teoría que usted propicia. Mi proyecto impulsará volver a las fuentes cuando el Uruguay fue un modelo de igualdad mucho mayor que otras naciones europeas con un mayor desarrollo industrial y tecnológico que nosotros. Volver a las fuentes sin repetir los errores de los últimos 30 años que determinaron el reino de la desigualdad, la confrontación, el conflicto social, la marginación de tanta gente y la emigración de tanta otra, llevando a que nos disputáramos el destino del país con las armas en la mano».
– Escucho con atención el apasionado discurso de Batlle. No es mi función polemizar sin extraer hasta el último jugo su pensamiento para exhibirlo y exponerlo a la opinión pública. La discusión, por otra parte ya milenaria, sobre el salto del reino de la necesidad al reino de la libertad plena y real, nos conduce al tema sindical Han sido los gremios quienes por definición son o debieran ser los defensores de ese salto donde la necesidad y la libertad se encontraban. Abordo el tema con Batlle sin eufemismos.
– Él tampoco los tiene: «En este momento los sindicatos son un freno para el cambio. Están ajenos a la realidad y fuera del contexto histórico del país, como muchos empresarios y burócratas y políticos también lo están. El sector sindical actúa al servicio de un partido político, conectado con la política de ese partido. El otro día cuando el señor Félix Díaz hablaba de la lucha de clases como objetivo de la acción sindical yo decía, bueno estamos en un mundo que ya pasó».
– Pero su proyecto nacional va a requerir un tratado de paz con los sindicatos, si no va a ser difícil su aplicación, le afirmo, más que lo interrogo a Batlle.
– Su respuesta es contundente: «Si el tratado de paz como usted dice, supone abdicar de las ideas por las cuales fuimos elegidos, entonces renuncio y me voy del gobierno. Si el pueblo elige a un gobierno para que modernice al país y para ello debe hacer un tratado de paz con los industriales, con los comerciantes o con los dirigentes sindicales, donde le imponen cláusulas que impiden el salto cualitativo de la Nación, entonces en vez de hacer elecciones habrá que mandar a buscar a los dirigentes sindicales para que se hagan cargo del gobierno. En el Uruguay del futuro no habrá lugar para nadie que se crea con poder legitimo para sustituirla decisión del pueblo. Y yo no seré un traidor a la voluntad popular. Si pasa eso yo no firmo ningún tratado de paz. Antes me voy. No vamos a admitir jamás que ningún sector de la sociedad se tome para sí el derecho ilegítimo de sentirse dueño del poder. Ya sea empresarial o sindical. Eso es caer en la dictadura del poder corporativo. No es posible que el país se dé el lujo de hacer una huelga en el puerto porque hay tres sindicalistas que fueron mal o bien sancionados, y nos damos el lujo de tirar al agua 26 mil cajas de limones. Estamos todos locos. Eso no es defender a la clase trabajadora. Eso es conspirar contra la organización social existente para querer cambiarla por otro modelo. Pero, qué digo, es peor que eso. Se trata de la inercia del poder. De un uso festivo e irresponsable del poder sindical. Porque para poder ganar el próximo acto eleccionario sindical, el otro reclama entonces no solamente una huelga de 3 días, sino una huelga de 32 días. Y eso es lo que las sociedades no resisten y caen en la tentación totalitaria. Porque se hartan de eso. Y si no fíjese en el golpe del 73. Cuál fue su caldo de cultivo. La sociedad estaba harta y tan harta que pese a toda la tradición antigolpista de los uruguayos, si los militares hacían un plebiscito a los 90 días del golpe, creo que lamentablemente lo ganaban. Entonces, señores, vamos a volver a ser nosotros el jamón del sandwiche como en el 71. Ah, no, compañero. Jamón de sandwiche nunca más. Primero privatizaremos el puerto. No se preocupen. El conflicto lo vamos a armar nosotros primero. Si el poder sindical o el poder empresarial se quiere enfrentar a la ley, entonces perderá. Confío en que el tiempo de la exacerbación del poder sindical pase. Hoy hay una confrontación interna por el poder sindical que exacerba todo. Los dirigentes históricos son cuestionados y sus posiciones asaltadas por dirigentes más jóvenes, más radicales, que se formaron en tiempos del régimen de facto, cuando carecían de libertades sindicales. Y al obtenerlas, su reacción fue mucho más intransigente. Pero esos dirigentes a medida que el país se vaya abriendo estoy seguro que van a cambiar el influjo de los nuevos vientos de apertura y desarrollo. Por el momento siguen practicando un terrorismo verbal en el cual todavía creen. Las denuncias sobre las cuentas de bancos revelan un primitivismo, un método casi «naif de analizar el sistema financiero «.
– Parece entonces ocioso preguntarle si va a impulsar la reglamentación sindical, le digo a Batlle.
– Sí señor, afirma sin dudar nuestro entrevistado. «Es un tema que lo discutiremos con la central sindical, con los partidos políticos, con los empresarios también, para que tengan una política sindical que no la tienen. Muchas veces los conflictos se originan porque los empresarios que tendrían que ser los más informados y los más responsables, han carecido en forma absoluta de una política sindical profesional. Yo no creo que en los conflictos los sindicatos tengan siempre la culpa. Muchas veces la culpa la tiene la incomprensión del sector patronal».
– Le indico a Batlle que lo que él está proponiendo es un tradeunionismo despolitizado.
– Batlle consiente: «Es lo que debería ser. No despolitizado para marginarlo de los grandes problemas nacionales. Sino despolitizado de la política partidaria».
– Y a cambio qué propone. Acaso participación en las utilidades señalo con dudas.
– Pienso que es un camino – dice Batlle- pero puede haber otros. «Impulsaremos la remuneración directa que es el salario y la indirecta que puede ser la participación de las utilidades. Pero que no se diga después que lo hacemos para transformar al obrero en un capitalista y de esa manera debilitar el manejo sindical. Lo que queremos no es eso, sino otra concepción del manejo sindical. Si yo fuera dirigente sindical me presentaría a la industria textil y no le haría una huelga de hambre. Les diría que demostraron incapacidad para conducir esa industria y me ofrecería para meterme adentro, para ayudarla a que funcione. Con huelga de hambre no va a funcionar. El gobierno podrá darle un subsidio. Pero quién paga ese subsidio. Esto todo termina en heridas dolorosas y la gente queda con un sindicato desacreditado que no le resuelve ningún problema».
– Batlle tocó el tema del salario y su afirmación me permitió introducir una cuña polémica en el tema para mejor detectar su pensamiento. Le pregunto: ¿Acaso su proyecto de desarrollo requiere en el inicio, al igual que el desarrollo del sudeste asiático, masas empobrecidas y mano de obra barata?
– Llegamos al punto más ríspido del reportaje. Su amabilidad se transforma. Está tenso y sin pelos en la lengua me contesta: «No diga macanas. Mire qué noticia me da. Así que las masas empobrecidas eran los 4 millones de chinos de Hong Kong. Má… qué masas empobrecidas. Cuando empezaron, querido, cuando empezaron, por supuesto que eran pobres. Porque no tenían nada. Pero ahora son ricos. Fue el crecimiento que les permitió mejorar el salario. Y olvídese del bajo salario. En esos lugares ya no existen más. El bajo salario no es la causa del desarrollo, del salto hacia adelante. No hay más esa cosa de que el salario incide en el producto final de tal forma que usted lo que precisa es una masa esclava para crecer. Nosotros tenemos un salario bajo pero usted cree que el inversor viene acá porque hay un salario bajo. Ese es el flujo de razonamiento de la izquierda emocional. Es hora de poner a la izquierda afectiva en el lugar de la sensatez y fuera del disparate teórico. Usted cree que cuando un tipo tiene un telar que produce una posibilidad de tener un hilado que está arriba del título 60 y que va hasta el título 120, lo que le importa es el salario bajo. Eso es desconocer la tecnología. Es al revés. Lo que le importa es tener un buen operario para que le cuide ese telar. Y eso exige un salario alto. Lo que le asegura al inversor la penetración en el mercado es la calidad del producto y no el salario bajo. Y la calidad no se hace con un obrero que no tenga conocimiento. En cualquier tiempo histórico, en la época de los romanos, a la altura de la Edad Media, en el tiempo del incipiente maquinismo y ahora, siempre fue igual. A más conocimiento mayor salario y mayor desarrollo. Es un mito creer que el crecimiento de los países se hace en base a salarios bajos. Pero lo primero que hay que hacer en Uruguay para aumentar los salarios es bajar la inflación. De qué sirve aumentar salarios si no baja la inflación».
– Su proyecto nacional pone el acento en la inundación tecnológica, en la reconversión tecnológica de todo el aparato productivo. No le tiene miedo – le insumo a Batlle- a la desocupación.
– Es completamente al revés del pepino- me contesta sobrador. «La no inversión en tecnología hace que el mercado desplace a la gente. Si la tecnología creara desocupación el mundo sería un mundo de desocupados porque en los últimos 150 años lo que ha habido es crecimiento demográfico y crecimiento tecnológico. Y sin embargo el mundo no es un mundo de desocupados. Y en los países donde hay más inversión tecnológica es donde hay menos desocupación y al revés en los países donde hay menos inversión tecnológica es donde hay más desocupación. Los países y las empresas que no hacen inversión tecnológica, no sólo son desplazadas del mercado internacional, sino que en el mercado interno también mueren. La inversión tecnológica produce junto con el mayor salario, mayor ocupación. Fíjese en Suiza que tiene el mayor salario del mundo, y la menor desocupación del mundo, cero materia prima y exporta 45 mil millones de dólares. Era un país lechero y vendía manteca, chocolate y algún reloj. Hoy se tecnificó. Vende bienes cargados de valor agregado a la materia prima. No tiene materia prima pero tiene tecnología y mano de obra cara pero inteligente que le agrega valor a esa materia prima».
«Y por eso factura esa cifra sorprendente para un país tan chico, 45 mil millones de dólares, casi 40 veces lo que nosotros. Eso prueba que la materia prima en el fondo es casi hasta mejor no tenerla. Porque usted tiene lana, produce lana. Está atado a lo que produce y tiene que defenderlo siempre. Japón compra la materia prima que le venga en gana. Cambió la moda de la ropa de lana por el algodón. Pues bien, deja de comprar lana y compra algodón. No tiene productores de lana para defender. Si usted no tiene materias primas como Japón o Suiza no es pobre, es rico, porque puede andar cambiando de producción de un día para otro. Mire los suizos, compran la leche, el acero, las fibras ópticas donde les venga en gana. ¿Qué le agregan? Le agregan valor humano, le agregan tecnología, le agregan ciencia. ¿Y qué venden? Venden eso. Venden saber. Y eso les reportó casi cuarenta veces más ingresos, que nosotros con todas nuestras materias primas. Y volviendo a Ios sindicatos, le digo Fascino, que debieran ser ellos los primeros en forzar a los sectores productivos a que incorporen tecnología. Sin miedo, que no muerde. Será la salvación del salario y de la ocupación. Y además del desarrollo del país. Y con los sindicatos a la cabeza.
– Bueno, pero en el primer momento de la reconversión tecnológica habrá desocupación y mientras eso dure qué piensa hace con el seguro de paro, le manifiesto a Batlle.
– Medita y apunta: «Yo no dudo que al modificarse el sector productivo, alguna fábrica tenga que pasar por un momento de desempleo coyuntural. Ahí tendrá que intervenir la sociedad a través de los mecanismos de protección de la desocupación y del reentrenamiento. Ahí tenemos una carencia. No tenemos fondos suficientes y estamos manejándonos con una legislación absolutamente inelástica en donde el obrero tiene que tener determinada antigüedad en la empresa para poder recibir ese beneficio. Cuando un empresario tiene que desprenderse de algunos trabajadores al incorporar nueva tecnología la sociedad debe protegerlos de ese desempleo coyuntural a través de seguros de paro que tengan la obligación y la función de readaptar a toda esa gente desocupada».
– Insisto sobre el tema y lo consulto sobre las amenazas de desocupación en el sector público.
– Es cierto me dice. «El sindicalismo hoy se ha recluido en el último refugio que es la defensa radical de las organizaciones gremiales del sector público. Evidentemente las reformas que habrá que realizar en el sector público son muy profundas y van a determinar para los sindicatos y los empresarios un gran desafío transformador. No puede ser que para comprar lo que tiene que comprar, el Municipio de Montevideo tiene más de 100 funcionarios mientras que la Dirección de Vialidad que compra mucho más que el Municipio tiene sólo 4 funcionarios. Por otro lado con un funcionariado público más reducido podremos lograr en pocos años que todos puedan tener una profesionalidad del servicio público como la tienen los franceses y lograr una administración pública ejemplar muy bien remunerada. Para lograr la reducción se pueden dar estímulos jubilatorios, distribuir funcionarios, dar estímulos funcionales. Nosotros estamos totalmente lanzados a que el ejemplo de AFE se reedite y se multiplique en toda la administración pública. Eso es mejorar la calidad de vida de los funcionarios que se dan cuenta que están participando de un organismo que tiene destino y no de un organismo sin destino. Un maquinista de AFE que trabaja en una máquina que no funciona nunca, dígame, qué cariño puede tener por su trabajo. ¿Qué entusiasmo puede tener para levantarse todas las mañanas e ir a esa máquina que no funciona? No hay que creer que hay dos clases de ciudadanos en el Uruguay: el privado bueno y el público malo. Acá son todos uruguayos, todos rápidos, todos inteligentes, todos cultos. En la administración pública hay gente muy valiosa. Porque no me diga a mí que si hay 13 mil municipales no ha de haber allí un conjunto importantísimo de gente que desearía hacer cosas para mejorar la administración. Lo que pasa es que la administración no los habilita al cambio. Hay que abrir al funcionario, hay que darle la capacidad de incorporarse al proceso de transformación».
– El tema de la cuestión social no cierra si sólo hablamos de los activos. Qué me dice de los pasivos, esos grandes olvidados por el sistema no solidario que nos rige, amonesto más que indago al doctor Batlle.
– El sistema de pasividades uruguayo es un sistema perverso, me dice sin ningún atenuante Batlle. «Uruguay es el país de América que tiene la expectativa de vida mayor (74,2 años) y la edad promedio jubilatoria menor (57 años) y además el que tiene una relación más inconveniente active- pasivo de l.2 de activo contra 1 de pasivo. Esta es una dificultad estructural que cada día va a ser peor. Y determina este tipo de distribución y un castigo al que aportaba, al que se le devuelve muchísimo menos que lo que dio. Además el sistema trabaja contra sí mismo. A los 60 años el individuo está fuerte y enérgico – a las pruebas me remito con mis 61 años- y como no le alcanza vuelve al mercado de trabajo violando la ley, no figurando en planilla, ocupando el lugar de otro trabajador que sí figura en planilla y aporta al Banco. Todo este ciclo es otra fuente de pérdida de ingreso del Banco de Previsión. Y como existe una norma de que uno se jubila con el sueldo promedio de los últimos tres años, los trabajadores en planilla piden figurar por menos para que se les descuente menos. Total los tres últimos años figuran con la totalidad y logran la jubilación completa. Otro mecanismo perverso a revolver.
– De acuerdo, le digo. Así no podemos seguir. El seguro social uruguayo está quebrado. ¿Cuál es la salida? Batlle.
– Es un problema grave en todo el mundo. Los japoneses inclusive con su formidable nivel de tasa de ingreso, para los pasivos han estado organizando colonias de jubilados, para que se ubiquen fuera de sus fronteras para que puedan adquirir bienes de consumo en mejores condiciones que en su país. Es que la caída de la tasa demográfica a crecimiento cero o hasta negativo y el aumento de la expectativa de vida a casi 80 años como en Suiza hace que haya que mantener a un pasivo durante 20 años y eso hace tambalear al sistema. Creo que la solución uruguaya tiene que transitar por un sistema de capitalización de cuenta personal, que supone la creación de fondos que están respaldados finalmente por el Estado y controlados por el Banco Central. Ese sistema habilita una capitalización de tal naturaleza que generará mejor ingreso jubilatorio y pensionario para los que tienen derecho a recibirlo y al mismo tiempo generar acuerdos para ir manteniendo el actual sistema por un lapso de 15, 20ó 25 años, mientras va siendo sustituido definitivamente por el nuevo sistema. Al respecto estuve hablando con actuarios brasileños y con el señor Piñeda de Chile quienes se expedirán sobre nuestra situación y ver si la solución brasileña o chilena, parecida a la que le estoy describiendo, puede tener aplicación en nuestro país».
– Para cerrar el ciclo del pensamiento de nuestro entrevistado en materia social invito a Batlle a incursionar en el tema de la vivienda y la salud.
– Sobre la vivienda me dice: «Una de las cosas más negativas que existen en el país ha sido la congelación de alquileres, que ha terminado con el mercado, tanto en la ciudad como en el campo. Esa hiper protección
del inquilino determinó la desprotección más absoluta de esos mismos inquilinos a quien se dice defender. Dada la irracionalidad del sistema, los inquilinos y los arrendatarios rurales no encuentran un sólo bien para arrendar. Soy partidario de que una vez bajada la inflación se den garantías al inversor para construir viviendas para arrendar. Aunque soy pesimista al respecto. El inversor está como quemado con leche y cuando ve la vaca llora. Quién nos va a creer. Pero impulsaremos esas garantías. Por el momento la escasez de viviendas tendrá que seguir siendo paliada por el Banco Hipotecario, cuyas inversiones fueron en su momento muy importantes, aunque generaron grandes problemas de endeudamiento, que incidieron muchísimo en el nivel inflacionario durante la dictadura militar. Actualmente el Hipotecario está saliendo de todas esas dificultades y sigue manteniendo una importante tasa de inversión pero advierta que también está incidiendo en el mercado de intereses porque para captar recursos presiona permanentemente sobre la tasa.»
«Sobre el otro tema que me preguntó, sobre la salud no creo que los sistemas integrales y colectivizados de salud hayan dado provechosos resultados. Hay que distribuir las tareas. El Estado debe ocuparse de lo preventivo y de lo complejo y costoso. Las mutuales no pueden hacerse cargo de la medicina de punta en áreas, como diálisis, coronarias, trasplantes, etcétera. No pueden recaer esas inversiones sobre la cuota de servicio mutual y al mismo tiempo nuestro país no puede quedar fuera de esos adelantos. Adecuaremos el Ministerio de Salud para ese desafío basado en una racional redistribución de responsabilidades.
Creo también que se exagera sobre la carencia de salud en el país. Es muy importante el porcentaje del producto que dedicamos a la salud, y tenemos la expectativa de vida más alta de América. Bajamos radicalmente los índices de mortalidad infantil y liquidamos multitud de enfermedades infecciosas. Tenemos todos los elementos para reordenar y corregir los errores en esta área. Porque el problema no está en las carencias sino en la coherencia, en la articulación y organización de todo el sistema. Si usted se para en la esquina de 18 y Bulevar Arugas y hace un movimiento de 180 grados descubre al Larguero, la Médica Uruguaya, el Hospital Británico, el Clínicas, el Italiano, la Española, la Mutualista Uruguay- España, el Americano, el Pereira Rossel. Y al mirar todos esos bloques vinculados a la salud, pensará que está en una ciudad de 5 millones de habitantes no en una pequeña ciudad de un poco más de un millón. Por lo tanto la estructura la tenemos. Está mal organizada. De lo que se trata en salud es barajar y dar de nuevo. Y así lo haremos».
– Tiene pensado ¿qué hacer para combatir el Sida y educar a la población para que no margine por ignorancia a los afectados?
– Hemos sido poco activos para combatir el Sida – arguye Batlle- y sobre todo para prevenirlo. El peligro es grande porque tenemos una gran frontera seca con un grado de contaminación importante y si es cierto que esa enfermedad puede estar sin mostrarse durante algunos años y se propaga en forma geométrica, no quiero pensar qué pasará aquí si no la combatimos de inmediato. ¿Por qué pudimos hacer una publicidad masiva para prevenir el quiste hepático y para eliminar la tuberculosis y el tifus y la polio y no podemos hacer lo mismo con el Sida? Creo que es por un problema de vergüenza y es un grave error. La sociedad no puede lavarse las manos y marginar a los contagiados por ese mal, como está ocurriendo ahora, expulsándolos del trabajo por ignorancia y egoísmo».
– La investigación sobre el pensamiento del candidato se hace fatigosa para ambos. Las horas se acumulan pero Batlle no cede ni da muestras de cansancio. La función del periodista es llegar hasta el corazón mismo de su pensamiento político y filosófico para que la ciudadanía pueda optar. La tarea entonces continua. Cuál será la posición de Batlle frente a otro sector discriminado de nuestra sociedad: la mujer uruguaya. Le decimos para contextualizar el tema que pensamos que la mujer ha sido y es discriminada mediante formas sutiles e indirectas, en la mayoría de los casos, de muchos ámbitos de trabajo y decisión. También le decimos que la militancia feminista fracasó en su objetivo de remover los escombros de la organización patriarcal Hasta ahora – afirmamos- la sociedad ha dilapidado creatividad al desterrar a la mujer de los sitios donde se toman decisiones. ¿No cree, doctor Batlle, que es hora ya de reconocer el fracaso de la organización patriarcal y promover la igualdad real de los sexos? ¿No habrá llegado la hora de incorporar a las decisiones a la mitad más uno de la población?
– El tema es polémico pero no lo elude: «Las cosas están cambiando, lentamente, pero cambiando y habrá que ayudar a cambiarlas más. Las mujeres están superando a los hombres en conocimiento. Arriba de los 60 años hay más hombres que mujeres con título universitario para abajo de los 30 es al revés, hay más mujeres. Así como hay más mujeres hasta los 35 años que han completado más estudios que los hombres. Esta irrupción nueva de la mujer en la ciencia, la tecnología, la producción intelectual, en el diseño de nuestra sociedad incidirá decisivamente y para bien en el salto cualitativo que proponemos. La dictadura con su veda política retrasó la incorporación de la mujer al protagonismo político. Pero eso está cambiando. Nuestro candidato a presidir la Cámara de Diputados será una mujer, que además va en el tercer lugar de la lista 15 por Montevideo, la doctora Alba Estela Osores de Lanza. Otras mujeres serán candidatas a titulares en diputados, así como en la Junta Departamental. Y también tendremos una Intendente de Montevideo, porque el primer suplente del ingeniero Cáceres es una mujer, yen 5 años no serán pocas las veces, que por suplencias obvias, asumirá Mayra Thebot de Díaz a la Intendencia de nuestra capital. Si usted, Fasano, recorre sábado a sábado lo que venimos haciendo en materia de encuentros con la mujer en todo el país, advertirá cuán preparadas están, cuánto es el conocimiento que tienen de los problemas sociales y cuál es su gran capacidad para analizarlos y proponer soluciones realistas. Lo que Ilama la atención es la diferencia del discurso del hombre y la mujer. La mujer cuando se enfrenta a la asamblea descarta ese discurso masculino, engolado, retórico, emocional, buscando la adhesión del público, sino que por el contrario va directo a los problemas y los atrapa con un análisis estrictamente profesional. La mujer política por lo general es decidida, audaz y valiente. Cuando tiene convicciones las defiende con todo calor y cuando se compromete con una idea es capaz de llegar a veces mucho más allá de lo que puede llegar un hombre».
– Legalizará el aborto, le pregunto ingenuamente a Batlle.
– No señor, me dice, no lo legalizaré. «Yo he vivido muy de cerca ese problema y por lo tanto no soy de esas personas que esté dando una opinión sobre este tema en el plano teórico. Lo he vivido en mi propia vida, en mi propia realidad y por lo tanto puedo hablar con propiedad. Tenemos que hacer un esfuerzo por preservar la vida y debe mantenerse la prohibición aunque aumentando las causales de excepción. No es posible que no se pueda ayudar a abortar en situaciones límites, en situaciones donde una mujer ha sido violada y violentada en su propósito de dar vida. No basta con la actual despenalización. Es un problema difícil. También ahí se dirá que la vida no puede ser interrumpida ni aun en ese caso. El tema es fácil para los que se guían por lo que manda Dios. Ahí juega la fe. Pero yo que soy deísta no tengo la posición de aceptar todo aquello que se me dice lo manda Dios. Por lo tanto creo que hay que ver cada caso, aunque manteniendo la línea general de prohibición del aborto».
– Después de una pausa muy breve abordamos la otra gran marginación del país: la juventud. Recientes encuestas le informo a Batlle- evaluando la gestión del gobierno desde 1985 a la fecha demuestran que la opinión pública cree que han faltado oportunidades para la juventud.
– Es cierto – consiente Batlle- pero para darles oportunidad hay que cambiar el país. «Tienen razón los jóvenes. Ellos sienten que el país los rechaza y los expele porque el país es un país cerrado cuando ellos son abiertos. Hay que abrir el país. Un joven de 20 años no tiene sentido de frontera, ni de limitaciones. Conjuga los tiempos que conjugan todos los jóvenes del mundo. Y al encontrarse con un país cerrado, encorsetado se pregunta: pero cómo, en un mundo tan abierto yo vivo encorsetado. Están sofocados porque sienten trabas por todos lados. Las viejas estructuras corporativas los ahogan. Y ellos deben ayudarnos a cambiarlas. La actual despolitización de la juventud se explica porque la política no tiene nada que ver con el país que aspiran y con el mundo que sueñan y con la sociedad en la cual quieren vivir. Sienten que los políticos son como de otro tiempo. Que seguimos pensando en Juan D’ Arienzo».
– ¿Usted también Batlle piensa en D’Arienzo?
– A mí me gustan los clásicos de todas las músicas, explica Batlle. Me gustan los Beatles que son unos clásicos y me gusta Pink Floyd que ya es otro clásico. Me gusta el jazz moderno tipo Path Meheny. En otro tiempo la lógica irresistible de las fugas de Bach no me dejaban ni mover hasta que pasé a una cosa un poco más saltarina aunque profunda como es Mozart. Pero después con cierta edad me vino el romanticismo de Brahms. Y ahora estoy con Malher, porque claro las sinfonías de Mahler es todo eso llevado a la dimensión universal. Pero volviendo a la juventud le digo que son los que están más libres de toda limitación generada por las tradiciones nacionales y los más dispuestos a salirse del país si el mundo del exterior no entra al país. Entre el mundo y el país ellos van a optar por el país solamente si el país se incorpora al mundo. Si el país no se incorpora al mundo van a optar por el mundo. Y se irán!
– El rescate de la diáspora uruguaya, de este pueblo que sin ser hebreo ni gitano, como dice el cantor, construyó el segundo éxodo de su historia, no podía quedar afuera de la conversación. Le pregunto si va a poner en práctica alguna «operación rescate» y si su proyecto de país no necesita más de tres millones de uruguayos, recordándole lo que decía Perón cuando se lamentaba de no poder concretar su proyecto porque había pocos argentinos.
– Batlle niega que sea un éxodo masivo: «Se dice que hay un millón de uruguayos en Argentina. Acaso están contando los que se fueron desde la época de la última guerra en 1904. Con esa contabilidad, ¿cuántos españoles hay fuera de España? Serían cientos de millones. Si usted cuenta a todos los uruguayos que se fueron desde principio del siglo y toda su descendencia puede ser que haya más de 7 millones. En cuanto a que precisamos más uruguayos, por ejemplo 2 millones más, yo le digo que al país hoy le es imposible ubicarlos. No tendría recursos para asimilarlos. Advierta que el país más rico de Europa, Alemania Federal está sumamente preocupado porque semanalmente 2 mil alemanes de enfrente le entran por su frontera con Hungría. No hay ninguna sociedad, salvo que sea con un programa tan especial como hizo Israel, que pueda asimilar una incorporación significativa de inmigrantes. Y además de dónde vendrían a Uruguay. En Europa viven mejor. De Asia quizás sí, pero ahí aparece otro problema: el religioso y el de etnia. ¿Le sirve al Uruguay que además de nuestros orientales vengan otros orientales? Nuestro país tiene un crecimiento de 0,5 como cualquier país desarrollado y tardará 80 años en tener 6 millones. Yo no veo de qué lugar del mundo podemos traer antes de esa fecha algún millón de personas. El progreso del Uruguay hay que hacerlo con los uruguayos que están. Los que se fueron son muy valiosos porque hicieron su experiencia en el mundo y además porque probaron tener una audacia y un carácter a toda prueba para animarse a saltar todos los obstáculos y emprender un camino incierto sin protección.
A ellos los atraeremos al hogar, no con operaciones rescate, que por otra parte ya lo hizo el diputado Vaillant con la Comisión de ayuda a los repatriados, logrando traer más de 50 mil uruguayos, sino desarrollando el país, mejorándolo, ubicándolo en el concierto mundial. Sólo así volverán. Por otra parte el proceso emigratorio uruguayo ya se está modificando. Nuestra situación es relativamente mejor que la argentina o brasileña y ya se está produciendo un retorno desde esos países.
El cónsul uruguayo en Buenos Aires me ha dicho que él semanalmente ha ayudado a retornar a Uruguay un promedio de dos familias por semana. Imagínense todas las que retornan por su cuenta, sin ayuda del consulado. Y lo mismo sucede desde Brasil.»
– La conversación llega a un punto central: la enseñanza básica y la investigación, el saber en su conjunto como palanca de la transformación del país. Batlle acepta incursionar en ese tema que lo apasiona. El capitalismo que usted defiende – le contextualizo a Batlle- se manejó en sus orígenes con minorías ilustradas que llevaron de la nariz a las mayorías. Hoy necesita mayorías ilustradas. El poderío de las naciones reside hoy más en su capacidad científica que en su capacidad industrial Antes era el acero el principal indicador. Hoy es la investigación. Qué tipo de enseñanza, qué tipo de universidad quiere el doctor Batlle le pregunto. Acaso una Universidad diseñada para minorías, productora de meros diplomas de prestigio social, entrenando gente a granel para recetar remedios, contestar demandas, hacer balances o trazar planos en lugar de investigar, investigar e investigar y promover as olvidadas carreras científicas mal denominadas complementarias y sobre las cuales se basa el desarrollo de los grandes países.
– Vamos por parte me dice. «Sobre esto Varela, el gran transformador de la sociedad uruguaya dijo todo lo que debía decirse, tanto sobre la educación básica como sobre la universitaria. Lamentablemente Varela es citado pero no leído, ni siquiera en las escuelas. No hay posibilidad de incorporar a Uruguay al mundo actual si no se modifica la educación. Estoy al tanto de los principales planes educativos del mundo. He leído los planes franceses, los americanos, los catalanes, los israelíes y la educación dual alemana. Y es hora de que empecemos a ponernos al día. Cualquier intento de cambio contará con formidables ayudas materiales del exterior, tanto para las modificaciones estructurales, como las técnicas, las curriculares y las de matrícula. En el mundo hay muchos recursos para ello. Empecemos por la enseñanza primaria que es lo más importante. Soy partidario de que el ciclo básico termine en el primer año de liceo. Que la escuela tenga un preescolar y 5 años y luego un ciclo básico de 2 años que correspondan a sexto de primaria y primero de liceo. Ahí concluye el ciclo básico y se cumple con la máxima constitucional de la obligatoriedad del ciclo básico. También soy partidario de dividir la enseñanza secundaria en dos ciclos: uno técnico- comercial y otro preuniversitario con tres años de formación general y dos años de orientación profesional referida a la actividad universitaria que llevará a cabo.
Recién después de esa etapa se abre la posibilidad de los ingresos a los institutos superiores. Creo además que hay que eliminar la obligación, para entrar a la Universidad, de hacer todo el liceo a aquellos que dejando el ciclo básico adquirieron una ilustración en la calle, en la vida, en su trabajo y después quieren ingresar a la Universidad. Hay que terminar con esa organización tubular en la cual la persona tiene que dar marcha atrás a la estación primera en la cual se hizo el desvío y ahí recién empezar de vuelta y seguir todo el curso de la cosa. De esta manera hemos perdido talentos imprescindibles para nuestro desarrollo. Con nuestro esquema el pobre Einstein no hubiera llegado a nada. El examen de ingreso debe ser la única vía para esos casos. Esto no implica ser menos exigente. Todo lo contrario. En secundaria yo pondría exoneraciones posibles en los tres primeros años y en los últimos dos no. Un país tiene la necesidad de exigir una rigurosa formación, no sólo en los alumnos, sino también en maestros y profesores. La idea es saber las cosas bien pero que sean esenciales. Menos cantidad y menos enciclopedismo y más calidad. Ahora bien, cómo aflojar la inmensa presión de aspirantes que se ejerce sobre la Universidad. Esta presión está generada en la estructura de Secundaria que vierte sobre la Universidad a toda su masa de egresados. No hay otro destino posible. La Universidad es gratis, los egresados de Secundaria no consiguen trabajo y van a la Universidad que les da cierto barniz, cierto prestigio social y a los 2 o 3 años se van. Por eso la Universidad uruguaya es la que exhibe el mayor grado de deserción de todo el continente. Es feroz.»
«Los escribanos ahora se pusieron nerviosos y dicen que se cierre el ingreso porque si no esto va a reventar. Y sí, va a reventar si no se orienta desde Secundaria a los muchachos hacia las profesiones que realmente necesita el país que no son precisamente las liberales, la que usted señor periodista y abogado y yo, político y también abogado hemos elegido. Hoy el salto cualitativo necesita otras profesiones. Y para eso hay que reformar la enseñanza desde el primer ciclo. Y, exigir un nivel adecuado para el ingreso antes que apelar al numerus clausus, a los cupos universitarios. Y todo esto debe ser complementado con la ruptura del monopolio de la enseñanza universitaria por parte del Estado. Soy partidario, como en todo, de la libertad. Si tenemos libertad de enseñanza a nivel preescolar, a nivel primario y a nivel secundario, por qué no podemos tener lo mismo a nivel superior.
Otro triángulo que no cierra es el de los vértices del Estado, la producción y el conocimiento. Y ese triángulo de excelencias no está bien cerrado en nuestro país. Y lo debe ,cerrar una Universidad desideologizada al servicio del país del futuro. Tuvimos durante mucho tiempo una Universidad que se transformó en un centro de ideologización desde donde se pretendió imponer un modelo de sociedad opuesto al que decidieron las mayorías. Una Universidad que veía al gobierno legítimo como a un enemigo y que si llegaba a fin de año y no había gastado los rubros prefería repartirlos entre los funcionarios, porque si no el enemigo se iba a quedar con las partidas. Y esa Universidad rompió el triángulo de la excelencia y transformó el laboratorio de descubrimientos de cosas en un laboratorio de formación de personas para pensar de determinada manera. Y el mundo de afuera se daba de patadas con el mundo de la Universidad. Y los estudiantes tomaron tres actitudes: o se iban , o se enfrentaban al mundo exterior con las bombas en la mano o aprendían de la realidad y se incorporaban al sistema utilizando sus conocimientos para modificarlo democráticamente».
– Usted no está sangrando por la herida quincista del 58, cuando las luchas por la Ley Orgánica virtualmente acosaron a su padre y le hicieron perder la elección, le pregunto de buen modo al candidato de las mayorías batllistas. ¿No estará confundiendo acaso autonomía universitaria con secesión universitaria?
– «No mi amigo. Hasta un marxista como el ex Rector Lichtensztejn me ha dado la razón, proponiendo modificaciones a la ley orgánica. Una cosa es la autonomía para protegerla del poder político y otra cosa es una Universidad independiente del poder político pero ajena a los fines del Estado y a las necesidades de la sociedad. Una Universidad así deja de representar el espíritu universitario, deja de ser universal y se ‘hace de mano única, muerta en vida, una anti universidad. Una Universidad dogmática. Y al dogma universitario el batllismo siempre lo enfrentó. No se olvide que los jóvenes de antaño con José Batlle y Ordóñez y Prudencio Vázquez y Vega a la cabeza fueron los inventores de los contracursos. Ya en la época de Vázquez Acevedo se organizaron los contracursos del Ateneo porque prevalecía en la Universidad una filosofía netamente materialista. Y tan esto es así que las nuevas generaciones de universitarios, lo han visto y las cosas están cambiando. Ahora en la Universidad hay mucho más apertura en los tres órdenes y el dogmatismo va quedando de lado. Y la Universidad, esa herramienta imprescindible del salto cualitativo para ubicar al Uruguay en el mundo del siglo XXI, confiamos que no será ajena al cambio que proponemos. Será uno de nuestros principales esfuerzos.»
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«La sociedad ya perdonó a las FF.AA. y lentamente lo que fue
hostilidad y confrontación, quizás se transforme en amistad»
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– Para un liberal radical como se define Batlle el tema de la represión legal no debe serle un tema cómodo. Abordamos el área de las Fuerzas Armadas afirmándole que las consideramos anacrónicas. La doctrina de la seguridad nacional – le afirmo- se ocupó de ahondar su anacronismo convirtiéndolas en gendarmería política. Usted quiere ubicar a Uruguay en el mundo. ¿No le parece entonces que nuestras Fuerzas Armadas están fuera del mundo? En los países avanzados las FFAA están vinculadas más a la exploración espacial, la electrónica, la cibernética que a la represión doméstica o a la subrogación de gobiernos. Según datos confiables en EEUU sólo el 15% del personal militar tiene responsabilidad de combate. La administración de violencia no es la principal de sus funciones. En lugar de reclutar conscriptos, las armas enganchan científicos y técnicos. Ellas tienen por su estructura métodos y disciplina y una gran aptitud para el trabajo a ritmo forzado. Al tomar por asalto las instituciones republicanas en 1973 se aislaron de la sociedad pero también del mundo. ¿Cómo va a hacer para reinsertarlas, doctor Batlle?
– Fui uno de los perseguidos por esas Fuerzas Armadas, nos asegura Jorge Batlle. «Y quizás el primer político que pronostiqué el golpe de estado a la muerte de mi padre en 1964. Era por ese entonces titular del Consejo de Gobierno el General Oscar Gestido. Nuestro Consejero Ledo Arroyo Torres, cuando impulsé la sustitución del Colegiado por un Poder Ejecutivo presidencialista, me dijo que yo quería regalarle la Presidencia a Gestido. Recuerdo que le contesté a don Ledo que tal como estaban las cosas habría general por votación o general por «botación». Siempre viví con el fantasma del golpe de estado y si me arriesgué a ser el jamón del sándwiche y sacrifiqué la elección del 71 fue porque hice todo lo posible por salvar al país del golpe. Hoy el golpe es historia y las FFAA están internalizando un proceso de reencuentro con la sociedad. No ha sido fácil para ellas ese proceso. Con razón o sin ella se han sentido juzgadas o atacadas o expuestas a un tratamiento de marginalización. Se vuelve ahora a la larga tradición uruguaya de FFAA constitucionalistas que desde 1886 hasta 1973, casi un siglo, no pretendieron participar del poder político. Actualmente cumplieron con el objetivo que les señaló la ley y redujeron sus efectivos más de lo que se les pidió. El «aggiornamento» que propiciamos también les alcanzará. Discrepo sin embargo con usted en que las FFAA no deben tener ninguna injerencia en la seguridad interna. Fíjese en el ejemplo colombiano. Podría la policía colombiana, ella sola, enfrentar al poder narcotraficante, que tiene muchos más recursos que todo el presupuesto militar del Estado y que ha llevado a ese país casi a la disolución nacional. En ese que es uno de los fenómenos históricos más importantes de América Latina hoy, y sobre los cuales ustedes son el único diario que está destinando 2 y hasta 3 páginas diarias para informar, sólo se sale si las FFAA pueden derrotarlos. Las FFAA deben existir y existen en todos los países. Salvo en Costa Rica o en Panamá que tiene una especie de gendarmería. Pero eso tampoco es garantía de nada. Y si no mire a Panamá.
– Yo creo – reflexiono ante Batlle- que la herida abierta por nuestras FFAA en el costado de nuestra sociedad aún sigue abierta porque se cerró legalmente pero una ley no puede cerrar por decreto la realidad. Los culpables no han sido perdonados por los ofendidos que son los únicos que tienen derecho a perdonar
– Pienso que se equivoca me replica Batlle: «La sociedad ya perdonó, y lentamente, no digo de un día para otro, lo que fue hostilidad y confrontación quizás se transforme en amistad. Creo incluso que a partir del 80 cuando convocaron a un plebiscito cuyo resultado les fue desfavorable y lo acataron, las FFAA comenzaron a ser de nuevo aceptadas por nuestra sociedad. Y con el referéndum, ese acto plebiscitario que me pareció bien que se hiciera desde el primer momento, creo que la herida quedó cerrada».
«En pleno Comité Ejecutivo Nacional propuse que firmemos todos los colorados para que así terminábamos con aquella discusión sobre si las firmas alcanzaban o no, que tanto daño le hizo a la imagen del país. Estuvo muy bien que hubiera plebiscito. Fue muy saludable para el Uruguay. Por suerte hubo y también por suerte el resultado fue el perdón.
– Dejamos este tema, cada uno sin convencer al otro, no sin antes preguntarle por qué insiste con Medina para la cartera de Defensa.
– No se demora en la respuesta: «Fue el hombre que condujo a nuestras FFAA al «aggiornamento», a la reinserción y al reencuentro con la sociedad. Es un hombre valioso, pleno de energía y confío en que nos acompañará en nuestra gestión.»
– La represión legal del Estado en manos de las fuerzas policiales es nuestro siguiente abordaje en esta larga conversación. Es un tema crispado por los recientes hechos de notoriedad donde varios detenidos aparecieron muertos en sus celdas, donde el aumento de la delincuencia es notorio, donde la corrupción policial pero también los salarios infrahumanos contextualizan la gran contradicción social aún sin resolver policía y sociedad. Casi todos los Ministros del Interior de Sanguinetti la sufrieron y pagaron con su dimisión los efectos de esa contradicción.
– La respuesta del candidato no se hace esperar: «Todos los ministros, es cierto, con excepción de Manini, porque yo no creo que a Manini le haya costado la vida política las dificultades que tiene el Instituto policial. Y además creo que el doctor Manini ha salido prestigiado de su gestión corno ministro. El problema policial no es sólo el de los bajos salarios sino el de la carencia de una organización profesional idónea. Cuando el policía uruguayo llega a su función porque es el único trabajo posible que ha encontrado usted no está en condiciones de seleccionar, ni entrenar, ni preparar. Falta formación. Recién están ingresando los oficiales surgidos de la Escuela. Si a la falta de formación se unen las características de su actividad, permanentemente en contacto con lo ilícito, lo cual como en todas partes del mundo, los coloca más cerca de la tentación, y si a eso se agregan los bajos salarios, la combinación es un desastre. A todo esto hay que sumar que la droga, el aumento de la densidad urbana y la marginalización de las poblaciones han provocado la presencia de una nueva forma de delito, ante el cual nuestra policía no está preparada. No es tarea de un día. Necesita mucha docencia. A la policía uruguaya no se le ha dado respiro. Durante el régimen militar se vio sometida a una acción muy enérgica y autoritaria de las FFAA que las pasaron a controlar rígidamente y ahora se ven sometidas a una acción a veces injusta de algunos sectores de la sociedad. Es una organización que quedó al finalizar la dictadura, muy desmantelada, muy desarticulada y que aún no se ha repuesto de esa circunstancia. Los excesos policiales deben ser combatidos, pero la mayoría de las veces esos excesos residen en la ausencia- de profesionalismo. Antes los policías llevaban esposas. Ahora no. Y cómo hacen para reducir a una persona ebria, o a un matón que crea desórdenes. Si ahora todo el mundo sabe karate. Entonces tienen que agarrar el palo. Yo soy partidario de volver a las esposas. Será un poco afrentoso, pero al fin y al cabo es mejor eso a que le den a uno 4 o 5 garrotazos en la cabeza para que medio atontado o disminuido físicamente o temeroso de que le vuelvan a pegar se deje conducir. Por eso insisto, con más profesionalismo evitaremos muchos de los problemas que hoy afilien al instituto policial en su relación con la sociedad».
– Llegamos ya al final de la conversación. Desmenuzar en el marco limitado de un reportaje, todo el corpus ideológico de una persona con vocación de estadista implica seguir un orden lógico donde lo internacional queda al final, por más que el mundo estuvo siempre incidiendo en esta entrevista. Incursionamos por lo tanto en ese complejo y rico matizado de la política exterior, tan vasto que sólo privilegiamos algunos tópicos y escasos países.
– El tema es visto rápidamente por Batlle así: «Mantendré la política tradicional exterior uruguaya. Creo que más que una política de partido es una política del país. En materia económica privilegiaremos el GATT. Nuestra presencia allí será permanente y gravitante. Nos va la vida en ello. Y en materia política no nos apartaremos de la OEA. No soy partidario de destruir esa organización sino de mejorarla y reforzarla. El Uruguay posdictatorial continuará abriéndose al mundo y retomando el contacto con las distintas opciones. Pero a diferencia del actual período que ahora termina será la comunidad y no el gobierno la que deberá abrirse hacia el exterior manteniendo la tradicional vocación internacionalista del país. Hasta ahora ha sido el gobierno el que en múltiples viajes ha visitado a sinnúmero de naciones. El gobierno hizo bien pero el próximo presidente no tiene por qué visitar de nuevo todos los países del mundo que importan. Yo no estoy diciendo con esto que imitemos a Gaspar Rodríguez de Francia, metido adentro de su territorio, aislado del mundo. Todo lo contrario, pero si accedo a la presidencia no seré yo el que me pasaré viajando sino los empresarios uruguayos, las organizaciones sociales uruguayas, los docentes uruguayos.»
– La integración – le indico- la hará prioritariamente con nuestros vecinos, nuestros socios naturales, o con los países más desarrollados.}
– Batlle no cree en cierta sociedad natural: «La integración no puede ser una transferencia recíproca de obsolescencias y encarecimientos. Estoy contra la integración de la ineficiencia. Por ejemplo: yo le doy a usted una ventaja desde el punto de vista arancelario en el producto que Argentina me vende a mí y yo le pago al productor argentino con la pérdida de mi impuesto de importación su precio de obsolescencia que le impedía competir con el producto francés. Si el producto francés valía 1 y tenía un arancel del 40%, valía 1.40. Como el argentino valía 1.20 porque es más caro que el francés, más el 40% de arancel, no podía competir. Yo con el tratado de integración le rebajo al argentino el 40%. Entonces usted en lugar de pagar 1.40 paga 1.20 pero decide vendérmelo a 1.35, más bajo que el francés pero mucho más alto de lo que debiera ser. Eso es lo que se ha dado hasta ahora en llamar integración. Yo le vendo a usted una heladera cara y mala y usted, me vende a mí una cocina cara y mala. Nos transferimos nuestra ineficiencia. Vamos a aprovechar con nuestros vecinos las ventajas comparativas, ya que tenemos flete cero, la posibilidad de un sistema aduanero mucho más sencillo y la posibilidad de tener un financiamiento por cuenta de compensación interna de bancos centrales que nos alivien determinados costos financieros. Pero vamos a abrir nuestra integración para salir de esta nefasta integración de las ineficiencias.»
– Tradicionalmente a los colorados se los clasificaba como pro brasileños y a los blancos como pro argentinos. ¿Cómo se ubica Batlle frente a ambos polos?
«Ni en uno ni en otro. Yo no soy anti argentino. Todo lo contrario. Mi padre estuvo deportado en Argentina y yo viví y fui a la escuela en ese país. Mi madre es argentina y de vieja estirpe argentina ya que es chozna de don Cornelio Saavedra. Mi primera esposa también era argentina. Y las conexiones de mi partido son tan importantes con Argentina como las conexiones del partido blanco lo fueron y son con Brasil. Al fin y al cabo Gumercindo y Aparicio fueron caudillos brasileños y se llamaron Saraiva antes de pasar al Uruguay y llamarse Saravia. Es cierto que mi padre tuvo ciertos enfrentamientos notorios con el peronismo. Incluso en un gesto insólito participó como vicepresidente de la República en el acto de proclamación de la fórmula argentina antiperonista Tamborini- Mosca. Y no sólo fue sino que hizo uso de la palabra. Y sin embargo fue el propio Perón el que se entrevistó con mi padre en el medio del río, reconociendo de hecho el condominio sobre la superficie de las aguas, que otros gobiernos no habían reconocido y hasta decían que las aguas que lamían las playas de Pocitos eran propiedad de la República Argentina.»
– ¿Mantendrá, profundizará o atenuará el apoyo uruguayo a la histórica reclamación argentina sobre las islas Malvinas?, lo interrogo.
– «Más allá de las declaraciones políticas, los uruguayos desde el fondo de nuestros sentimientos sabemos que ese territorio por cierto no le pertenece a Gran Bretaña. Mantendremos nuestro apoyo a ese reclamo.»
– Pero usted se declaró partidario de habilitar el puerto de Montevideo para que operara «El Indiana», le contradigo a Batlle.
– Es cierto, aclara el candidato. «Me pareció que no hay ningún motivo para no hacerlo. También Argentina ha abastecido puesto que mantiene relaciones comerciales con países que comercian con Inglaterra y que pescan en aguas llamadas aguas de exclusión. En esta materia no vamos a innovar.»
– Apuesta al éxito de Menem o el fantasma de un peronismo fuerte ronda por su cabeza. ¿Si gana Jorge Batlle la presidencia no teme encontronazos al estilo de Luis Batlle versus Perón?
– «Todas mis cartas a Menem afirma con vigor Batlle. El éxito de la administración Menem en favor del restablecimiento del equilibrio económico y de la paz social es fundamental para América Latina. Y es vital también para restablecer el equilibrio en la región. Antes existía un equilibrio político- económico y social entre Brasil y Argentina. Hoy hay un desequilibrio importante. El producto bruto de San Pablo es similar a todo el producto bruto de Argentina y su tasa demográfica es muchísimo más grande y continúa creciendo. Para restablecer ese equilibrio es imprescindible que Argentina crezca. Si usted se sienta con una persona muy gorda en un sofá y esa persona engorda todos los días llegará un momento en que lo sacará del sofá para afuera. El crecimiento de la economía argentina es expansivo. Le hará bien a Paraguay, a Perú, a Bolivia y también a Chile si este país no hubiera tenido hoy la dimensión económica que tiene y por supuesto también a nosotros.»
– Y hablando del gigante de la región Brasil, ¿a quién prefiere?, ¿Color de Melo o Brizola?
– Si tuviera que elegir, me decidiría por Brizola, que es casi uruguayo. Lo que deseo es que el próximo gobierno brasileño aplique las mismas osadas políticas que yo propongo y que aplicó Paz Estenssoro y está aplicando ahora Menem. No sé si Collor de Melo tiene realmente esa abrumadora mayoría que pronostican las encuestas o si es un fenómeno político artificial creado por la televisión. Pero sea quien sea el presidente le diría que si no modifican esa política cerrada de Sarney (un hombre correcto y de bien pero sin el apoyo en un mundo como el brasileño donde no existen los partidos políticos y que no tuvo la capacidad de convocatoria de Tancredo Neves) no podrá crecer en la medida en que aún puede hacerlo. Brasil está soportando por el peso de esa política la terrible carga de un mecanismo cambiario imposible de ser portador de bienestar. Existe un 80% de brecha entre un tipo de cambio y el otro y hay un sistema de importaciones permanente. Cada importación es una especie de lucha despiadada contra la administración y contra la burocracia. Todo el mundo está pendiente de la subfacturación y de la sobrefacturación lo que hace muy difícil exportar hacia el Brasil. Es un sistema antinatural. Y si así de constreñida la economía brasileña está como está y tiene el volumen que tiene. Imagínese si la suelta. Pero Dios mío…»
– Peguemos un rápido vistazo a– otros hermanos latinoamericanos. Veamos los procesos de Chile, Bolivia, Perú Panamá, México, Cuba y Nicaragua. Le doy a Batlle mi impresión personal sobre ellos.
– Tiene una reflexión para cada uno de ellos. Así la transmite: «Aylwin, no tengo la menor duda, es el representante de las mayorías chilenas y conducirá a su pueblo a buen puerto. Sus declaraciones han sido muy atinadas en cuanto a cómo manejará el proceso de reinserción democrática. Yo no conozco la sociedad chilena. Estuve en Chile sólo una vez durante dos días. Pero digo que es una sociedad dividida porque el plebiscito fue muy ajustado. Un alto número de gente apoyó al actual gobierno. Hay que entender esa realidad y combinar el punto de vista de ambas partes para lograr la paz. De lo contrario pueden volver a tener serias dificultades. Las FFAA chilenas son las únicas de todo el continente que han participado en guerras importantes. Y no creo que Pinochet se vaya a apartar así, de un día para el otro, de los centros de poder. Aunque creo que es un hombre inteligente que ya – advirtió que tiene que ayudar a encontrar los caminos de salida. Yo no creo que sea tozudo. Creo sí que está pidiendo garantías sobre el mantenimiento de determinadas políticas. Y no sé si su presencia no contribuirá de alguna forma en asegurar el afianzamiento del período de transición que deberá conducir Patricio Aylwin.
Pasando a Bolivia debo decirle que es un proceso fascinante. Es la prueba de que no se necesita una dictadura para bajar la inflación. Estaba sometida a un régimen de. tortura económica con guarismos desconocidos en nuestra América del 26 mil por ciento de inflación anual. Y construye un experimento formidable y además sensato uniendo lo que parecía imposible. El señor Banzer, militar golpista de raíces autoritarias, con el señor Paz Estenssoro ideólogo del nacionalismo popular más el señor Paz Zamora portador de una concepción guerrillera y marxista. Los tres terminan transformándose en lo que dicen son los neoliberales. Todo se debe a la fortaleza política y al caudal de riqueza espiritual de Paz Estenssoro, que abriéndole camino a economistas jóvenes y audaces saca a Bolivia hacia adelante. Por eso me extraña que no haya sido invitado al grupo de los 8. Porque si alguien tiene derecho a estar sentado ahí es don Víctor Paz Estenssoro que sin ninguna duda es el hombre más importante que ha tenido América Latina en estos últimos 50 años?
«De Perú sólo decirle que es una locura como están conduciendo ese proceso. Cuando vino acá Alan García me entrevisté con él y le dije: pero dígame una cosa, usted ¿cómo puede estar haciendo lo que está haciendo? Y me contestó: porque yo tengo plata para aguantar un año y en un año voy a desarrollar Perú. Le dije que iba a terminar políticamente deshecho y con Perú en la lona. Qué barbaridad está haciendo me animé a decirle. Si me trata así no vengo más me replicó. Y bueno así son las cosas. Tengo la esperanza de que nuestro amigo Vargas Llosa sea el próximo presidente del Perú. Es un hombre que ha madurado enormemente, que se incorpora a la política latinoamericana y que puede salvar al Perú. Le enviamos a Menem, juntos, un telegrama de felicitación. Por supuesto lo redactó Vargas Llosa.
Pasando a Panamá no puedo dejar de emitir un juicio sobre Noriega. Es absolutamente indeseable. Alcanza con mirarle el rostro. Es un dictador y punto. Me merece la misma opinión que todos los dictadores.
Pasemos a México, que vive uno de los procesos más importantes del continente. La sociedad mexicana es fantástica. De una riqueza y calidad brutal, pero fue siempre una sociedad con un poder muy central. Muy central fue Moctezuma, Hernán Cortes, Maximiliano, Porfirio el introductor del positivismo y hasta el mismísimo PRI. Pero ese centralismo parece estar revirtiéndose. Pero no sólo por las demandas democratizadoras reclamadas por el hijo de Lázaro Cárdenas. Ese proceso lo inició De La Madrid, y lo viene instrumentando Salinas de Gortari. Porque Cárdenas lo que está reclamando es una vuelta a la ortodoxia de la revolución mexicana y Salinas la reincorporación al mundo y el PAN la incorporación a los EEUU. Yo le estoy atribuyendo más méritos a Salinas que al hijo de Cárdenas porque el hijo de Cárdenas evidentemente reacciona contra el centralismo de la decisión política, pero su programa es de tendencia populista y de control de los medios de producción por parte del Estado.
El hijo de Cárdenas quiere libertad, dirigismo económico e intervencionismo estatal. Salinas quiere libertad económica al punto que bajaron los aranceles a un nivel muy bajo e hicieron una apertura muy fuerte. Inclusive tocaron la intocable reforma agraria incorporando al sistema de propiedad a cientos de miles de personas. Tienen un crecimiento demográfico enorme con posibilidades de repoblar en poco tiempo más los antiguos estados mexicanos ahora en poder de EEUU. Tiene 17 millones de mexicanos en el país vecino, y hasta que los norteamericanos no inventen las máquinas de cosechar lechugas van a seguir recibiendo mexicanos porque les falta mano de obra para esas tareas. Y por último quisiera recordar que México es el gran país del refugio y del exilio en América Latina. Son los primeros. Nosotros somos los segundos. Es un país imponente. Tiene un clima que permite dos cosechas por año. Son grandes productores de metales, tienen dos millones m océanos a ambos lados, una riqueza ictiológica impresionante y un turismo de primer nivel. Es realmente imponente».
«Cuba no puede quedar afuera de este vistazo general. Fidel Castro un gallego visigótico, alerta, inteligente, activo, que tuvo la fortaleza necesaria para llevar adelante todo lo que hizo. Pero a mi juicio hacia el rumbo equivocado. Vio cuando usted tiene jugando al ajedrez una pieza que está encalacrada. Uno no la puede abandonar. Fidel no tiene fronteras secas, está aislado, nadie puede entrar ni nadie puede salir. Cambiar el modelo significa reconocer su equivocación. Por tanto en Cuba se sigue hasta que las velas ardan o se le da una mano para hacerle un puente.
Nosotros estamos dispuestos a darle esa mano para reintegrarlos a la comunidad latinoamericana. En Cuba el tiempo del modelo que aplicaron está a punto de terminar. Y habrá que buscar la forma para ayudar a Fidel Castro a reinsertarse.
Tiene dificultades enormes. No han salido del monocultivo. Siguen dependiendo de la venta del azúcar y de un subsidio soviético cada día menos posible. Tiene que salir al mercado de moneda dura y no tienen divisas. Cuando el petróleo era caro vendían el petróleo sobrante en el mercado spot y se hacían de divisas. Pero resulta que el petróleo bajó de precio y el dólar también. Con menores ingresos les resulta cada vez más difícil aprovisionarse. Su única salida es también abrirse, salir del encierro. Les tenderemos la mano que necesitan».
«Sobre Nicaragua soy más optimista. Veo cambios muy profundos erre gobierno nicaragüense. Y el resultado es el desmantelamiento de los contras. Y si eso ocurre es porque alguien está interviniendo en esa desarticulación. Nacieron con fuerzas ajenas y son esas mismas fuerzas ajenas los que los están desarticulando porque el proceso de democratización en Nicaragua ya comenzó. El costo en vidas de esa guerra ha sido altísimo. Pero también creo que la existencia de los contras, en el fondo, fue un elemento que introdujo el factor de negociación para que la democratización irrumpiera en Nicaragua. Yo mi lo veía al amigo Ortega de entrada encaminado a construir un gobierno democrático y pluralista. Y ahora sí, lo veo».
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«La gran revolución democrática fue la norteamericana no la francesa;
no extraño a los demócratas, con los republicanos me entiendo mejor»
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Evidentemente, Batlle no maquilla sus opiniones. Decir eso de los contras en el Uruguay no creo que le acerque votos. Se lo hago saber y lo tiene sin cuidado. Me dice que siempre dice lo que piensa. Es su estilo de vida. Lo insto entonces a decirme lo que piensa sobre la formación social más grande de la historia: los Estados Unidos de Norteamérica. País amigo o imperio sin solidaridades profundas.
– Batlle parece admirarlos: «la gran revolución democrática en el mundo fue la norteamericana, no la francesa. El Uruguay fue fundado sobre las Instrucciones del año XIII. El día que violemos las Instrucciones del año XIII se acabó el Uruguay. Pues bien EEUU fue fundado sobre los principios puritanos del Mayflower. Y ese es su sino. Qué país puede asumir el grave error de Vietnam como lo hicieron ellos. EEUU es el lugar donde se producen las primeras reacciones universitarias en todo el mundo. Mucho antes que el mayo francés, fue el Berkeley yanqui. El mayo francés no es nada comparado con Berkeley».
– Es también – le apunto- el mayor exportador mundial de inflación para nuestras comarcas.
– Bueno sería – afirma Batlle- que no lo fuera. «Para no serlo nos cerraría sus mercados y a ver para dónde estábamos pateando todos. No se olvide que es un país que consume por año 150 mil millones de dólares más de lo que vende. Y qué nos importa a nosotros la deuda externa norteamericana. El desequilibrio presupuestal de EEUU en nada nos afecta. Japón crece igual, Alemania crece igual con equilibrio norteamericano o no. En el aspecto político tanto Carter como Reagan nos ayudaron sobremanera para el restablecimiento de la democracia en Uruguay. Los políticos que buscamos una salida pacífica siempre encontramos la comprensión y el apoyo en la embajada amiga de los EEUU en los duros años de la dictadura».
– Y con Bush ¿también se entenderá bien?
– Muy bien me entenderé con Bush – me explica sin dudar Batlle- y por supuesto que con el senador Edward Kennedy no me podría entender porque no entiende nada. Yo no extraño a los demócratas. Mire, Fasano, con los republicanos es mucho más fácil entenderse.
Los demócratas hablan nuestro lenguaje y son terriblemente proteccionistas. Los demócratas son pacifistas y sin embargo son los que decretaron las grandes guerras. Los republicanos siempre fueron los halcones y sin embargo siempre fueron los que hicieron la paz en las guerras lanzadas por los demócratas. Los republicanos son los férreos capitalistas conservadores y sin embargo su política es la más liberal económicamente hablando y la que permite la libertad total de los mercados. Para nuestra América Latina los republicanos siempre han sido más claros en su conducta que los demócratas. No se olvide que Abraham Lincoln era republicano».
El reportaje llega a su fin. No puedo terminarlo sin preguntarle por lo que considero el acontecimiento político más importante de los últimos 10 lustros: el proceso de democratización soviético. La perestroika que de no frustrarse modificará hasta sus tuétanos el fosilizado edificio intelectual e ideológico del socialismo real. La esperanza de convertir en realidad el milenario sueño de libertad e igualdad entre todos los seres humanos crece a partir de la irrupción vigorosa del pujante Gorbachov. Un estadista que busca la síntesis entre Marx, Lenin y Rosa Luxemburgo. El salto del reino de la necesidad al reino de la libertad pasa a ser posible.
– Batlle mediatiza mi entusiasmo. Sin embargo también él percibe como algo sin precedentes lo que está ocurriendo hoyen el socialismo real. Me dice: «Gorbachov es Pedro el Grande resucitando en el siglo XX. Pedro el Grande hizo en su siglo lo que no hizo nadie por ubicar a Rusia en el mundo, en Europa, en el planeta industrial. Pero tenía una organización social y una conformación política que no pudo desprender del todo a Rusia de ese tiempo feudal y de esa vocación autocrática y totalitaria. Pero Gorbachov lo logrará. Va a tener éxito, aunque tenga dificultades, coyunturales, porque no es él el que impone un camino, él es sólo el que recoge un reclamo. Es el pueblo soviético el que exige cambiar. Él es sólo el instrumento que el pueblo de la URSS ha adquirido para poder llevar a cabo el cambio. Gorbachov ha sido puesto delante de la ola por ese pueblo. Lo que tiene que hacer es ver si el ritmo que lleva es suficiente para que la ola no lo pase por delante. Y también ver de no ir a un ritmo tan rápido, como el de correr en bajada, y las piernas no le den y se caiga. Pero aun así, ya el proceso que desencadenó es imparable. Otro vendrá y seguirá. Porque la máquina soviética ya hoy no funciona más así. Cuántas veces cuando a Gorbachov le dicen que tiene que vender el oro a Zurich para poder pagar el trigo que le compran a los norteamericanos, no agarra el mapa y dice: pero será posible que en nuestro país que ocupa la quinta parte del planeta, con estas tierras de locura no hayamos encontrado la mecánica para hacer una organización de base de nuestro sistema colectivo de producción a partir de la nacionalización y colectivización del bien primario del recurso no renovable que es la tierra. Y con toda la tecnología, con todas las semillas, con todos los fertilizantes y con todos los tractores, no podamos siquiera producir lo que necesitamos, para nosotros comer. El sistema estalló y Gorbachov ha aceptado ser Pedro el Grande redivivo para conducir a su pueblo hacia la nueva Rusia del siglo XXI. Para bien de la humanidad».
Punto final, Batlle. Lo felicito por su constancia, paciencia y aguante. ¿Sabe que fueron 23 horas discontinuadas en total? Qué le pareció volver a enfrentarse con un periodista que lo asedió en el pasado y que hoy sigue estando del otro lado de su trinchera ideológica. ¿No fue el ogro que le pintaron, no?
Jorge Batlle se despide: «Ah, me sentí muy cómodo y muy entretenido. Las 23 horas se me pasaron rápido. No fue un reportaje clásico. Fue una dura discusión sobre el fondo de la vida y la sociedad. Fue más que un reportaje. Fue una conversación importante con un hombre inteligente, con un excelente periodista, sobre las cosas que usted supo muy bien elegir y contextualizar y que yo creo haber contestado a conciencia. Me hizo mucho bien. Fue una confrontación que me obligó a pensar en voz alta sobre multitud de temas polémicos. Incorporé a mi bagaje ideológico muchas viejas ideas que adquirieron nuevas formas. Creo que redondeé sin maquillaje el corazón de mi pensamiento. Aunque me hizo rabiar varias veces no me olvidaré de este encuentro».
– Por mi parte me despido de Batlle explicándole que fue una fecunda experiencia. Acercar al lector la esencia del pensamiento de un candidato, sin estar condicionado por la traumática relación que con él mantuve durante tantos años resultó un desafío cumplido. Otra materia más de las asignaturas pendientes que me propuse rendir al retornar del exilio. Le reconozco su coraje en decir las cosas más antipopulares sin pelos en la lengua y sin mirar a las urnas. Hay que tener agallas para afirmar algunas de las ideas que Batlle deslizó en esta investigación periodística. Le digo que es una lástima que el imponente Chirac que lleva en sus neuronas no deje respirar al Mitterrand que “In altri tempo» anidó en algún rinconcito de los pliegues de su alma liberal.
Su firme decisión de reformar a fondo las fuerzas que se oponen al socialismo, aportándoles el discurso de cambio del que siempre carecieron, y el atractivo de su habilidad y lucidez personal, lo ubican en mi consideración como uno de los más temibles adversarios del socialismo nacional.
Me alejé, deseándole para noviembre en su tercer intento, que de lograrlo piense en ese otro estadista que también apostó porfiadamente tres veces y al conseguirlo demostró desde el poder que el liberalismo económico siempre fue el hijo ingrato del liberalismo político. A no olvidarlo, por si acaso, después de noviembre.