Anonadados y aún perplejos ante el intento «putchista» de La Tablada, que los partidarios de la
impunidad uruguaya, la dictadura chilena y el militarismo argentino han sabido explotar con
celeridad e inteligencia, la prudencia aconseja conocer todos los vericuetos antes de producir el
diagnóstico.
No podemos sin embargo callar o fingir indiferencia ante la conducta política de la izquierda
argentina y algunos sectores uruguayos que optaron por el camino fácil, perezoso y hedonista
de calificar a los guerrilleros de traidores antes que desarmar el delirante soporte ideológico
que los condujo al abismo, arrastrándonos en su caída a todos los que bregamos por
democratizar la vida de estas comarcas tan golpeadas. Cualquier observador que estos días
contempló con horror las imágenes que las telefotos nos mostraban de esas jóvenes vidas,
hombres y mujeres, desechos por los mismos tanques que no exhibieron similar saña contra
Rico y Seineldín, difícilmente pueda deducir que se trataba de traidores a sus ideas
primigenias.
Más que la traición lo que me evocan es el fanatismo. El recuerdo de los siglos en que se
mataba y se llegaba al cielo en nombre del Señor de los ejércitos.
LOS NUEVOS ALBIGENSES DE LA IZQUIERDA SURENA ENFERVORIZADOS POR EL
REDUCCIONISMO ABSOLUTO
¿Acaso el corajudo militante de los derechos humanos de ayer, que corrió todos los riesgos y
amenazas con gallardía, se convirtió de la noche a la mañana en un felón al servicio del
adversario?
El irresponsable error de La Tablada no es traición a la democracia argentina. Es la
«ignorancia» política de los cátaros (katharos en griego significa puro), herederos del
maniqueísmo. Es la ignorancia de los nuevos albigenses de la izquierda sureña cuya ideología
descansa en la idea del reduccionismo absoluto.
Pero la ignorancia no es traición. Combatir la idea cátara y no al hombre puro debió ser la
conducta. El camino que se eligió fue arrojarles su memoria a los mastines golpistas
aprovechando el tiempo que demoraron en devorarla para poder escapar al cerco de la turba
enardecida.
Etica y política van siempre juntas. Esta vez se olvidó el aserto. Y caro pagará nuestra
conciencia por ello.
Conocí en Montevideo a Baños, el abogado destrozado en La Tablada, cuando lo recibí en LA
REPUBLICA y en otras oportunidades cuando telefónicamente le pedíamos confirmación de
noticias vinculadas a los casos de Gavazzo, Campos Hermida y demás integrantes de la banda
terrorista que se ensañó con nuestro pueblo.
BAÑOS NO ERA UN TRAIDOR, ERA UN CATARO, UN PURO, UN INGENUO, CAPAZ DE
DAR LA VIDA POR SUS CERTEZAS
No era un traidor. Era un cátaro, un puro, quizás un ingenuo, dispuesto a todo, capaz de dar la vida por sus certezas. Pertenecía a una especie ya en vías de extinción en esta sociedad de
cálculo y dividendos, políticos y de los otros.
El y los suyos pagaron con su vida el precio de sus ideas. Respetemos su memoria,
alejémosnos de su práctica.
Porque fue precisamente esa práctica delirante y voluntarista, sustitutiva de la decisión
colectiva de la gente la que hoy pone en peligro todos los avances de democratización
alcanzados. Lo que hicieron es políticamente criminal. Producto de una profunda ignorancia, no
de la traición.
Y no menos criminal puede ser la ignorancia que la traición.
«LA IGNORANCIA NUNCA PUEDE SER UN PRETEXTO PARA IMPONER LO QUE SE
QUIERA»
Marx dejó dicho un día, con un inmenso portazo, en casa de uno de los dirigentes comunistas
británicos que «la ignorancia nunca puede ser un pretexto para imponer lo que se quiera”.
Uno de los grandes males de la izquierda en estas latitudes es la obsesión de protagonismo. Al
rasgar un poco los pliegues de las almas irredentas que cayeron en La Tablada no será difícil
encontrar mucho de protagonismo, poco de lucidez política.
Los putchistas portaban el mensaje antimilitarista en la punta de sus fusiles sin percibir que su
acción destrabada como por arte de magia a un Ejército acorralado por la sociedad civil. A un
Ejército incapaz de persuadir y convencer, sin espacio para otra cosa que el uso de la fuerza
bruta.
SE INTERRUMPIO EL PROCESO QUE VENIA COCINANDO A FUEGO LENTO LA
POSIBILIDAD DE PONER A LA CANALLA EN CINTURA
La inmensa mayoría del pueblo argentino, pese a los Rico, a los Seineldín y a sus cómplices
civiles, venía cocinando a fuego lento el proceso que tarde o temprano pondría a la canalla en
cintura. El aislamiento final de los enemigos de la vida sólo puede producirse, con la actual
correlación de fuerzas, en la Argentina y el Uruguay de hoy, mediante la vía de la batalla
política. Aquélla en la que gana el que más convence. Se vivía una guerra política. Optaron por
la guerra militar. Ni siquiera eligieron la guerra popular. Confundieron guerra militar con guerra
popular. Los efectos están a la vista. Sólo las guerras populares protegen a sus cuadros
dirigentes y no por azar ninguno de los 49 miembros del Comité Central del Frente Nacional de
Liberación vietnamita fue hecho prisionero o muerto en el campo de batalla.
Apostaron todo a la fuerza de su voluntarismo probado.
Atribuyeron virtudes taumatúrgicas al fervor y al heroísmo. Qué difícil es desligarse de pre
conceptos, dogmas, verdades guías que nos acompañaron durante un período que abarcó
largos años. Olvidaron lo que son el alfa y el omega del revolucionario de cualquier época: el
heroísmo es una virtud pero su principal virtud no puede ser otra que su vinculación con las
masas.
Reprodujeron trágicamente hoy los errores de antaño: el héroe en la escena y las masas en la
platea. Recorrieron sigilosamente un camino ya conocido: el tránsito del «yo creo» al «yo decido
por los demás» para terminar finalmente en el «yo decido sin los demás».
LA FASCINACION IRRESISTIBLE POR LA ACCION DIRECTA: HEGEL LE GANO OTRA VEZ
AL FORMIDABLE MARX
No dudo que el motor que los llevó al holocausto fue alimentado por la fascinación irresistible
por la acción directa. Esa misma fascinación que cuando se convierte en fin en sí misma,
culmina casi siempre, en la miseria ideológica.
La historia está llena de aleccionantes ejemplos.
Cuando el socialista Benito Amilcare Andrea Mussolini (su padre lo bautizó así en honor de
Benito Juárez, del internacionalista Amilcare Cipriani y del primer diputado socialista italiano
Andrea Costa) descubre a Sorel, un maestro de la acción, un maître-a-agir, hace sus maletas y
parte hacia el fascismo, espacio paradigmático de la acción. Hegel le había ganado otra vez a
Marx. Y la historia de Europa giró bruscamente durante dos décadas. Para Hegel sólo la acción verdadera conduce al pensamiento verdadero. Para Marx sólo el pensamiento verdadero
conduce a la acción verdadera.
Nuestros héroes de La Tablada, hegelianos sin saberlo, tomaron prestada la práctica del
fascismo que querían destruir.
La alucinación de la acción directa combinada seguramente con infiltraciones y emboscadas de
todo tipo los llevaron a jugar con fuego en las ígneas praderas secas de la Argentina de Rico y
Seineldín. Fueron consumidos por ese fuego. Y no dejaron semillas; la de los que se van sin
irse…
Por amor a la vida, para que no triunfen los enamorados de la muerte, por nuestra democracia
herida, por la justicia pendiente del plebiscito de abril, no olvidemos esta lección amarga…