Un periodismo sin iglesias ni partidos para intentar construir juntos la hazaña de la comunicación humana

A esta empresa los convocamos. Una empresa de la razón y la imaginación serán
nuestra medida y esa medida será nuestra fuerza y nuestro espejo
Ante el estremecimiento social y cultural que implicó la irrupción de la dictadura militar en la
historia de la Nación, tiñendo les certezas de justicia y cambio con la sangre de quienes las
postulaban, este diario nace para ayudar a abrirle paso a un proyecto nacional que restañe las
heridas, internalice profundamente la experiencia vivida y contribuya a fecundar la raigal
vocación de libertad y justicia de uns país traumatizado por la pesadilla autoritaria.
¿BALAS… O INFORMACION Y PERSUASION?
El modelo hegemónico en nuestra sociedad lastimada y desigual, aunque casi exhausto, no
puede modificarse en el siglo de la cibernética, -donde las guerras no se ganan ya más con
balas sino con información y persuasión-, si no se cuenta con medios de comunicación de
masas.
El mundo de antaño dirimió sus conflictos apelando a la fuerza y a la persuasión, a la espada y
a la cruz. No era poca cosa, pero no es casi nada comparado con la formidable maquinaria
ideológica, cultural, informativa y tecnológica con la cual el sistema cuenta para violar la
conciencia colectiva de los pueblos, convenciéndolos de la necesidad de asegurar la vigencia
de los valores de la dominación. La variedad y alcance de los sofisticados y refinados medios
que emplean para encuadrar y controlar a los pueblos, reforzando las tendencias al
conformismo, a la resignación y a la aceptación del mundo tal cual es, nada tienen que ver con
los métodos del pasado, donde la dominación se asentaba por la fuerza de la espada y el
temor a la condenación eterna, donde la guerra de la información no ocupaba un lugar
privilegiado, donde el consenso no figuraba en el diccionario político de la época.
Como bien apunta Portantiero el progreso de la técnica ha cambiado las bases sobre las que
se constituía el poder de unos hombres sobre otros: el monopolio del saber, de la información,
pesa hoy más que el de la propiedad.
Hoy todo cambió y es más difícil que antes derrotar al enemigo de la vida y de la libertad con
los métodos tradicionales. «Sólo ganará quien domine las superestructuras, quien convenza en
la lucha ideológica, quien se impongan los medios de comunicación, en la cultura, en la
instrucción, en el arte, en la fe religiosa.
De ahí la necesidad de poseer una sólida voz cotidiana, capaz de acotar el virtual monopolio
informativo, aún en poder de los adversarios de esa milenaria utopía humana de libertad e
igualdad.
Cayó la tiranía pero aún persiste el sistema informativo que le sirvió de soporte
Hoy ya nadie niega el valor estratégico que para la subsistencia de un modelo de acumulación
y dominación significa el disponer de medios de prensa, escritos o audiovisuales.
Cayó la tiranía pero aún persiste el sistema informativo que le sirvió de soporte, le aportó las
únicas migajas de consenso que pudo exhibir en estos años de felonía, y le sirvió, aunque
vanamente, de aparato ideológico reproductor del autoritarismo.
Esa fue la tarea antihistórica que algunos medios de comunicación uruguayos ejercieron
durante el régimen de facto contra el cuerpo social atormentado.
Pocas veces ha habido tantos lectores ansiosos y exigentes, pero pocas veces también el

sistema informativo ha estado tan por debajo de las necesidades y expectativas de la sociedad
La sociedad que durante más de una década había sido «educada» por estos medios que
cotidianamente le explicaban los peligros del disenso, que buscaban desacelerarla y
congelarla, que llevaban a cabo un esfuerzo estéril para insertarla en el nuevo orden, reaccionó
con terquedad, porfía, altivez y finalmente probó ser inmune al chantaje y a la manipulación.
De esta confrontación la sociedad salió indemne y ciertos medios de comunicación moribundos
y desprestigiados.
Pocas veces ha habido en el país tantos televidentes y oyentes receptivos, tantos lectores
ansiosos y exigentes. Pero pocas veces también, el sistema de comunicación ha estado tan por
debajo de las necesidades y expectativas de información de la sociedad.
Mientras el país todo se dispone a cambiar impulsado por las urgencias de las mayorías, el
sistema de comunicación acomoda su discurso y archivando su proyecto autoritario, pasa a
defender el statu quo retardatario para cerrarle el paso una vez más a la vocación renovadora y
democrática que hoy es mayoría en la Nación.
UN PERIODISMO DE NUEVO TIPO
Por todo ello en los primeros lugares del orden del día de la sociedad democrática inscribimos
nuestra intención de construir un proyecto de periodismo de nuevo tipo para disputarle
hegemonía en liza justa y franca al circuito informativo tradicional.
La televisión y la radio implican por el momento un proyecto no posible para las fuerzas de la
renovación. Al margen de los cuantiosos recursos necesarios para acceder al circuito, la
información audiovisual es una pieza demasiado sensible para la sustentación ideológica de la
Nación, como para que la dominación permita el acceso a ellos sin trabas ni obstáculos
indirectos.
Un órgano de prensa escrita, sí es posible. Y a su construcción convocamos a todos los
sectores democráticos y renovadores.
Es hora ya de no esperar más para intentar modificar la correlación de fuerzas con el
adversario del cambio, refugiado en un sistema informativo que durante todo el siglo
monopolizó las voces de la sociedad uruguaya.
Derrotados moralmente por su complicidad con el régimen de facto, derrotados
profesionalmente por la chatura, frivolidad y el escapismo de sus productos, derrotados
políticamente por la disminución de su penetración social y vulnerados económicamente por la
síntesis de todos los retrocesos descritos, los representantes más conspicuos del sistema
informativo no aciertan a encontrar el camino de su adecuación a la nueva realidad.
La competencia informativa, característica de la prensa libre de nuestro país, fue sustituida por
el boletinaje oficial casi sin disimulos
Es que fueron tantos años de llenar página tras página sin decir nada que importara a la
sociedad, glosando el discurso militar y tratando de vulgarizar los boletines oficiales, que la
costumbre ha encallecido los reflejos que se necesitan impostergablemente para poder
reaccionar ante las demandas de la sociedad pos-dictatorial.
Fue y es un sistema informativo incapaz de generar un poder democrático propio. Vivió y creció
siempre en torno al poder establecido. Fuera éste político o económico o ambos a la vez. Fue
el jugo gástrico del régimen autoritario, intentando licuar la indigesta ideología que le tocó en
suerte rumiar y masticar.
Al sustituir el «ejecutivo estratégico» de la dictadura la vieja información liberal por la doctrina de
la guerra psicológica y el rumor, la mayoría del sistema informativo consintió en ser vehículo del
nuevo ordenamiento desencadenado en la sociedad lo que siempre libera el rumor:
sentimientos primitivos de miedo, pavor, odio…
La competencia informativa, característica de la prensa liberal de nuestro país fue sustituida por
el boletinaje oficial casi sin disimulos.
LA PROVISORIEDAD DE NUESTRAS CERTEZAS
Pese a que el sistema de comunicación no concita hoy la fidelidad y la simpatía de la

población, la tarea de disputarles hegemonía no será fácil, ni cómoda, ni podrá ser la
reproducción de esos milagros de supervivencia, valentía y honestidad que en forma más o
menos artesanal, basados fundamentalmente en la difusión de ideas y en la improvisación,
surgieron con vigor en el período de «apertura» para enfrentar con éxito a un régimen que
preparaba ya sus exequias finales. El fenómeno de los «semanarios» tan rico en derroche de
energías y talentos, no puede modificar la situación desigual que se vive en el sector
informativo.
Y no será fácil, entre otras cosas, porque esta apropiación fraudulenta de carácter privado de
un bien de primera necesidad cual es la información, monopolizado por los grandes medios, es
persistentemente negada por el denominado cuarto poder, el único de los poderes no elegido
por nadie y también el único que no rinde cuentas a nadie de sus actos.
Y tampoco será fácil porque aún son muchos los que de buena fe consideran a los grandes
medios aliados y amigos, que por una módica suma de dinero y en algunos casos
gratuitamente, les mitigan sus horas de ocio con entretenimiento espectacularizado y les
brindan información «objetiva»y «neutra» sobre los acontecimientos del mundo en que habitan.
Comprendemos esta situación, los mecanismos que la producen y la magnitud del proceso de
enajenación colectiva en que se insertan. Pero también sabemos que las estratagemas de la
alienación finalmente son descubiertas. Como toda estratagema. Como toda falsificación.
Tampoco los obreros reconocieron en su momento, en la mercancía, su propia fuerza de
trabajo que la hizo posible. Hoy ya son legión los que exigen el encuentro natural entre
productor y producto. Este gigantesco proceso de falsificación de la realidad, generador de una
falsa conciencia, reductora de esa realidad, que inserts en los individuos la visión inversa de lo
que sucede, afirmando la defensa de la libertad de prensa cuando de lo que se trata es de
censurar la participación de la sociedad toda, consideradas objeto y no sujeto de la
comunicación, sólo podrá ser modificada produciendo el contramodelo que lo exhiba y lo
desmitifique.
La tarea se ve facilitada ante el desmoronamiento de muchos de los edificios intelectuales que
hasta no hace mucho imaginábamos inconmovibles
Las corrientes democráticas de la participación, el pluralismo y el cambio hoy pueden y deben
sumar fuerzas, superar mezquindades, pensar con altura de miras, olvidar agravios, producir
generosidades, mirar el bosque, y apoyar la construcción de la herramienta estratégica que
proponemos.
La tarea se va facilitada ante el desmoronamiento de muchos de los edificios intelectuales que
hasta no hace mucho imaginábamos inconmovibles y definitivos. La dictadura fue un vendabal
que sirvió para probarnos la provisoriedad de nuestras certezas y pronósticos.
Historias colectivas y saberes individuales combinarán en nuestro diario pasiones y razones
para ingresar en la aventura que como apuesta central tiene nada menos que la verdad
escondida y disimulada.
NUESTRA PROFUNDA AUTOCRITICA
¿Pero cuál proyecto?
¿Acaso la reproducción de aquellos vigorosos diarios de masas Extra, De Frente, Democracia,
Ya, por mencionar solo los que más quise, que en lucha desigual enfrentaron la dictadura
constitucional de Pacheco Areco, ocupando los primeros lugares de is circulación nacional,
desapareciendo uno tras otro, para volver a reaparecer de las cenizas, hasta que la fuerza y la
saña inaudita con que fueron perseguidos cerraron un capítulo sin precedentes en el
periodismo nacional?
No es nuestra propuesta para el Uruguay pos-dictatorial de hoy.
El lecho del río es el mismo más no las aguas que durante tantos años lo transitaron. No fue
una laguna de aguas estancadas. Fue un río torrentoso que se llevó muchas cosas de nuestro
pasado.
Nuestro periodismo sirvió para muchas cosas, pero no para esclarecer los acontecimientos que

nos envolvieron dramáticamente
Con Pacheco debimos infiltrarnos en el proyecto periodístico dominante, combatiéndolo con
sus propias armas. Fue así que apelamos a lo concreto, lo inmediato, al acontecimiento y sus
actores, a la entrega pronta, al lenguaje nervioso, al dramatismo de los hechos. Lo excepcional,
lo anecdótico, lo anormal, lo impactante: ahí estaba la fórmula. Elementos a menudo
superficiales y a veces inconexos de la vida social ocuparon un espacio que no les
correspondía por derecho propio. En cierto sentido incumplimos parcialmente con la misión
central que nos habíamos impuesto: explicar, hacer entender, precisar las raíces de los hechos,
definir sus consecuencias. Para cierta prensa el país sólo tiene historia de a ratos, lo exhibe sin
contexto, sin raíces, privilegiando lo actual y lo inmediato, lo sin historia. La peligrosa tarea de
jugar con las armas del adversario no pocas veces nos hizo caer en la reproducción de lo
mismo que pretendíamos erradicar. Nuestro periodismo, en lenguaje de Arlt, fue como un
«cross» a la mandíbula de la sociedad dormida. Ayudó a despertarla. Fue un mérito. ¿Pero
acaso le enseñó, la preparó, le explicó cómo defenderse del horror que se avecinaba? ¿O más
bien la desarmó aún más en el clima de exitismo y arrogancia ingenua que contribuimos a
producir? Por momentos nuestro periodismo fue implacable, pero también duro e inútil como lo
son las piedras que se tiran en los estanques, y se hunden sin dejar más huella que efímeros
círculos desvanecidos.
Nuestro periodismo sirvió para muchas cosas, pero no para esclarecer los acontecimientos que
nos envolvieron dramáticamente. Nuestra provocación ética no se convirtió en nutriente
transformadora. No aprendimos de Gandhi, que con las solas armas de su provocación moral
independizó a su gente.
Es nuestra profunda autocrítica.
«TRIUNFA QUIEN LUCHA NO QUIEN GIME»
Pero nuestra satisfacción también es profunda Fuimos parte de la conciencia crítica de una
sociedad que no se amilanó ante el desborde autoritario. Fuimos golpeados sin misericordia
pero también vivimos las mieles de la gratificación Indira Gandhi no dudó en afirmar
públicamente que Extra era el único diario digno de mencionarse en el Uruguay de esas
épocas. Nos constituímos en el paradigma del periodismo de la resistencia: resistimos a la
nada, a la regresión y a la muerte que comenzaba a habitar en la República. No caímos en
legítimos tacticismos para evitar la sanción. Dijimos nuestra verdad aún a sabiendas de la
penitencia inclemente. Salvamos cl honor de la sociedad reprimida. El «Triunfa quien lucha, no
quien gime» no fue una mera consigna ostentada con altivez por nuestros diarios.
Fuimos parte de la conciencia crítica de una sociedad que no se amilanó ante el desborde
autoritario
Fue una conducta mantenida frente a toda adversidad. La ética que nos movía nos hacía
temerarios y no dudamos en exponernos frente al déspota pronunciando nuestro disenso
corajudo ante los fusilamientos de Pando, cuando la sociedad parecía mirar para el costado y
nuestra voz solitaria salía en defensa de los prisioneros abatidos: «Ni delincuentes ni
maleantes. No seamos jueces draconianos que se desgarran las vestiduras enjuiciando a sus
propias víctimas. Solamente las aves de rapiña se ensañan en los ojos que han quedado fijos
por mirar el horizonte…» Zelmar Michelini en pleno Parlamento nos brindó el mejor premio de su
verbo encendido: «De frente, el gran diario de la dignidad». Y tampoco se nos oculta, más allá
de las autocríticas que aún restan formularse, la profunda satisfacción de haberle aportado a la
democracia oriental, el instrumento de información poseedor del más vasto auditorio obtenido
por las fuerzas del cambio en el país.
Resistimos a la nada, a la regresión y a la muerte que comenzaba a habitar en la República
El influyente The Economist británico no dudaba en afirmar: «el caudal electoral de la izquierda
aumentó debido a la difusión del periódico De Frente. Pero satisfacciones y autocríticas, ambas
ciertas y legítimas, nos impulsan a no acomodarnos en el anclaje del pasado y superando
perezas, asumiendo nuevos riesgos, nos proponemos aportar con ojos nuevos el granito de

arena para contribuir a modelar el proyecto democrático del presente.
¿PERIODISMO DE OPOSICIÓN O DE RUPTURA?
Porque con Quijano creemos que sólo hay dos partidos: «uno de avance y otro de inmovilismo».
Uno el del cambio y otro el del statu quo. Uno el de la renovación, otro el de la fosilización. Y
también creemos que esos dos partidos dirimen su batalla en el seno de todas y cada una, sin
excepción, de las fuerzas políticas organizadas que hoy edifican el consenso y el disenso
social. Nuestro proyecto se afilia sin titubeos al partido de la renovación, del cambio, del
avance.
Nuestra misión será fortalecer la capacidad de réplica de la cultura subalterna y disminuir hasta
donde nos sea posible la influencia de la cultura hegemónica
¿Será entonces el nuestro un periodismo de oposición?
Preferimos definirlo como un periodismo de ruptura. Oficialismo u oposición no son los dos
partidos que se enfrentan en esta gran batalla por la renovación. Ruptura o statu quo sí.
Dominación o resistencia también.
Este proyecto se encuentra instalado en la trinchera de la cultura subalterna enfrentado hasta
el final a la cultura hegemónica. Nuestra misión será fortalecer la capacidad de réplica de la
cultura subalterna y disminuir hasta donde nos sea posible la influencia de la cultura
hegemónica. Nuestra razón de ser, la razón de ser de la cultura subalterna es resistir, como la
razón de ser de la cultura hegemónica es dominar, siempre dominar.
Esta definición raigal conlleva el compromiso plural en sus entrañas e implica descartar el
proyecto como un proyecto de la izquierda uruguaya, un proyecto simpatizante del Frente
Amplio y sus aliados.
Un diario no es un mediador político. Es un mediador social. Está al⠀ servicio del conjunto de la
sociedad y sus problemas
No negamos nuestra condición de periodista de izquierda, adherente independiente del Frente
Amplio del Uruguay. Por esa condición fuimos perseguidos, conocimos la prisión, la
confiscación, el secuestro, la difamación y finalmente la destitución trascendental del ser
humano, que no otra cosa es el destierro. Nos sentimos orgullosos del proyecto de vida y
sociedad de ciudadanos iguales que compartimos con centenares de miles de uruguayos que
brindaron su vida, su libertad y lo mejor de sí mismos por la transformación de esta sociedad
básicamente injusta.
Pero no confundimos un diario con una organización política. Un diario no es un medidor
político. Es un mediador social. Está al servicio del conjunto de la sociedad y sus problemas. Al
servicio del partido de la renovación integrado por ciudadanos colorados, blancos,
frenteamplistas, cívicos y muchos otros que desean para sus hijos un Uruguay digno y mejor.
No caeremos en la tentación de acudir a la violencia de la palabra que nubla el entendimiento:
nos ayudaremos con la fuerza del pensamiento. No hay proyecto plural sin respeto al
adversario
El diario que proponemos será independiente y plural en su fronda y en sus raíces o no será.
Y nuestro pluralismo no será una estratagema sino la base central de nuestra producción.
Nuestro proyecto intentará hacer el amor con la historia y no con nuestros propios discursos y
creencias. La historia, creemos, no obedece a un solo dios sino que es el resultado de un
politeísmo de los valores. Fracasó la concertación política pero quizás no frachseel esfuerzo de
un periodismo concertante entre todas las fuerzas de la renovación, encuéntrese donde se
encuentren, cuyo eje sea el tratamiento plural de ese bien social de primera necesidad que es
la información, sin cuya puesta en común no hay Nación que pueda desarrollarse y crecer con
madurez.
Puesta en común que incluye al adversario del cambio porque la información no puede ser
propiedad de nadie. Y ante el embate de nuestros formidables adversarios históricos, hoy
hegemónicos en el circuito informativo, no caeremos en la tentación de acudir a la violencia de
la palabra que nubla el entendimiento: nos ayudaremos con la fuerza del pensamiento. No hay

proyecto plural sin respeto al adversario.
Un periodismo que ayude a comprender y a reconocer lo que está tras la información, sus
bambalinas, entretelones e incógnitas
Un proyecto de diario en el cual se den explicaciones y no consignas.
Un diario de información pero también y sobre todo de explicación. Un diario irrespetuosamente
serio al par que irreverente que no confunda seriedad con solemnidad, grasitud, confusión.
Nuestro lector tiene que tener la certeza de saber más que el lector de los diarios
convencionales
Un diario legible, comprensivo, no aburrido, porque como decia Voltaire todos los géneros son
buenos salvo el que se especializa en aburrir al prójimo. Un periodismo ajeno a todo panfleto
que sepa respetar al lector aportándole una información ya procesada y en lo posible reducida
a lo esencial: una información contextualizada con el máximo posible de elementos
interpretativos. Que ayude a comprender y a reconocer lo que está tras la información, sus
bambalinas, entretelones, incógnitas.
AYUDAR A VIVIR Y A PENSAR
La clave estratégica del proyecto estará en el “valor agregado» que le añadiremos a nuestras
noticias y opiniones. Nuestro lector debe sentirse más profundamente informado que los
demás. Es preciso crear en nuestro lector la impresión de que nuestro diario de 40 páginas
contiene más y mejor material que un diario de más páginas. Es preciso que no haya en él
nada indigno de ser leído. Nuestro lector tiene que tener la certeza de saber más que el lector
de los diarios convencionales.
Un periodismo confiable donde la evidencia sea nuestra norma de conducta. Donde todos los
hechos y los procesos sean sometidos al rigor de la verificación. Aunque en la tarea debamos
dejar por el camino la gratificación fascinante de la publicidad de una primicia, que sabemos
cierta pero que aún no pasó del estadio primario de la hipótesis.
No cederemos a la tentación de la retórica populista que mueve a la gente como se mueve un
paquete, pero que no la moviliza como seres inteligentes
No desdeñamos la primicia. En el pasado, privilegiar las grandes primicias permitió en parte los
éxitos obtenidos. Pero este proyecto no puede basarse únicamente en esa metodología. El
afán por la primicia conspira a veces contra la necesidad de ofrecer una información más
completa y contextual.
Nuestro respeto por el lector implica también no ceder a la tentación de la retórica populista,
vendedora de grandes primicias, que mueve a la gente como se mueve un paquete, pero que
no la moviliza como seres inteligentes. Porque queremos ayudar a vivir y a pensar, no a
domesticar la inteligencia de los demás.
Nuestros periodistas intentarán actuar como científicos de la información, reuniendo y
analizando la máxima cantidad posible de pruebas para que las hipótesis puedan verificarse y
así poder convertirse en noticia. Porque intentamos brindar conocimiento, no satisfacer
curiosidades.
Un proyecto que recupere para la sociedad el perdido gozo de ba leer diarios.Un gozo añorado
que ya no pertenece al paisaje social uruguayo
Nuestros periodistas observarán los hechos como fases de procesos sociales en marcha.
Cualquier hecho, desde un partido de fútbol, un discurso político, la desaparición de un gran
líder o hasta la inauguración de una estatua es un síntoma tras el cual se oculta un proceso de
desarrollo, ya sea negativo o positivo. Nuestros periodistas se esforzarán por poseer suficientes
conocimientos para aprehender los sucesos como elementos reveladores de procesos,
atribuyendo significación tanto a uno como al otro. Porque en definitiva periodismo es cultura y
cultura no es otra cosa que el proceso mediante el cual la información se transforma en
significación.
Respetaremos el tiempo del lector mediante el procesamiento y ordenamiento de la
información. El máximo de información en el mínimo espacio será uno de nuestros objetivos

editoriales. Cada línea una información; cada párrafo una interpretación: he aquí el modelo. Si
un párrafo puede ser escrito con menos palabras de las que tiene, hay que escribirlo de nuevo.
Un proyecto para construir un diario inusual en Uruguay, para el cual hoy creemos existe un
público creciente de lectores. Un proyecto que altere los hábitos de escritura, producción y
modalidad empresaria de la prensa uruguaya. Un proyecto que recupere para la sociedad el
perdido gozo de leer diarios. Un gozo añorado que ya no pertenece al paisaje social uruguayo.
Hay órganos de prensa que no es necesario leerlos: siempre se sabe lo que van a decir y sobre
todo lo que no van a decir. No seremos uno de ellos
Un proyecto de diario vinculado con honestidad a la estructura de la realidad. No nos
adueñaremos ni manipularemos la estructura de la realidad. Nos aproximaremos a ella. Esta
conducta nos conducirá a fabricar un diario donde el factor sorpresa estará siempre presente.
Nuestro lector nos podrá intuir pero a ciencia cierta no sabrá de antemano lo que vamos a
decir. Será éste nuestro compromiso con la verdad, que es tan cambiante como cambiante es
la estructura de la realidad. Hay órganos de prensa que no es necesario leerlos: siempre se
sabe lo que van a decir e informar y sobre todo lo que no van a decir e informar. No seremos
uno de ellos. Seremos, eso sí, disidentes de la mentira sabiendo que la verdad, por sí sola, no
es verdad.
Que la verdad abstracta no existe. Que todo depende de quien la dice, con quien la dice, dónde
la dice y qué antecedentes la rodean.
Nuestra profesión de fe será el examen, la duda, el sin embargo, privilegiando el «yo sé» sobre
el «yo creo»
Un proyecto de diario que sea fuente permanente de crítica y autocrítica, cuya profesión de fe
sea el examen, la duda, el sin embargo.
Privilegiando el «yo sé» sobre el «yo creo» que predomina en nuestros medios de comunicación,
conscientes de que sin la duda como método no hay posible hacia el conocimiento.Hacemos
nuestras las tres recomendaciones kantianas: no aceptar nada sin examen; no tener en cuenta
ninguna autoridad sea la que sea; examinar todo con los propios ojos y examinarlo hasta el
fondo.No ignoramos que corremos el riesgo de ser acusados de organizadores contumaces del
escepticismo colectivo. Para nosotros la tarea será sí, organizar el escepticismo pero sólo para
construir un optimismo basado únicamente en la realidad, la verdad, la evidencia, que
finalmente es el único optimismo que vale la pena vivir.
Sin temor a los territorios sagrados, a los respetos reverenciales, a los tabúes, al chantaje de
los prestigios, a los objetos de culto, a los que buscan la revolución, el partido o la vanguardia
como si fuera una pila de agua bendita
Un periodismo que se infiltre en la sintaxis oficial, en la información oficial, en la cultura oficial,
en el entretenimiento oficial, para subvertirlo profundamente, entendiendo por subversión no el
delito tipificado por la norma sino la franca y leal lucha cultural contra el inmovilismo y el statu
quo.
Pero que también, mirándose hacia sí mismo, de este lado de la trinchera, donde se
encuentran las fuerzas de la renovación, leales por sobre todas las cosas a la construcción de
la sociedad de ciudadanos iguales que proponemos, no titubee en declarar la guerra frontal al
sectarismo, a la escolástica, a los espíritus pontificiales, a los custodios del dogma, a los
especialistas de la pira y el auto de fe. Sin temor a los territorios sagrados, a los respetos
reverenciales, a los tabúes, al chantaje de los prestigios, a los objetos de culto, a los que
buscan -y los hay en todas las organizaciones- la revolución, el partido o la vanguardia como si
fuera una pila de agua bendita.Quizá uno de los fenómenos más difíciles de superar será
sobreponerse a ese estado emocional colectivo que provoca una intimidación tendiente a
incinerar toda reserva, uda o crítica sobre organizaciones y dirigentes, compañeros, aliados. No
se atreve uno a expresar lo que piensa y se llega a persuadir a sí mismo de que está
equivocado. Esa autointimidación a quien menos sirve es al crecimiento y madurez de los
propios militantes de la vida. Negarse a esa crítica de nuestras propias fuerzas, con respeto,

contexto y buscando explicaciones y respuestas es negar el desarrollo de la única levadura con
que contamos para transformar nuestra sociedad.
POR EL PARTIDO DEL CAMBIO
Y es en este camino, de síntesis, de afirmaciones que encierran su propia negación, que el
proyecto deberá rescatar también las banderas del liberalismo político que durante décadas
ejerció el periodismo del capitalismo primitivo, traicionado luego por los medios de
comunicación del capitalismo salvaje que hoy se practica sin prador.El capitalismo naciente
necesitó en sus orígenes hacer eje en el liberalismo político proclamando las libertades
públicas, la igualdad cívica de todos los seres humanos, el irrestricto ejercicio de los derechos.
Era la forma más adecuada de derrotar al sistema feudal en decadencia, su adversario
histórico en el poder. Sc podrá decir que la burguesía se vio obligada a masificar la cultura para
llevar adelante su modo de producción, pero lo cierto es que el capitalismo parió en sus inicios
una cruzada alfabetizadora, consagrando la escolarización obligatoria y gratuita en forma tal
que modificó de raíz el secular atraso en la materia. En el pasado los medios de comunicación
no censuraban porque necesitaban apoyar el proceso de superación del analfabetismo de las
masas para que el proletariado pudiera insertarse en el maquinismo naciente. Jugaron un papel
progresista y alfabetizador, eliminando toda censura e inscribiendo en el proceso a los medios
de comunicación con una visión tolerante y libertaria.
No dejemos en manos de la prensa seudo liberal de hogaño las viejas banderas del liberalismo
político de antaño. No les pertenecen. Son del partido de la renovación
Consolidada esta etapa, el liberalismo político fue cediendo paso al liberalismo económico, así
como la libertad de prensa fue cediendo paso a la libertad de empresa. La utopía política de la
igualdad jurídica entre ciudadanos económicamente desiguales dejó paso a la democracia
pragmática, basada en el consumo y la producción. El principio que legitimó y obtuvo consenso
para la democracia demoliberal cambió abruptamente de eje. La soberanía de la empresa
privada, el libre cambio, el libre comercio, la libre empresa, la libre inversión, la libre
acumulación, la libre explotación, la libre exportación de utilidades fueron sustituyendo a las
libertades ciudadanas en un proceso de censura creciente a la sociedad en su conjunto.
Culminada la primera etapa difusora y alfabetizadora, negaron toda participación real,
mantuvieron su criterio liberal, pero cancelaron toda idea de democratización, es decir,
liberalizaron, pero no democratizaron los medios. Y lo que es peor aún, abandonaron las viejas
banderas del liberalismo político, vinculadas con el humanismo, con la soberanía popular, con
las libertades públicas, con las garantías constitucionales, con el derecho a la información,
sustituyéndolas por un liberalismo económico más cerca de la libertad de inversión, el derecho
a la acumulación, la soberanía de la empresa privada.
No dejemos en manos de la prensa seudo liberal de hogaño las viejas banderas del liberalismo
político de antaño. No les pertenecen. Son del partido de la renovación.
También son banderas que se insertan -por qué no- en la vieja tradición liberal del marxismo
primitivo cuando Marx y Engels se batían con pasión frente a las concepciones autoritarias y
estatizadoras de Lasalle.
No reproduzcamos el extraño espectáculo del pasado cuando las fuerzas del cambio, siendo
las mayores democratizadoras de la historia del país, cedían convencidas las banderas de la
democracia formal precisamente a los enemigos de toda democracia. Extraño masoquismo que
tanto contribuyó a los retrocesos de estos años.
No caeremos en la ingenuidad de creer que sólo nos separan las formas, tácticas, estilos, en
fin, la manera distinta de hacer y proponer las cosas. No es cierto. Lo que sigue estando en
cuestión es el qué y no sólo el cómo…
Pero el rescate del liberalismo progresista traicionado por sus epígonos conservadores de hoy,
no nos puede llevar a ceder a la presión ética, hoy de moda en el Uruguay pos-dictatorial, que
apoyado en una verdad indubitable- «peor que la dictadura nada puede ser»- exige el sacrificio
de toda crítica en el moloch del optimismo y la esperanza que pregona el régimen conformista.

Sin pensamiento crítico, que lo modele, el optimismo y la esperanza son sólo hábiles recursos
para perpetuar la dominación, esta vez disfrazada de buenos modales.
En esa trampa no caeremos. Aunque quedemos solos.
UNA EMPRESA DE LA RAZON Y LA IMAGINACION
Hoy más que nunca es necesario detenerse en la tarea desmitificadora.
Es más difícil combatir la confusión actual que la terrible «claridad» sin matices y dudas que nos
proponia el despotismo. Hoy, al repliegue de la dictadura, cuando muchos discursos se
aproximan y parecen confusamente iguales, la clave está en destrozarlos y exhibir sus
diferencias. No caigamos en la ingenuidad de creer que sólo nos separar las formas, tácticas,
estilos, tonos, en fin la manera distinta de hacer y proponer las cosas. o es cierto. o que sigue
estando en cuestión es el qué y no sólo el cómo…
Nuestro compromiso será buscar hasta encontrarlas y ponerlas por escrito esas esquivas
verdades prohibidas aunque ellas duelan. Descifrar los peores conflictos con inteligencia.
pasión, mesura, humor y responsabilidad buscando salir de las incógnitas a sentirnos
acompañados por ellas, constituirá un hábito de nuestra vocación de periodistas sin iglesias ni
partidos.
Diario independiente y dependiente a la vez. Independiente de todo poder económico y político,
pero dependiente de sus lectores, con quienes esperamos construir una relación horizontal, de
igual a igual
Democratizar la información nacional ha sido y es el tema con el que nadie pudo en el Uruguay
de antes, durante y aún ahora después de la dictadura.
Y democratizar la información implica integrar la participación ciudadana.
No cejaremos en ese intento. Sin ella habremos fracasado.
Diario independiente y dependiente a la vez. Independiente de todo poder económico y político
pero dependiente -y cómo…- de nuestros lectores con quienes esperamos construir una
relación horizontal, de igual a igual.
Intentaremos encontrar la fórmula para compatibilizar el poder de decisión del diario con el
poder de participación de la gente.
El sistema informativo hegemónico explica a sus receptores que su derecho a comunicar,
asentado en el control de los directorios de sus sociedades anónimas conlleva el «yo decido por
los demás», que generalmente se troca en un «yo decido sin los demás“. Para nosotros es el
«yo decido» el que está en cuestión.
La participación activa y real no existe ni puede ser tolerada por los grandes medios. Cuando
ella se produzca, su hegemonía estará en duda
Lo que los grandes medios denominan participación del lector es nada más que el acto
voluntario de recibir y aceptar el producto elaborado por ellos mismos. Es la participación de
decir sí o aislarse de toda forma de comunicación. El mito de la participación difundido por
estos medios no es más, y a lo a lo sumo, una mera participación pasiva: «Vivir la historia de los
demás para no tener tiempo de preocuparse de la propia; en suma vivir por procuración». La
participación activa y real no existe ni puede ser tolerada por los grandes medios. Cuando ella
se produzca, su hegemonía está en duda.
Es casi como proponerse «honrar a dioses distintos a los de la ciudad». Ese fue el delito por el
cual Sócrates fue obligado a beber la cicuta. Asumimos el riesgo
Intentaremos abrirle una puerta a esa participación largamente marginada.
Puede ser el umbral de una nueva etapa en la comunicación nacional y el principio de la
rendición de cuentas de una hegemonía cervenaria.
Intentarlo, sabemos que es jugar con fuego en las praderas secas del Uruguay de la transición.
Es casi como proponerse «honrar a dioses distintos a los de la ciudad». Ese fue el delito por el
cual Sócrates -héroe de la humanidad- fue obligado a beber la cicuta. Asumimos el riesgo.
La apuesta no tiene marcha atrás: diseñar juntos un periodismo de nuevo tipo para construir la
haraña de la comunicación humana.

A esta empresa los convocamos. Una empresa de la razón y de la imaginación.
La razón y la imaginación serán nuestra medida y esa medida será nuestra fuerza y nuestro
espejo…

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