Durante los últimos 15 meses, el Parlamento y el Poder Ejecutivo consumieron energías y midieron
fuerzas en torno a falsos dilemas sobre quién debía asumir la responsabilidad gubernamental en el
área de la radio-televisión. La pugna Antel versus Defensa, que la dictadura resolvió
expeditivamente a favor del Ministerio de Defensa Nacional precisamente en 1984, cuando el navío
militarista hacía agua por todos lados y el régimen pugnaba por dejar minas de alto poder
estratégicamente ubicadas, esta vez tomaba cuerpo en otro falso dilema: Antel versus Ministerio del
Interior.
«Cuando se estaban liando los bártulos…»
La historia data de hace nada menos que 58 años. En 1928 la radiodifusión pasó a depender del
Ministerio de Instrucción Pública, ubicándose después en la órbita del Ministerio de Obras Públicas
y posteriormente, hasta el golpe de Estado de Terra, el Ministerio de Comunicaciones, oportunidad
en la cual esta área tan sensible y vinculada al poder ideológico se trasladó a la Inspección General
del Ejército. El Ministerio de Defensa la controló hasta 1967, cuando cedió la responsabilidad al
Ministerio de Transporte, Comunicaciones y Turismo.
Llega el golpe del 73 y al año siguiente los militares pergeñan Antel, a la que le otorgan, con
inmensos poderes, el control de la radio-televisión, que es cerrada a cal y canto a toda expresión
plural. Cuando el pueblo les probó en las inolvidables jornadas del 80 y del 82 que el arte de
mandar no es precisamente el arte de gobernar, procedieron a enterrar en «los jardines de la
Cancillería en ruinas», parte del botín que algún día intentarían recuperar. Y así fue como en
1984, a espaldas de la ciudadanía, en una sesión ignominiosa donde el Consejo de los «notables»
se prestó una vez más a cumplir su rol de medio-tontos (bien decía Goethe que los tontos y los
sabios no hacen daño, pero medio tontos son peligrosos), se aprobó sin discusión alguna,
suprimiéndose incluso la lectura del articulado, el pase de toda el área televisiva al Ministerio de
Defensa, donde esperaban reagrupar fuerzas y sentirse representados. Lo explicó luego en el Senado
Gonzalo Aguirre: «cuando se estaban liando los bártulos quisieron quedarse con un reducto
que no les correspondía».
Para superar esta triquiñuela de último momento, todas las fuerzas políticas unieron voluntades y
aprobaron por unanimidad, el 20 de mayo del año pasado en la Comisión de Educación y Cultura
del Senado, un proyecto de ley que devolvía a Antel las responsabilidades confiscadas por Defensa
Nacional. El proyecto contó también con los votos de los dos integrantes del Partido Colorado en la
Comisión: Traversoni y Hierro Gambardella. Presidía la Comisión el senador Posadas y
completaban la misma Gonzalo Aguirre y Araújo. Diez días después comenzó la discusión en el
Senado y el país fue testigo de una rara unanimidad. Todos los legisladores estaban de acuerdo en
que la dictadura había decidido el pase a Defensa como forma de construir «un enclave de
seguridad basado en la doctrina de la seguridad nacional» y que había que devolverle a Antel
sus facultades en virtud de posibilitar las «garantías inherentes al manejo civil y compartido
políticamente de la cuestión». Se defendía a Antel porque es un servicio descentralizado donde
están representados oficialismo y oposición. Finalmente, el 12 de junio de 1985, el Senado aprobó
el proyecto por unanimidad.
Sanguinetti desconfía de Antel
A partir de allí comenzó el dislate. El proyecto pasó a la Comisión de Defensa Nacional de
Diputados, integrada por los legisladores Porras, Sica Blanco y Gestido. Una nueva moda irrumpía
en el país: la «vetocracia». Y Sanguinetti se preparaba para un nuevo veto. Esta vez contra su
propio partido. Contra todos los senadores colorados que votaron el proyecto.
Como primera medida, envió a la Comisión a su ministro del Interior de la época, Carlos Manini
Ríos, acompañado del Subsecretario, doctor Baroffio, y al Ministro interino de Defensa, doctor
Robaina Ansó. Estos sorprendieron a la Comisión atacando a Antel. Manini llegó a decir en la
Comisión: «Antel apoyó esto también sin meditarlo. Si a Antel le preguntan si se queda con
ILPE también responde afirmativamente. Esto pasó sin un estudio reflexivo». Agregando por
su parte el Ministro interino de Defensa: «Antel, un enorme organismo que se ha vuelto difícil,
va a concurrir a un congreso sobre telecomunicaciones en Ginebra, acerca del cual el
Ejecutivo ignora todo. El Ejecutivo tiene la personalidad internacional del país; el espectro
radiotelegráfico forma parte de la soberanía, y lo tiene Antel en Ginebra, mientras en
Montevideo estamos esperando a ver qué dicen los telegramas de UPI. Eso es absurdo».
Sanguinetti desconfiaba de Antel y quería depositar en Manini el control político de la radio-
televisión. Le parecía que el Ministerio político por excelencia debía tomar el paquete. La Comisión
no fue convencida y aprobó, el 16 de setiembre de 1985, con salvedades del diputado Oscar
Gestido, el proyecto tal cual venía del Senado. La respuesta fue instrumentar la «operación
dilación». Tuvieron que pasar casi 12 meses para que Diputados pudiera considerar el proyecto. El
2 de setiembre de este año la Cámara de Representantes inició el debate, esta vez dividida. La
bancada colorada dirigida por Rijo y Forteza opuso resistencia al proyecto en franca discrepancia
con sus correligionarios del Senado. Apoyaban claramente al Ministerio del Interior frente a Antel.
Cantón llegó a amenazar con el veto. La Cámara no se arredró y al día siguiente blancos,
frenteamplistas y cívicos derrotaron el intento de despojar a Antel en beneficio del Ministerio del
Interior.
El veto no se hizo esperar más que dos semanas. Todo el área radiotelevisiva sigue en manos del
Ministerio de Defensa.