Tenso desafío en Uruguay: retorna en mayo J. R. Ferreira

Lo espera la cárcel: el Partido Nacional resolvió enfrentar las decisiones de la
justicia militar

«El mes próximo, mayo de 1984, estaré en Uruguay, o caminando libre por las calles o
preso en una celda de la dictadura». Quien así se expresa, con una fuerza interior que
no nos permite dudar de su decisión, es el hijo del casi seguro próximo presidente civil
de los uruguayos, Wilson Ferreira Aldunate, el más consecuente opositor de la
burguesía liberal al régimen militar que desde casi 11 años ocupó y administró por la
fuerza el Estado de ese país. Juan Raúl Ferreira, presidente de Convergencia
Democrática y Secretario General de la Corriente Popular Nacionalista, nos aclara que
no tiene vocación de mártir ni es portador de un gusto morboso por las prisiones,
incluso arriesga un optimista pronóstico: «es muy probable que no me detengan». No
he cometido ningún delito -alega- y me hago responsable con orgullo de todo lo que
he hecho en el exterior por mi país y si me detienen tendrán que liberarme más
temprano que tarde. «Saldré impoluto de la prueba».
LO DECIDIÓ EL PARTIDO
El dirigente nos confirma que su decisión de retornar, aún a riego de su libertad,
cuenta con el respaldo de las máximas autoridades de su partido y el apoyo de sus
padres. Está previsto que el propio Presidente del Partido Nacional, Juan Martín
Posadas, viaje a Buenos Aires, ciudad donde concretará su tensa vigilia previa al
retorno, para acompañarlo a pisar de nuevo tierra uruguaya después de 9 años de
exilio.
Le comentamos que nos parece una medida audaz y lúcida al mismo tiempo: por un
lado, impulsan un globo de ensayo para detectar cómo reaccionarán cuando retorne
Wilson Ferreira y por otro, pase lo que pase, la única que pierde es la dictadura, si lo
dejan libre exhiben debilidad y abren las compuertas, si lo aprisionan tensarán aún
más las cuerdas de la protesta y la desobediencia civil que los está desbordando.

Ferreira niega nuestra primera afirmación y asiente la segunda. «Mi retorno no es
parte del operativo regreso de Wilson, pero no hay duda que la dictadura pierde de
todas maneras con mi presencia en el país, en libertad o en prisión”.
El régimen tiene una tercera posibilidad, razonamos frente a nuestro interlocutor: no
dejarlo bajar del avión. No es posible, aclara Ferreira, porque existe un compromiso
del gobierno militar con la OEA, de no impedir mi ingreso al país y de juzgarme de
acuerdo a derecho si estoy incurso en delitos de cualquier tipo.
¿De qué lo acusan?: «Yo y todos los miembros de Convergencia Democrática,
estamos acusados, sin requerimiento formal y público, de vilipendio a la fuerza moral
de las Fuerzas Armadas.»

EL COMPROMISO Y LA TRAICIÓN
Cuando lo entrevistamos, Juan Raúl Ferreira, estaba a pocas horas de despedirse de
México, con destino a la Argentina.
Al observarlo y contextualizar la situación nos preguntarnos qué pasó con este joven
de 31 años, que sus adversarios lo ridiculizaban calificándolo de «niño bien, nene de
papá, frecuentador de confiterías chic, como «La Castellana» en el barrio Pocitos,
“frívolo e indiferente a la política» y hoy artífice de unas inesperada alianza táctica con
los sectores más ortodoxos de la izquierda, portador de un discurso que supera los
umbrales del jacobinismo, penetra en el campo minado de las propuestas marxistas y
planea radicales transformaciones de la sociedad e incluso de su propio partido,
formulando autocríticas ideológicas sin precedentes.
El interrogante dio en el blanco. La duda fue formulada para excitar su respuesta. Y
Juan Raúl Ferreira, con la pasión que lo caracteriza cuando se siente injustamente
cuestionado, responde a borbotones pero con sinceridad que no puede administrar:
“es cierto que tenía apenas 20 años cuando sucedió el golpe de estado en 1973, pero
me formé en la escuela política de mi padre y ya en el 68 a los 15 años comencé a
militar en los prolegómenos de la formación del «Movimiento Nacionalista Por la
Patria», tres años después perdí un año de estudios para dedicarme intensamente a la
actividad política y fui designado encargado de prensa y propaganda del Movimiento y
un año más tarde secretario político del jefe del Movimiento en el senado de la
República». Sigue Juan Raúl: «En menos de dos años del 73 al 75, fui detenido 8
veces por razones políticas y aún hoy recuerdo la cachetada con la que pretendió
humillarme un comisario de la dictadura, y del 75 al 84 no paré un minuto, de país en

país, de continente en continente, sin dar ningún respiro a la dictadura». Le recuerdo
que uno de sus irónicos detractores es una persona que en el pasado estuvo muy
vinculado a él, a su padre y a su partido y que posteriormente se convirtió en el
principal traidor del Movimiento Por la Patria. Nos referimos al ex secretario de Wilson
Ferreira, actual Intendente de la dictadura en Montevideo, «Johnny» Payssé, el mismo
que cuando este periodista inició una investigación en 1972 tendiente a recoger las
pruebas de un complot militar que debía estallar en diciembre de ese mismo año,
tarea que culminó con la presentación de los mismos en el senado y mi posterior
secuestro, se ocupó de las tareas de enlace y apoyo entre el periodista y el propio
Wilson Ferreira, jugado ya en aquella época junto al Frente Amplio, para desbaratar la
conspiración.
Una mueca de desprecio matizada con algo de tristeza, modifica el rostro de Juan
Raúl, quizás indignado pero recordando los días en que compartió la cárcel y los
interrogatorios, hermandades que dejan huellas hondas y que no se olvidan, con el
hoy actual intendente de la dictadura y uno de los brazos más incondicionales del
Teniente General Gregorio Alvarez. Su respuesta es fría y distante: «Johnny probó su
incapacidad moral de resistir estos 11 años; muchos otros le probaron que era posible
resistir a la fuerza y a la seducción; traidores todas las colectividades han tenido; su
conciencia no lo dejará en paz y el ya pronto amanecer uruguayo y la alegría colectiva
que lo precede serán su mejor castigo; no perdamos más tiempo con él.»

¿ALEMBERT AL GOBIERNO, WILSON AL PODER?
Lo dejamos con su dolor y derivamos la conversación hacia otro tema ríspido y
polémico: la soledad de Wilson Ferreira y su partido en la posición intransigente
asumida, de no participar en los comicios de noviembre próximo si se mantienen las
actuales proscripciones que impiden al propio Ferreira ser candidato de los blancos y
al Frente Amplio participar en la consulta.
Le recordamos cuando afirma que no habrá elecciones si el Partido Nacional no
participa con los candidatos que le dé la gana, que, sin embargo, el Partido Colorado
ya ha dicho que participará con o sin proscripciones y que el Frente Amplio se negó a
firmar un compromiso de no participar si se mantiene cualquier tipo de proscripciones.
El tema le contagia euforia: Nuestro partido no plantea la desproscipción de su
candidato natural, Wilson Ferreira, sino la de todos los ciudadanos y colectividades
prohibidas; es el mismo acto de grandeza que exhibimos cuando por principios

dejamos caer el Parlamento Nacional por defender a un adversario de la izquierda, el
senador Enrique Erro, cuyos derechos los militares pretendían conculcar.
Luego añade sorpresivamente: la dictadura debe caer antes de las elecciones y eso
implica que no haya transición ni cuota alguna de continuismo y lo único que asegura
esa caída anticipada y la no transición es la inexistencia de proscripciones.
La posibilidad de un gobierno de transición -afirma con vehemencia Juan Raúl- la tuvo
la dictadura en 1980 después que perdió el plebiscito y esa oportunidad la perdieron
definitivamente al imponer al general Alvarez y sus políticas intransigentes.
«No habrá elecciones sin Wilson Ferreira; no creemos que el Partido Colorado más
allá de sus declaraciones en contrario, se anime a concurrir en estas circunstancias;
no dudamos del Frente Amplio y de su conducta de no avalar las proscripciones más
allá de su negativa a firmar un compromiso público en tal sentido.»
Lo interrumpimos recordándole que ante problemas tácticos, la historia reciente está
poblada de fórmulas lúcidas para superar la tozudez del adversario: «Cámpora al
gobierno, Perón al poder» fue una de ellas. Otra podría ser, a mero título de ejemplo:
Alembert Vaz al gobierno, Wilson Ferreira al poder.
Insiste en que el problema no es táctico sino estratégico y de principios y que el caso
argentino fue distinto: en el Uruguay de hoy existe una conciencia y una movilización
unánime contra las proscripciones y condiciones objetivas y subjetivas que nos
permiten afirmar que tendremos éxito en nuestra apuesta política.

ENFRENTAREMOS A CUALQUIER GOBIERNO CIVIL ILEGÍTIMO
¿Y si no lo tienen, y si hay comicios con proscripciones y si gana un Partido Colorado
sin la legitimación y el censo que le resta la presunta ausencia del Partido Nacional y
del Frente Amplio?
Juan Raúl Ferreira, que en todo momento evitó dirigirse en términos duros hacia los
dirigentes colorados, también opositores, encara la pregunta, por primera vez en
forma amenazante. «Nos enfrentaremos con todos los medios de que dispongamos a
un gobierno surgido de elecciones con proscripciones, sea este civil o no y por otra
parte un gobierno con tales debilidades, no podrá siquiera asumir el primero de marzo:
bastará una huelga nacional concertada para tumbarlo.»
Sobre la controvertida conversación del presidente del Partido Nacional, Pivel Devoto,
con las Fuerzas Armadas sugiriéndoles elecciones parlamentarias previamente
destinadas a elegir un Congreso cuyo primer acto sea desproscribir a todos, convocar

a comicios presidenciales y entregar el mando al Poder Ejecutivo el primero de marzo
de 1985, Ferreira aclaró que su partido no había hecho ningún planteo a los militares y
que la idea personal de Pivel Devoto no implicaba que el dictador se quedara ni 5
minutos más de lo ya previsto. Por mi parte -argumentó- creo que el dictador debe
entregar el poder mucho antes de marzo de 1985; una vez que el pueblo haya votado
debe irse de inmediato.
Sin embargo, le decimos a nuestro entrevistado, algún observador desconfiado,
podría pensar que el proyecto blanco de elecciones parlamentarias, con autonomía de
las presidenciales, aseguraría el triunfo de Wilson Ferreira sobre el candidato colorado
Julio María Sanguinetti. La historia política uruguaya ha probado en este siglo que el
partido Colorado posee una más robusta estructura partidaria que el Partido Nacional
y por lo tanto un mayor grado de compromisos y lealtades de sus partidarios hacia
todo tipo de postulantes a cargo electivos nacionales y departamentales más allá de la
figura presidencial. Por otra parte, también es cierto que Wilson Ferreira Aldunate,
más que el Partido Nacional, le gana en prestigio y popularidad y opinión pública, en
un mano a mano, al candidato colorado Julio María Sanguinetti. Este, al no contar con
el efecto acumulativo de los votos obtenidos por su estructura partidaria y por sus
caudillos y dirigentes, ya elegidos con anterioridad, quedaría librado a su sólo prestigio
para enfrentar a un Ferreira que además contaría con buena parte de los votos de una
izquierda, que es consciente de que no puede ocupar el Palacio Estevez y que por su
parte ya a habría marcado sus propios votos, elegidos sus representantes y rescatado
su perfil en las elecciones parlamentarias anticipadas, quedando con las manos libres
para definir las elecciones presidenciales en uno u otro sentido, asegurando sus
objetivos estratégicos de profundización popular y radicalidad democrática.
Juan Raúl Ferreira escucha atentamente el planteo. La pregunta no le incomoda.
Contesta convencido: «no necesitamos maniobras para triunfar en noviembre: somos
la inmensa mayoría del país; si no hay proscripciones seremos gobierno en 1985, y no
precisamente de transición» Y acto seguido se pronunció contra el electoralismo -viejo
y tenaz argumento de la izquierda contra los partidos tradicionales- de ciertos
sectores» que no se dan cuenta que hoy lo que está en juego no es quién saca más
votos, sino devolverle la vida al país.»

UNIDAD POPULAR, SI UNIDAD NACIONAL, NO

Le pedimos que nos explique por qué son los únicos que se oponen a la constitución
de una nueva comisión interpartidaria que incluya a todos los partidos, permitidos y
prohibidos, además del movimiento obrero representado por el ilegalizado Plenario
Intersindical de Trabajadores (PIT), propuesta apoyada por el Partido Colorado y el
Frente Amplio. Al respecto explicó que sobre el fondo del asunto estratégico -la
concertación de todas las fuerzas opositoras- estaban de acuerdo, pero que
discrepaban sobre cuál era el instrumento más idóneo para concertar, si la
interpartidaria o la intersectorial. Preferimos la intersectorial, dijo Ferreira,
recordándonos que, en la huelga general contra la dictadura, la concertación no fue de
todos: «el Partido Colorado fue excluido del acuerdo de la gran huelga por tiempo
indeterminado, concertada por el Frente Amplio y el Partido Nacional». Nuestra
insistencia en desbrozar el contenido del vocablo «concertación» lo lleva a delimitar
con claridad sus fronteras. No estamos de acuerdo con los que plantean la
concertación de todas las fuerzas opositoras para reconstruir el país, nos sorprende
diciendo Ferreira. «Si, estamos de acuerdo en concertar con todos para tumbar la
dictadura. Esta última concertación -prosigue el dirigente- no excluye a nadie, la
primera implica acuerdo en torno a nuestro programa de reconstrucción y no nos
equivocamos, no todos están de acuerdo con la nacionalización de la banca y del
comercio exterior, una profunda reforma agraria, una política exterior independiente
entre muchas de otras de nuestras propuestas”.
¿Cómo se entiende entonces -acuciamos a Juan Raúl- sus propuestas en torno a un
gobierno de unidad nacional?. Su discurso vuelve a sorprendernos: «prefiero hablar de
un gobierno de unidad popular y no de unidad nacional porque éste es para derrotar al
régimen y para eso necesitamos a todos, mientras que el gobierno de unidad popular,
no es de todos los opositores antidictatoriales sino sólo de aquellos que coinciden con
un programa de profundas reformas estructurales y con éstos nos encontraremos
incluso en un mismo gabinete ministerial. Por otra parte -aclaró- el término unidad
popular privilegia la participación del pueblo y disminuye el valor de los acuerdos
cupulares.
Su radicalidad democrática, superadora del viejo liberalismo que caracterizó al Partido
Nacional desde su fundación, nos lleva a preguntarle si no corre el mayor peligro de
cualquier dirigente: quedar aislado de su retaguardia por encontrarse muchos
kilómetros más adelante.

Lo niega con énfasis: la inmensa mayoría de nuestro partido sigue a Wilson Ferreira y
seguirlo implica acordar con sus propuestas. A partir del asesinato de Gutiérrez Ruiz y
Michelini -explica- nuestro máximo dirigente elaboró en todos estos años de exilio
nuevas y múltiples propuestas políticas, que si bien no configuran un programa,
apuntan a repensar totalmente el país e incluso nuestra estructura partidaria
tradicional. «Este manojo de propuestas parte de la base de la imperfección de la vieja
democracia uruguaya, que fracasó estrepitosamente y no supo resolver los problemas
estructurales de la Nación y propone un nuevo tipo de democracia real y participativa».
Anunció al respecto Juan Raúl que en breve aparecerá en Buenos Aires un libro
donde él recopila y sistematiza las propuestas políticas de Wilson Ferreira para el
nuevo Uruguay que nacerá a la caída de la dictadura. Le preguntamos si en esas
propuestas su padre se expide a favor del repudio y/o la moratoria de la deuda
externa uruguaya, la mayor per cápita de América Latina que hipotecará al gobierno
civil a un grado tal que ni destinando una década de exportaciones podrá ser
cancelado el capital más los intereses acumulables.
No hay titubeos en su respuesta: «las deudas que no se pueden pagar no se pagarán
y no dudaremos en sacar a las masas a la calle para defender nuestra soberanía ante
la usura internacional que pactó con la dictadura.»
Sobre el tema informó que había aceptado una invitación del vicepresidente de
Bolivia, Jaime Paz, para integrar una comisión que se reuniría en La Paz para estudiar
caminos propios para hacer frente, en mancomunión de intereses, al flagelo de la
deuda externa latinoamericana.

¿Y CDU? SALVEMOS EL VINO, NO LA BOTELLA
Nos preocupa saber qué pasará con Convergencia Democrática, expresión del exilio,
ahora que su presidente abandona el destierro. Su respuesta deja margen a la
interpretación libre: «hemos acumulado un valioso capital unitario con la experiencia
CDU y haremos valer en las instancias futuras: en cuanto a lo formal, eso importa
menos, salvemos el vino y no la botella». Las horas pasan, los temas se suceden, la
entrevista parece no tener fin. Es que nos encontramos ante un caso raro de la
política latinoamericana. Un joven procedente de la burguesía, que en un vertiginoso
proceso de radicalización personal, se acerca a la izquierda sin abandonar su
colectividad política tradicional. El fenómeno no es novedoso. Lo es sí que tenga
posibilidades reales de incidir decisivamente en su propio partido con propuestas de

este tipo. Su padre, dirigente indiscutido de su colectividad, no sólo lo apoya, sino que
además lo impulsa y lo contiene. Sabemos, sin embargo, que los límites de sus
propuestas renovadoras estarán en última instancia demarcadas por las bases
sociales que constituyen su apoyo y que en ningún caso avalarán su propio suicidio
de clase.
Sin embargo, creemos que los límites fronterizos que le impondrá su soporte social
pueden no impedir una virtual refundación del Partido Nacional, sobre nuevas bases
ideológicas que lo conviertan más en un partido de opinión socialdemócrata que en
una formación de tradición y emoción conservadora. Juan Raúl nos confirma tal
posibilidad: «no es de descartar una virtual refundación de nuestro partido construida
sobre los hombros de una democracia transformadora y popular».
La autocrítica colectiva y personal no podía quedar fuera de la entrevista.¿De qué
tiene que arrepentirse el Partido Nacional y Wilson Ferreira Aldunate? le preguntamos
a Juan Raúl. Nos arrepentimos -declara convencido y con vehemencia- de haber
votado la Ley de Seguridad Nacional que abrió las puertas a la pesadilla; fue nuestro
gran error y nunca más volveremos a caer en él.
¿Y Juan Raúl de qué tiene que arrepentirse, políticamente hablando?
«De mi trayectoria política -nos contesta con orgullo- no tengo nada de que
arrepentirme; no he tenido una sola claudicación; no he aflojado nunca; incluso me
opuse a la sanción de la Ley de Seguridad Nacional que votó mi partido; lo digo y
redigo con toda vanidad.»
Y Juan Raúl Ferreira y el periodista, compañeros de exilio, adversarios de sociedad y
amigos de vida, se despiden. El vuelve al país prisionero. Tratará de empujar un poco
más la puerta por donde todos entraremos.
Le deseamos buena cosecha…

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