El día que se escriba una historia acerca del origen de las fortunas en América del Sur se necesitarán varios volúmenes para detallar el submundo de la corrupción. Precisamente en este sector del continente, donde existen altos índices de desempleo y miseria, donde los golpes de estado ya no producen sorpresa alguna y la represión ha alcanzado altos grados de sofisticación, existen sectores que mediante la explotación de la droga han llegado a amasar fortunas incalculables.
El narcotráfico, relegado hace dos años a escurridizas bandas del hampa, se convirtió en un magnífico negocio oficial en el que se hallan involucrados gobiernos y empresas con protección oficial. Colombia y Bolivia son dos exponentes de esta corrupción en los estratos gubernamentales y Venezuela no se queda muy atrás.
De acuerdo con un informe elaborado por Latin American Newsletters y basado en datos proporcionados por el Departamento de Tesoro de Estados Unidos, el movimiento del narcotráfico en Sudamérica es posible medirlo a través del flujo de capitales hacia el país del norte.
A partir de 1978 se permitió en Miami que los bancos extranjeros operan sin restricciones en la aceptación de depósitos foráneos sin que se averiguara la procedencia de esos capitales. Asimismo, se permitió la compra de bancos en Florida por parte de grupos latinoamericanos. Desde ese entonces hasta hoy, de los 23 últimos compradores extranjeros de bancos en Miami, no menos de diez fueron latinoamericanos, particularmente colombianos y venezolanos.
Entre los compradores figura Jose Joaquin Gonzalez Gorrondona,ex presidente del Banco Nacional de Descuento de Venezuela; Álvarez Stelling, ejecutivo del Banco del Centro Consolidado del mismo país; Jorge Micheles Uribe, presidente del Grupo Gran Colombiano; Edmundo Safra, dueño del Banco Safra de Brasil, y la familia Isaias, de la Reban Corporation del Ecuador.
Todos ellos adquirieron bancos en Miami y aprovechando los permisos estadounidenses han derivado hacia esas instituciones cuantiosos capitales de origen dudoso. Las autoridades estadounidenses calculan que 10 mil millones de dólares producto del tráfico de heroína y marihuana pasan anualmente por Florida, lo que significa una cifra tres veces mayor que los ingresos derivados del turismo. Solamente en 1978, poco después de la apertura bancaria mencionada, el Sistema Federal de Reserva detectó un excedente de 2 mil 400 millones de dólares en sus flujos de billetes.
Este sistema permitió el blanqueo de drogadólares de muchos funcionarios bolivianos y colombianos, quienes llegaban a Miami cargando maletas, bolsas de supermercado o cajas de zapatos con cientos de miles de dólares obtenidos por la venta de drogas. Se recuerda, incluso, la llegada de un colombiano que ingresó al
banco cargando 13 millones de dólares en efectivo sin que nadie le preguntara de donde había sacado el dinero.
Si bien este ingreso de divisas favorecia la economia estadounidense, a las autoridades les preocupó que gran parte de ese volumen de dinero fuera producto de las drogas, ya que Estados Unidos es uno de los principales consumidores de heroína y marihuana. Por lo tanto, en diciembre de 1980 montaron la Operación Greenback, consistente en dificultar los movimientos de los empresarios del narcotráfico.
A partir de ahora, los bancos de Miami deben informar a las autoridades acerca de cualquier depósito que supere los 10 mil dólares. Esto permitió la captura de algunos traficantes que desconocían la nueva reglamentación.
Empero, tanto el gobierno colombiano como el boliviano, están retornando a los antiguos procedimientos de llevar su dinero a los bancos suizos. Si bien no es posible contar con datos precisos, son muchos los millones de dólares que perciben estos países por la producción de narcóticos que, en gran medida, van a parar a Estados Unidos para el consumo interno.