IPS: MEDIO SIGLO TRANSFORMANDO LA INFORMACION EN SIGNIFICACION

Hablar de IPS es hablar de una de las escasas, si no la única, utopía realizable en el campo de la democracia informativa internacional ejercida por agencias de noticias que traspasan las fronteras nacionales.

Desde hace 50 años es la única agencia de noticias, análisis, comentarios e investigaciones, que intenta modificar desde la iniciativa privada la desigual distribución informativa conducida por el pensamiento único de los 4 grandes agencias del mundo occidental.

Ese milagro, que aún pugna por influir y modificar una realidad esquiva para la equidad informativa, no hubiera sido posible sin la tenacidad de un ser muy especial, que nunca se dio por vencido, y que supo encontrar un equipo humano, con la locura, la inteligencia y la temeridad necesarias para que este instrumento al que nadie le daba ni un año de vida, esté vivito y coleando, pasando el medio siglo de existencia.

Ese ser muy especial, tiene forma humana y lo llaman don Roberto Savio, nacido en tierras romanas, pero portando en sus venas por adopción, los sueños de nuestra América, la pobre, la explotada, la desinformada.

Conocí a Roberto en Montevideo, al despuntar la década de los sueños y las esperanzas, en 1962, esa etapa de la historia plagada de errores, pero con una envidiable energía moral, con pocos ejemplos en los tiempos del siglo pasado.

Traía en sus alforjas un puñado de utopías, casi imposibles siquiera de discutir: implantar en Montevideo en la década del 60 una agencia de noticias con vocación internacional para oponer otra visión del mundo distinta  la difundida por el centenario modelo de la información hegemónica.

Lo apoyé sin dudar desde el primer momento. Primero, desde mi trinchera como periodista raso, en los diarios El Bien Público, La Mañana, El Diario, Canal 10, el semanario De Frente y 4 años después como director de los diarios Extra, De Frente, Democracia, El Eco y Ya. En todos ellos, los features de IPS exhibían su honrada pobreza tecnológica y su orgullosa riqueza conceptual.

Cuando las tinieblas cayeron sobre el país impulsadas por militares y cómplices civiles, que sin compasión ocuparon por la fuerza el Estado y la sociedad, sometiendo a las mayores sevicias a un pueblo desarmado, Savio me ofreció el exilio romano, como a tantos otros periodistas que debieron huir para salvar su vida y su libertad.

No cedí a la tentación. Creí junto a la mayoría de los resistentes que la dictadura caería no solo por nuestra acción sino por el peso de la historia uruguaya, estremecida e indignada por el intruso uniformado que osaba humillar décadas de tradición democrática y civilista. Por ello opté por quedarme en una América Latina hollada por doquier, con Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay, prisioneros del terrorismo de Estado.

México, tierra de refugiados, me recibió con los brazos abiertos. Para mí fue un acierto, porque fui rápidamente designado Director de panificación informativa de la Presidencia de la República y desde allí pude ser de gran utilidad para la lucha de la resistencia contra el despotismo, mientras que para IPS fue bueno tenerme de interlocutor en México, ya que emprendimos acciones nacionales e internacionales que potenciaron a la agencia y a sus objetivos reformistas en todo el mundo.

Con el apoyo necesario y suficiente del responsable de toda área informativa presidencial mexicana, Luis Javier Solana, un hombre convencido de la necesaria reforma democrática de la comunicación, realizamos emprendimientos periodísticos junto a IPS como el relanzamiento de ASIN, Acción de Sistemas Informativos Nacionales, fundada años atrás, que unía las fuerzas dispersas de las agencias públicas de los gobiernos que no estaban infectados por el virus golpista que había anidado en nuestra América.

Una decena de proyectos, que contaron con las neuronas de IPS y el músculo de un Estado mexicano que aceptaba la idea reformista en la comunicación, vieron la luz y movilizaron a numerosos países, no sólo de la región, sino de la lejana África y de las naciones árabes.

Otro de los hitos en mi relación con IPS fue su aporte en municiones intelectuales y operativas, para desarrollar el proyecto de reforma democrática de la comunicación mexicana, que el Presidente López Portillo había encomendado a Luis Javier Solana, y que éste delegara en mi persona, convirtiéndome en el tema, con el perdón de la palabra, en su mano derecha.

IPS fue un activo animador de estas ideas, que tras dos años de trabajos intensos se plasmaron en un plan nacional de comunicación social, apuntalado por un proyecto de ley de más de 434 artículos, divididos en 8 títulos y un capítulo transitorio que sacudieron a la sociedad y al Estado mexicano, movilizando en su contra a los más poderosos monopolios privados de la información.

El proyecto procuraba restablecer la igualdad quebrada entre Estado, medios y sociedad. Buscaba limitar la omnipotencia de los medios privados monopólicos, consagrar los derechos originarios de la sociedad en la comunicación y erradicar el rol indiferente del Estado en la pugna medios –  sociedad, que en los hechos implicaba una conducta cómplice a favor de los más poderosos, incumpliendo sus responsabilidades de árbitro en el conflicto planteado.

Todo el establishment del poder conservador, aprovechando el último año de mandato del presidente de los mexicanos, año de disminución notoria de su poder gobernante, se lanzó a la yugular del proyecto y de sus responsables más conocidos.

Las fuerzas del cambio, pese al apoyo de numerosas organizaciones sociales y debates en las consultas parlamentarias convocadas a tales efectos, fueron finalmente derrotadas. El presidente debió optar en un año pre-electoral entre el monopolio de Televisa o nuestro proyecto reformista Debilitado, se inclinó por la peor opción, perdiendo la oportunidad de pasar a la historia como el gran reformador de la comunicación social mexicana. Solana y yo tuvimos que dimitir. La reforma fue archivada. Corría el año 1980.

Dos años después, en 1982, el proyecto mexicano Solana-Fasano fue analizado en el Simposio Internacional del Centro de Estudios Económicos y Sociales del Tercer Mundo (CEESTEM) dirigido por el ex presidente Luis Echeverría Álvarez. A propuesta de la delegación peruana se aprobó por unanimidad una declaración calificando al proyecto como “el único ejemplo latinoamericano de elaboración de una política nacional de comunicaciones en la aceptación más global del término, suscitando ese trabajo uno de los más amplios debates habidos en América Latina a propósito de las relaciones del Estado, la democracia y las comunicaciones”.

Si comento en estas páginas esa batalla ideológica, ética y jurídica llevada a cabo a fines de los 70 en tierras mexicanas, es porque IPS fue un protagonista en el campo internacional en el desarrollo de estas ideas.

Cuando en 1983 la Asociación pro Derechos Humanos de España me otorgó el premio internacional de periodismo por mis artículos en Le Monde Diplomatique en español sobre las dictaduras latinoamericanas, en el discurso de aceptación llevado a cabo en el Palacio de los Deportes de Madrid hice referencia al papel esencial jugado por IPS en la defensa informativa de los Derechos Humanos conculcados.

Caída la dictadura uruguaya en 1985, tras doce años del peor terrorismo de Estado que haya conocido la historia de ese país, recomenzó otra etapa en mi relación con IPS.

Gestado ya en 1988 el diario La República y pocos años después el Multimedio Plural, incorporándose al matutino, la radio 1410 Am Libre, la radio 89.7 Fm Libre y el canal de televisión TV Libre, la alianza con IPS se estrechó en múltiples proyectos conjuntos.

Desde 1995 el diario La República edita en acuerdo con IPS el suplemento semanal “Tierramérica”, que cuenta con el apoyo de las Naciones Unidas, cuyo objetivo es combatir la explotación del planeta por el hombre.

Uno de los puntos culminantes de esta añeja alianza entre IPS y los 15 medios de comunicación que he fundado y las acciones comunes emprendidas en diversas partes del mundo tuvo lugar en 1992 en Río de Janeiro, en ocasión de la Conferencia Cumbre de la Tierra, donde más de 100 Jefes de Estado y Ministros se dieron cita durante 12 días para intentar poner coto a la criminal depredación de los recursos naturales del planeta y analizar los efectos devastadores del mundo industrializado sobre el medio ambiente donde habitan los seres humanos.

En esa oportunidad, IPS, con el apoyo de la Organización de Naciones Unidas, me encomendó la dirección de un cotidiano bilingüe, Terra Viva, de 24 páginas diarias que fue editado todos los días que duró la Cumbre de Naciones, difundiendo a los Jefes de Estado, a los centenares de delegados y a la opinión pública mundial, todos los hechos de ese evento, con los comentarios y análisis de los más reconocidos expertos ambientalistas allí presentes. Fue una experiencia única que, entre otras cosas, permitió dejar un documento histórico sobre ese debate sin precedentes en la revolución inconclusa en defensa de nuestro hábitat contra la ausencia de límites que exhibe el actual orden económico internacional.´

Recientemente aproveché el tercer Congreso Mundial de Agencias de Noticias, con la presencia de 70 agencias de todo el mundo, realizado en octubre de 2010 en Bariloche, para resaltar el rol decisivo aportado al mundo del conocimiento por esa pequeña gran agencia internacional que es IPS.

Agencia única, rara avis que no pertenece al mundo de las grandes agencias transnacionales de la información ni al de las agencias estatales y públicas, que carece de fines de lucro, y que ha luchado en solitario tratando de hacer entender que lo importante no es informar sino hacer entender; que la información no es poderosa, el conocimiento es poderoso; que la noticia no es sólo el ahora sin historia sino lo que viene de atrás, lo que explica y que en lugar de afanarnos en buscar la opulencia cuantitativa noticiosa deberíamos preocuparnos más por superar la miseria cualitativa en el campo informativo.

Puse al IPS como ejemplo en ese cometido y recordé con placer inocultable cuando en abril de 1995 Inter Press Service puso de rodillas a las cuatro agencias transnacionales más importantes del mundo, en especial a la poderosa Associated Press, al informar 48 horas antes que ninguna de ellas, que el atentado de Oklahoma no había sido obra de terroristas musulmanes como éstas afirmaban, sino la acción delirante de la derecha estadounidense a través de la secta davidiana. Hecho éste absolutamente confirmado dos días después de los desmentidos despachos de la pequeña IPS.

Y terminé diciendo en ese congreso que agradecía a esa agencia haberme enseñado a convertir la información en significación.

Han pasado muchos años y sigo atesorando el orgullo de ser un aliado más en las luchas que desde más de medio siglo anima con pasión y razón a esta agencia singular.

*Director en Uruguay del diario La República, las radios AM Libre y FM Libre y el canal de televisión TV Libre.

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