LA EMIGRACIÓN DE HOY

¿REVANCHA DE LA HISTORIA O PALANCA DEL DESARROLLO?

El fenómeno mundial de la emigración se emparenta con una revancha de la historia. En la mayoría de los casos son los conquistados los que se dirigen a los países de los conquistadores para a su vez conquistarlos. Se está gestando un fenómeno de virtual reconquista, donde los conquistadores de antaño son a su vez “invadidos” por los conquistadores de hogaño integrados por la falange de los ex conquistados. Aunque ésta es una conquista al revés, de mano de obra barata, ajena a la imposición cultural, al uso de la fuerza, a la expoliación de las riquezas de los países receptores, sin la cruz y sin la espada. Al respecto el último informe sobre Desarrollo Humano de la ONU, nos recuerda que en Australasia, las Américas y otras latitudes, la llegada de los extranjeros a suelo indígena significó en demasiados casos la sentencia de muerte de estos últimos. Tanto en Australia como en las Américas, las conquistas militares, la destrucción ecológica, el trabajo forzado y una serie de enfermedades mortales redujeron a las poblaciones indígenas hasta en un 95%. Sólo en Australia ya se han perdido unas 500 lenguas desde la llegada de los europeos. La revancha pacífica de los conquistados se puede medir actualmente en Londres donde los niños de las escuelas estatales de la capital de Inglaterra hablan unas 300 lenguas distintas, producto de la explosión migratoria hacia los países más ricos o en Toronto donde el 44% de la población nació fuera de Canadá o en Los Ángeles donde el 40% nació fuera de los EE.UU. ¿Qué busca esta inmensa corriente migratoria en marcha hacia el nuevo Nirvana? La respuesta no es simple. Podríamos decir que sólo los mueve la sed de sobrevivencia que no pueden saciar en su propia tierra. Sin embargo las grandes corrientes migratorias en esta coyuntura sin precedentes en la historia de la humanidad, no está formada únicamente por masas marginadas por un sistema injusto de dominación que se instaló desde centurias en sus Naciones conquistadas y dependientes. Gran parte de la emigración está integrada por el talento y el expertizaje que las clases dominantes de los países en desarrollo no supieron retener en sus formaciones sociales para ayudar en la tarea pendiente del desarrollo nacional. La fuga de talentos, crimen impune de las burguesías gobernantes en nuestra América la pobre, ha profundizado aún más la dependencia de los países periféricos como los nuestros, atados al cordón umbilical de los países centrales. Son pobres la mayoría de nuestros emigrantes, pero también integran el éxodo los no pobres, pero desdichados, talentosos, especialistas que no encuentran en su terruño la retribución adecuada a su inteligencia desperdiciada. El pobre es generalmente desdichado pero el no pobre también puede ser desdichado. El gran padre del capitalismo, Adam Smith, afirmaba con razón que “no puede haber una sociedad floreciente y feliz cuando la mayor parte de sus miembros son pobres o desdichados”. Desdicha y pobreza han sido los dos motores que construyeron esta ola migratoria que hoy modifica el rostro de numerosas ciudades industriales en el mundo. La espe-

ranza de alcanzar una vida mejor es la rueda que mueve esta voluntad de traslado de millones de personas de un país a otro.

LAS PARTICULARIDADES DEL CASO URUGUAYO

El caso uruguayo muestra algunas características especiales. La emigración de hogaño supera con creces la inmigración en oleadas de antaño. El gran proceso inmigratorio hacia nuestro país se gestó en el siglo 19 llegando la población extranjera, a principios del siglo 20, a representar casi la quinta parte de la población total. El censo de 1908 registraba 181.222 extranjeros en el país. En su inmensa mayoría eran europeos, un 73.74%, seguidos por nativos de América Latina, un 26.16%, mientras otros continentes aportaron sólo el 0.1%. Nuestro país dejó de ser atractivo para la inmigración al finalizar la década de los 50.La inmigración se redujo a la mitad de 1908 a 1996, fecha del último censo. En valores absolutos descendió de 180.000 personas a 90.000 inmigrantes. Estas cifras se explican por la reducción abrupta de los nuevos arribos y el envejecimiento de las añejas corrientes migratorias que no se renovaron. El progresivo envejecimiento de la inmigración explica el fenómeno. En 1908 los inmigrantes de más de 65 años de edad representaban el 9% de la población inmigrada mientras el censo de 1996 detecta que ese porcentaje se eleva al 34%. El efecto de la mortalidad y la no renovación de las corrientes inmigratorias terminó con el Uruguay de inmigrados, cediendo lugar al nuevo Uruguay de emigrados. De 1908 al último registro de 1996, censo a censo se registró una notable disminución de la extranjería en el país, con excepción del censo de 1963 que exhibió un aumento efímero a raíz de la excepcional corriente inmigratoria de mediados de siglo, registrada entre los años 1950 y 1959 en toda la región. A partir de 1963 la caída inmigratoria es imparable, así como también lo es, el ascenso emigratorio de los uruguayos que dejan el país. El nuevo Uruguay, Nación de inmigrantes que pasa a ser una Nación de emigrados, revela cifras alarmantes de expulsión de talentos. En los últimos 40 años emigraron del país, 400 mil uruguayos. Las cifras son aún mayores porque las estadísticas sólo registran los datos censales y no tienen en cuenta la emigración no detectada. Debe sumarse a estas cifras migratorias las registradas en los censos anteriores a 1963, que si bien aportan información insuficiente y no siempre verificable, eleva aún más el caudal emigratorio. Los datos obtenidos en el Instituto Nacional de Estadística son elocuentes. El censo de 1975 revela que de 1963 a esa fecha emigraron 185.710 uruguayos, repartiéndose de forma casi similar entre hombres y mujeres (92,961 hombres y 92.749 mujeres).La mayor cantidad de emigrantes la constituían los jóvenes de 20 a 29 años. Entre 1975 y 1985 emigraron 122.804 uruguayos más y de esa fecha a 1996 lo hicieron 68.170 uruguayos, predominando la población masculina y reduciéndose aún más la edad de los emigrados que ahora salta de 15 años a 29 años. En cuanto al destino de los emigrantes uruguayos hacia los países de habla hispana, es España el que cuenta con mayor número de uruguayos documentados como inmigrantes. De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística de España, los uruguayos superan a los mexicanos, chilenos, paraguayos, bolivianos, hondureños y salvadoreños entre otros pueblos de habla hispana que eligieron a España como refugio de sus vidas. Sólo son superados en términos absolutos, no así en términos porcentuales de la población de sus países de origen, por los ecuatorianos, los colombianos, argentinos, venezolanos, peruanos y dominicanos en este orden. Una característica de la emigración uruguaya que contradice la tendencia latinoamericana tiene que ver con las remesas de dinero que envían los uruguayos emigrados a sus familiares en el país que los vio nacer.

Las estadísticas afirman que los hogares no pobres de América Latina tienden a registrar proporciones mayores de remesas que los hogares pobres, ya que en general no son los pobres los que emigran sino las capas medias pauperizadas o los talentos o profesionales que buscan mejores horizontes de vida. Sin embargo, Uruguay junto con México constituyen la excepción latinoamericana. Las remesas de uruguayos en el exterior hacia los hogares pobres casi duplican las que tienen como destino los hogares no pobres, en un fenómeno que puede estar revelando una emigración preferencial de ciudadanos pobres por sobre los no pobres, y que la Universidad y los cientistas sociales deberán estudiar para el diagnóstico imprescindible en este tema. Las cifras de CEPAL consultadas revelan que las remesas de uruguayos en el exterior a las áreas de residencia urbana de su pais tiene como destino el 21.6% de los hogares pobres y el 12.1% de los hogares no pobres.

LAS REMESAS DE LOS EMIGRADOS

SUPERAN EL 10% DEL PBI

El fenómeno migratorio mundial no sólo impresiona por su magnitud, que en valores absolutos hoy supera los 160 millones de seres humanos que viven fuera de los países donde nacieron, sino por la diversidad de Naciones afectadas. 160 millones de emigrantes, entre los que se encuentran más de 20 millones de latinoamericanos, es una cifra que nunca fue alcanzada en la historia humana, pero en valores relativos, no supera el 3% de la población mundial y ese porcentaje no ha cambiado mucho a través de los siglos. Lo que si ha cambiado es que países donde era impensable la emigración, salvo la emigración política, hoy también cuentan con un buen número de emigrados. Y lo que también ha cambiado es el aumento sin precedentes de indocumentados. Antes la indocumentación era la excepción y hoy parece ser la regla. Sobre todo en las Naciones que mayor presión migratoria reciben, EE.UU. con 25 millones de emigrados, Alemania con 5 millones, Francia con 4 millones y medio y Gran Bretaña y Arabia Saudita con 4 millones, aunque la indocumentación no es un fenómeno saudita. El fenómeno migratorio está necesariamente emparentado con el desarrollo tanto de las Naciones emigradas como de las Naciones inmigradas. No sólo por el flujo de trabajadores calificados que pierde el país de los emigrados que invirtió durante años en la formación de los que se van, sino por la inyección de trabajo especializado que recibe el país inmigrado, así como por los efectos económicos que se producirán en el país emigrante por la transferencia de recursos que recibirá de las remesas de sus ciudadanos en el exterior. Se estima que actualmente las remesas de los emigrados en el mundo superan los 150 mil millones de dólares, convirtiéndose en algunos países en la principal fuente de ingresos externos. Cifras de la CEPAL indican que en el 2003 las remesas hacia América Latina de sus emigrados superan los 35 mil millones de dólares siendo la región con el mayor volumen de remesas del mundo. En algunos países latinoamericanos las remesas equivalen a más del 10% del PBI y más del 30% de las exportaciones y llegan a representar flujos mayores a la asistencia para el desarrollo y otras fuentes de divisas según consigna la Comisión Económica para América Latina y el Caribe. El BID por su parte informa que “casi dos tercios de los emigrantes envían remesas a sus familias, lo que representa para ellos menos de un 10% de sus ingresos, pero una proporción mucho mayor para los hogares receptores”.

EL GRAN DESAFÍO:

LA GOBERNABILIDAD MIGRATORIA

El gran desafío hoy, que deberá diagnosticarse con responsabilidad en la XVI Conferencia Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno que se reúne convoca-

da por el tema de “Migración y Desarrollo”, en noviembre en Montevideo, capital del Uruguay y capital política del Mercosur, es la gobernabilidad migratoria para transformar el vicio en virtud, compatibilizando las ventajas y las desventajas de la movilidad humana. La formidable libertad de movimientos del mundo globalizado puede transformarse en un gran salto para el desarrollo humano, si el tema es consensuado con equidad entre las Naciones emigradas y las Naciones inmigradas. El orden del día es vasto. Proponemos 10 abordajes: 1) cuantificar y sustituir la erosión del capital humano perdido en los países emigrantes, 2) apoyar creativamente con políticas activas el enorme flujo de remesas de los emigrados, 3) facilitar como propone la CEPAL la circulación de personal calificado, 4) encontrar fórmulas que resuelvan la alarmante e incesante indocumentación de los emigrados, 5) atenuar la rígida selectividad de las políticas de admisión otorgando mayores cuotas de liberalización de la movilidad, 6) proteger los derechos de los emigrados y desalentar las políticas xenófobas y discriminatorias aplicadas inhumanamente contra quienes vienen a integrarse a esas sociedades en busca de una vida mejor, 7) mitigar los riesgos de exclusión social que predominan en muchos países receptores alentando la integración de los emigrados en la sociedad que los recibe, 8) respetar la identidad cultural y religiosa de los emigrados (el velo de las niñas musulmanas en las escuelas públicas francesas o la enseñanza del español en las escuelas norteamericanas o el turbante sikh de los motociclistas hindúes en Canadá, como simples ejemplos de intolerancia), 9) proteger en especial los derechos de las mujeres emigradas ante la tendencia que sugiere una feminización cuantitativa en el fenómeno migratorio que aumenta el peligro de las inequidades de género en ese sector, 10) combatir y desalentar a las organizaciones dedicadas a la trata ilícita de personas que garantizan la documentación a cambio del comercio sexual obligatorio (sólo en Japón las cifras oficiales indican que 5.000 brasileñas se dedican a esa actividad).

LAS CIFRAS DE LA IGNOMINIA

Mil doscientos millones de personas viven con menos de un dólar diario, 828 millones van a dormir con hambre, ciento catorce millones de niños en edad escolar no van a la escuela y dos millones de niños mueren anualmente por causas evitables. La mayoría de estos seres humanos no emigran porque los pobres carecen siquiera de ese elemental derecho de movilidad. Sin embargo una gobernabilidad de la migración encarada con criterios de racionalidad y equidad puede contribuir a reducir estas cifras repugnantes de la ignominia humana.

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