Seis mil ediciones y ninguna genuflexión

Hoy alcanzamos las 6 mil ediciones.
¡Y qué época nos toca vivir en esta edición número seis mil! Fueron seis mil ediciones
cosechando el cambio social y político y la época de la siembra ya llegó.
Hace tres mil ediciones reflexionamos sobre esa siembra. Hoy las volvemos a reiterar: No han
perdido vigencia.
Cuentan los historiadores que el canónigo de la Catedral de Worcester informó a su esposa
sobre la teoría de la evolución de Darwin. La respuesta de la mujer fue: «Descender del mono,
querido; esperemos que no sea verdad, mi amor, pero vamos a orar para que no llegue al
conocimiento general».
Para acorralar al secreto, fuerza de los imbéciles, es que LA REPUBLICA nació hace
exactamente hoy 6 mil ediciones ininterrumpidas, peleadas, traumáticas, imperfectas,
corajudas, solidarias, humildes en las buenas y altivas en las malas, que fueron muchas.
Al flamante bebé le pusimos de nombre LA REPUBLICA porque este fue el vocablo
contestatario con que los padres de la gran patria latinoamericana identificaron a un vasto
movimiento de libertad e independencia continental a fines del siglo XVIII y principios del XIX. Y
desde el primer compromiso público nos enrolamos en la trinchera de una República
humanitaria, solidaria y popular tal como la soñaron nuestros libertadores, ajena a la República
conservadora, más parecida a un círculo cuadrado o a un hierro de madera, como la que hoy
pervive en muchas comarcas de nuestra balcanizada América.
Cuando nacimos aquel traumático e interminable 3 de mayo de 1988, en la casona de la calle
Uruguay y Rondeau, que después dejamos en herencia sin beneficio de inventario a los
colegas de Búsqueda que hoy la habitan con nuestros fantasmas rondando, no suponíamos la
rara unanimidad que desde los más altos círculos del poder y la corrupción se alinearían en
nuestra contra.
Y también -sin ese oxígeno no hubiéramos resistido- la rara unanimidad del ejército de los sin
voz sirviéndonos de coraza, escudo, músculos, neuronas, sangre y esperma.
Nacimos sin el lastre de la obsecuencia y sin temor a la irritación del poder.
Nos convocaban las esquivas verdades prohibidas que debíamos encontrar, exhumar, explicar
y exhibir sin temor.
Sabíamos que la cultura de masas, en manos de la comunicación dominante, vasta empresa
de privación de memoria y de privación de la historia, no iba a permitir que un proyecto
advenedizo se infiltrara en sus líneas y le disputara arrogante, de igual a igual, una hegemonía
mal adquirida. Los vampiros de la cultura popular se lanzaron sobre nosotros para
desangrarnos.
No fueron pocos los que nos dieron sólo 30 ediciones de vida, algunos osados 300, ninguno
6.000.
Esa formidable maquinaria creada para violar la conciencia de los pueblos abusando de la
habilidad para disimular sus contenidos ideológicos, adoptando una visión mocente, neutra,
ajena al descaro, nos declaró desde el inicio una guerra sin cuartel.
«L’enfant terrible» del sistema debía ser aislado y recluido en un leprosario.
Campañas coordinadas de desprestigio, de desinformación, conflictos artificiales,
discriminación publicitaria, boicots inadmisibles, amenazas de todo tipo, pelo y señal,
atentados, intimidaciones, calumnias, anuncios de clausuras, juicios a granel, prisiones
injustas, ilícitas y nulas, pautaron estas 6.000 ediciones del coraje y la dignidad.
Atados al mástil, con los oídos taponados, los cantos de sirena no sedujeron ni al piloto de tormentas, ni a su tripulación, ni al navío de aguas embravecidas arriesgándose a navegar
entre Caribdis y Escila, sin más protección que la fuerza de su conciencia.
Y cuando no sirvieron los cantos, buenos fueron los cuentos.
Ni los palos, ni los cantos, ni los cuentos han impedido esta 6.000 edición.
La gente, el pueblo, los que nos acompañaron seis mil veces sin fatiga, conocen la levadura
con que está amasado este proyecto insobornable constructor paciente de esta hazaña de la
inconformidad.
Ni un solo hecho significativo y probado ha sido escondido a la opinión pública por este diario
cuya religión es la libertad transgresora de los hábitos, costumbres, ritos y mitos del país
conservador.
Algunas más relucientes que otras: la del voto verde por la defensa de la justicia ofendida, la
del voto por el NO a la ley de empresas públicas por la defensa del patrimonio nacional
expropiado, la del reciente referéndum para que los ciudadanos no se conviertan en súbditos,
ya están ubicadas en el estante principal de nuestra transgresora vitrina.
Este último hito, donde la sociedad civil se rebeló contra la sociedad política, desobedeció a
sus dirigentes, y construyó la pueblada antisistema más inesperada de la historia patria, nos
encuentra aportando la honda a un David redivivo para enfrentar al Goliath cibernético y
multiorgánico aún atontado por la pedrada histórica.
En estas 6.000 ediciones, nuestros periodistas, nuestros trabajadores, los hombres y las
mujeres que hacen posible este diario hemos aprendido a aprender, hemos aprendido a
comprender.
La pedagogía de la libertad, razón y ser de nuestra existencia como medio, nos encuentra
también como alumnos de esta universidad de la vida cuyo premio es la aproximación a la
verdad, razón última del ejercicio de la libertad.

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