El semanario Búsqueda intenta que los informados sigan siendo uniformados.

Domingo 03 de junio de 2001 | 00:00

Escribe : Federico Fasano Mertens

 

El ardid de Arbilla y el error de Mujica
Las dos últimas ediciones del semanario Búsqueda introdujeron, sin que muchos se dieran cuenta, un debate esencial en la vida de un país: el derecho de informar y ser informados que poseen constitucionalmente todos los habitantes de esta Nación.
El semanario, defensor de la propiedad privada y monopólica de la palabra y la escritura, descargó todas sus baterías contra el juez penal de Sexto Turno, Walter Carmona, que lo obligó a respetar un derecho de respuesta interpuesto por la funcionaria de la DGI, María Olmedo Popelka, ante informaciones del semanario que atribuían irregularidades en esa dependencia a funcionarios de la repartición, sin mencionar a ninguno en particular.
La ciudadana Olmedo Popelka salió en defensa de sus compañeros y ejercitó su derecho constitucional a ser escuchada, más allá de que no es accionista de Búsqueda y por lo tanto no puede decidir sobre lo que se publica o no.
El semanario, además, publicó declaraciones del senador frentista José Mujica, quien –según Búsqueda– habría calificado la decisión del juez Carmona obligando a publicar la posición de la ciudadana Olmedo Popelka, como “una forma de amordazamiento a la prensa”, agregando que “si la Justicia toma cartas en coartar la libertad de investigación, flaco favor le hace a todas las instituciones”. Cerrando para colmo su supuesta declaración haciendo suyo el grito del neoliberalismo ideológico vociferado por Danilo Arbilla en todos los foros: “La mejor ley de prensa es la que no existe”.
Por su parte Búsqueda calificó la decisión judicial y la iniciativa de la funcionaria de la DGI para que la opinión pública conozca su posición de la siguiente manera: 1) “clara violación a la libertad de expresión); 2) “apéndice de las leyes de desacato que privilegian a los funcionarios e impiden que éstos puedan ser vigilados por los ciudadanos que los han elegido y que les pagan sus sueldos”; 3) “nueva jurisprudencia antilibertad de prensa”; 4) “interferencia en la tarea de los medios para avasallar la profesionalidad de los periodistas, humillar a la prensa escrita y facilitar desvíos y abusos de poder, al tiempo de impedir que la prensa y los periodistas cumplan la tarea de informar a sus conciudadanos, que es básica en la democracia, y particularmente dificultarles las investigaciones que tienen que ver con actos de corrupción o de violaciones a los derechos humanos”; 4) “imposición arbitraria de información”; 5) “el derecho de respuesta no es que sólo se le impida decir al periodista lo que quiere, sino que se le hace decir lo que no quiere y lo que puede no ser cierto, incluso, por cuanto se resuelve sumariamente por quien no es experto en materia de información periodística y a instancias de parte interesada. El lector ya no sólo deja de recibir una información, sino que recibe un mensaje equivocado, que no es del medio y que notoriamente lo va a confundir y lo va a desinformar”.
Observe el lector que este cúmulo de dislates no se dirigen a desnudar ni a un intento de encarcelar a un periodista por informar, como el que sufrí personalmente en el caso Wasmosy y en los 33 juicios penales por difamación, ni a un intento de castigar pecuniariamente a un medio de comunicación con demandas millonarias por daños y perjuicios por el solo hecho de publicar noticias que no le gustan al demandante, ni a un intento de censura o clausura de medios como los que sufrimos en carne propia en más de 50 oportunidades, sino simplemente, al intento de un ciudadano que se sintió aludido por una noticia y quiere que la sociedad conozca su opinión.
No puede el periodismo de la sumisión y la complacencia, representado por el semanario Búsqueda, negarle a la sociedad civil el único derecho que aún le queda para acceder a la libertad de expresión.
Si permaneciéramos indiferentes frente a este ataque contra un juez justo y una ciudadana inerme, que sólo quieren en un caso, hacer cumplir la ley del derecho de respuesta, y en el otro ejercer una libertad consagrada constitucionalmente, seríamos cómplices de una barbaridad carente de toda ética. Y cómplices con participación indirecta en el botín, porque nos estaríamos beneficiando, también como medio, de la posición de Búsqueda, ya que de ser derrotado el juez Carmona, sería desalentado un núcleo de ciudadanos que amparados en la posición de principios de LA REPUBLICA, nos hostigan con derecho, reclamándonos permanentemente su libertad de respuesta a nuestras informaciones.
Y hablamos sobre este tema con propiedad. Porque también existe el abuso del derecho de respuesta. Y nosotros también lo sufrimos cuando la Justicia nos obligó a destinar toda la tapa de nuestra edición para publicar el derecho de respuesta del venal ex presidente del Paraguay, Juan Carlos Wasmosy. El corrupto se apoderó de nuestra tapa, la diseñó y pulverizó hasta nuestra propia marca. Fue un claro abuso judicial de la letra y el espíritu del derecho de respuesta. Protestamos y con razón. Pero aceptamos que Wasmosy tenía derecho a dar su oinión y sus descargos. No es el caso de Búsqueda que la emprende contra el derecho de respuesta en su conjunto.
Confunde el semanario, deliberadamente, la libertad de expresión de la sociedad con la libertad de poseer medios de comunicación, como siempre confundió la libertad de difusión colectiva de las ideas, con la libertad de difusión del propio semanario y la libertad de información con la libertad del informador.
En fin, para Búsqueda, libertad de prensa es sinónimo de libertad de empresa.
¿Qué le queda entonces al ciudadano que no es propietario de medios de comunicación, si hasta el derecho de respuesta le es expropiado? Un derecho que no puede ser ejercido no existe como tal. La libertad de expresión sólo tiene sentido en la medida en que se comunica a los demás lo que uno piensa, no en el mero acto de gritarlo en la soledad de su casa. Búsqueda parece decirle a la ciudadanía que si el ciudadano discrepa con una noticia le queda el recurso de acudir a un absurdo monólogo interior, a un placentero ejercicio masturbatorio sin posibilidad alguna de compartirlo con los demás.
Búsqueda no cree en la libertad de expresión de los ciudadanos, cree en la libertad de difusión de los propietarios de los medios de comunicación. Y cree también –sus argumentos contra el juez Carmona lo prueban– en la división tajante entre emisores y receptores, expresión de una relación de poder que en definitiva es, históricamente, una expresión más de una división clasista del trabajo. Se inscribe cada vez más en el paradigma difusionista, no comunicativo, sino difusivo y en su práctica cotidiana, seudoinformativo. Enfrentado al paradigma comunicativo, comunicacional, interactivo, en fin, al modelo multilogal que intenta representar en nuestro país el diario LA REPUBLICA.
La comunicación para nosotros es un paradigma opuesto al mensaje alocutivo, unidireccional. La comunicación es diálogo. Es posibilidad permanente de la reversión de los roles entre emisores y receptores. Para Búsqueda el emisor es todo y el receptor es nada. O a lo sumo la posibilidad de admitirle, si no le disgusta demasiado su contenido, la publicación de lo que piensa en cartas de los lectores. Es decir el derecho limosnero que depende no de la voluntad del receptor sino del emisor. El derecho de respuesta del receptor no implica limosna alguna. No depende del humor ni del poder del dueño del medio de comunicación. Depende sólo del lector aludido. Eso es un derecho no una limosna. Y precisamente, el ejercicio de un derecho es lo que ofendió al director del semanario, Danilo Arbilla.
El derecho de respuesta es, hoy por hoy, el único derecho que permite a los c
iudadanos acceder a un sistema de comunicación donde la representatividad social de los emisores no existe. Todos sabemos que hoy el poder reside en quienes informan, pero estamos los que, poseyendo una pequeña parte de ese poder, deseamos compartirlo con la sociedad y están los que no están dispuestos a compartir nada, deseando que los informados sigan siendo uniformados en noticias y opiniones decididas en las sociedades anónimas de la información.
Búsqueda alcanza hasta el orgasmo manipulando eróticamente la palabra libertad. Pero utiliza esa palabra sólo para dominar a la sociedad. Es una libertad que posee a la sociedad más que una libertad que posee la sociedad. La pedagogía de la libertad implica la participación del otro, el respeto a la alteridad, la bilateralidad, el ida y vuelta. El derecho a comprar o dejar de comprar Búsqueda es el único derecho que parece otorgarle a la sociedad el semanario enamorado del poder.
Bastó que la señora María Olmedo de Popelka decidiera ejercer su derecho a la información y que el juez Carmona la amparara, para que todo el poder de fuego de Búsqueda se desatara sobre ambos, rasgando sus vestiduras con declaraciones histéricas propias de sepulcros blanqueados.
Cuando en esta oportunidad la sociedad civil dejó de ser por un instante minúsculo, una fila interminable de imbéciles sobre la cual se ponen las pancartas de los deseos de los propietarios de los medios de comunicación, estalló con toda su fuerza la lapidación pública de los amotinados contra el poder informativo, sean éstos jueces o simples ciudadanos.
Y conste, que no nos referimos a si Búsqueda informó bien o mal en el tema objeto del derecho de respuesta. No es tema de esta columna. Se trata del derecho del otro a decir su verdad, aunque fuera una mentira. Son las reglas del juego del derecho a la información. Defender el derecho de la ciudadana Olmedo no implica estar de acuerdo con lo que dice, sino con que quiera decirlo. Yo estuve de acuerdo con el cabo austríaco, Adolfo Hitler, cuando gritaba contra el Tratado de Versalles y ningún medio de prensa quería publicarle esa idea y no por eso voy a estar de acuerdo con el holocausto paranoico al que arrojó a su pueblo y a su Nación.
Mención aparte merece la intervención del senador Mujica sobre este tema. Al leer recién ayer sus declaraciones en Búsqueda intenté encontrarlo y no fue posible.
Siento por él el respeto casi reverencial que siento por quienes entregan su vida y su libertad por la causa de los desamparados. Mujica fue y es uno de ellos y suma a su heroismo de antaño, el heroismo cotidiano de hogaño practicando la pedagogía de la libertad con el ejemplo de su conducta y la claridad expositiva de sus ideas, preñadas de sencillez y autenticidad.
No tengo dudas sobre la calidad de su fronda y sus raíces. Me apena, si fueran ciertas, sus desacertadas declaraciones en Búsqueda, que sólo confunden a una sociedad civil que aún no tomó conciencia de sus derechos frente a los medios de comunicación. Y lo que es peor es que, lo que dicen que dijo, me consta que se contradice hasta con las entrañas del propio senador del Movimiento de Liberación Nacional.
Espero de él una retractación. La nobleza de reconocer un error sé que integra su modelo de vida.
Una de sus afirmaciones me preocupó incluso más que las otras: “La mejor ley de prensa es la que no existe”. Me extrañó porque esa frase es la tarjeta de presentación del director de Búsqueda, plagiada por Arbilla a Friedrich Austerlitz, un simulador que, años después de su demagógica declaración, impuso el 7 de abril de 1922 al pueblo austríaco una feroz ley de prensa.
No puedo dejar pasar en boca de Mujica semejante declaración. El espacio se me terminó, pero comprometo el próximo domingo destinar mi columna “La Cosa Vostra” a dialogar con Mujica sobre este tema concreto.
Y culmino una vez más, ya sin esperanza, invitando al director de Búsqueda a debatir públicamente, donde quiera, con los moderadores que él elija y en el momento que desee, sobre el derecho de respuesta. La misma invitación le formulé sin éxito para debatir sobre el periodismo chatarra, esterilizado, higiénico, simplificado, seudocorrecto, despersonalizado y estandarizado que él representa y el periodismo crítico, solidario, alternativo, distante de la geografía del poder, sin el lastre de la dependencia, aireador de la vida pública de este país, que representa LA REPUBLICA.

¡Comparte en tus redes sociales!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *