Otra vez, el voto en blanco. Parte 1

Confirmado los vaticinios de las semanas recientes en Uruguay, la izquierda organizada,
nucleada dentro y fuera del frente amplio, acaba de resolver, sin fisuras, y en
desacostumbrada unanimidad en torno a temas vinculados a sus respectivas políticas de
alianzas, qué sus fuerzas no acompañarán con sus votos a los candidatos de la burguesía
opositora en las elecciones internas de los partidos tolerados, que tendrán lugar en
noviembre próximo.
El voto en blanco decidido por el Frente Amplio en el interior y en el exterior del país,
promovido por sus diversos sectores de izquierda y cuya magnum opus fue el llamado
desde la cárcel, del General Liber Seregni, abre así un nueva una nueva etapa en las
luchas de la izquierda uruguaya. La decisión no fue fácil. Estaban en juego laboriosas
políticas de alianzas grabadas con sectores demoliberales de la burguesía antidictatorial, a
los cuales, bien les vendrían los votos de la izquierda para derrotar en los comicios internos
a los candidatos autoritarios. El partido comunista y otras fuerzas de izquierda aportaron sus
dudas y razones frente a la opción planteada, qué entendían podía debilitar la alianza
antidictatorial.
El escaso poder de convocatoria que una Consigna abstencionista podría tener,
alimentaban también los temores de una izquierda a la que todos se empeñaron en
marginar.
Sin embargo, finalmente, primó el fortalecimiento de las políticas autónomas. Se entendió
que en un momento crucial de su existencia como colectividad política y como proyecto
nacional y de vida en común de todos los Uruguayos, la izquierda define su perfil, y decide,
con matriz de sus propias fuerzas, construir, mediante la abstención activa – voto en blanco

  • una nueva y real alternativa en los comicios internos de noviembre.
    Las importantes fuerzas discrepantes, antepusieron la unidad del conjunto a sus
    condiciones coyunturales y en una prueba de adultez política contribuyeron a la apertura de
    esta rica y nueva etapa. Los horizontes particulares fueron superados por una madura
    síntesis colectiva. Y la izquierda salió fortalecida de la prueba.
    La consigna abstencionista prendió en el país y las últimas noticias permiten afirmar que un
    alto porcentaje de votantes sufragará en blanco contra todos los pronósticos iniciales.
    Un semanario de la oposición, que circula legalmente en Uruguay, publicó una encuesta
    donde los votos en blanco equiparaban a los del Partido Nacional, superando al Partido
    Colorado y a la Unión Cívica, que son las colectividades permitidas.
    Era la hora de adoptar una nueva ingeniería política endógena que mirara hacia dentro de la
    izquierda uruguaya y no descuidar la construcción de una alternativa propia en esta etapa.
    La feroz política de exterminio selectivo, impulsada por la autocracia militar contra todos y
    cada uno de los sectores populares, indujo a muchos de estos, a privilegiar relaciones por
    sobre conductas estratégicas. De esta manera también optaron por maximizar la pura
    oposición por sobre la activa resistencia, y la postura liberal por sobre la ruptura
    democrática.
    La contrapartida no implicaba, cómo sostuvieron otras voces de la izquierda, encarar la
    lucha antidictatorial como un combate de clase contra clase de contenido anticapitalista y
    objetivos revolucionarios. Pero por evitar esa propuesta, qué dadas las circunstancias,
    hubiera dejado a la izquierda fuera de la partida, se impulsó una conducta que postergó las

acciones autónomas, descuidó la independencia del movimiento obrero y ubicó los objetivos
finales en un horizonte lejano e indefinido sin percibir que la estrategia siempre se va
realizando en la táctica.
El espíritu de la derrota fue campo fértil para algunos sectores revolucionarios empeñados
en romper el aislamiento mediante una política basada en el alto grado de confiabilidad que
pudieran lograr frente a sectores de la burguesía opositora. En tales fuentes abrevaron
sectores de izquierda sobrealimentando al conjunto.
La propuesta de voto en blanco, adoptada por todas las fuerzas socialistas sin excepción,
superó la dependencia, se alejó de lo ajeno, evitó la tentación de la autogénesis e indicó la
necesaria catarsis general de las fuerzas populares. Constituye, quizás, la decisión de
mayor singularidad adoptada por la izquierda desde la derrota política y militar a la fecha.
A partir de ahora, todas las fuerzas del cambio se aprestan, en clara unidad de acción, a
protagonizar con sus propios recursos, un movimiento de desobediencia cívica, buscando
ganar para esta estrategia al conjunto del pueblo, pensando aún más las cuerdas de un
régimen ominoso y desgastado aún mas las prolongadas exequias a las que estamos
asistiendo. Con las miras puestas en las elecciones generales de 1984, sirviendo la prueba
del próximo noviembre como el primer ensayo general de rebelión autónoma de la izquierda
frente a la dictadura, desde la histórica huelga general contra el golpe de estado en 1973,
será está una prueba de suficiencia que la izquierda uruguaya está obligada a rendir delante
de su pueblo y de sus aliados.

¡Comparte en tus redes sociales!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *