Los banqueros prefieren a los militares

La revista Institutional Investor, editada mensualmente en Nueva York y con amplia
credibilidad en los círculos financieros norteamericanos, acaba de publicar una encuesta
que tuvo como eje muestral a un centenar de bancos internacionales. El cuestionario revela
indirectamente la confianza de la banca mundial en los países latinoamericanos. Los
resultados indican que los banqueros sólo se preocupan por los réditos que obtienen de sus
inversiones y que la democracia y la situación social de las naciones constituye para ellos
un tema. secundario. Esta obvia conclusión vale la pena tenerla en cuenta cuando la
burocracia internacional procede a diseñar modelos democráticos, porque al fin y al cabo
son los intereses financieros los que predominan en toda la línea. Y los anhelos de bienestar
y democracia de los pueblos no serán considerados, esencialmente porque no son
redituables económicamente.
Esto queda dramáticamente demostrado en ese trabajo cuando se advierte que los dos
únicos países de América del Sur que recuperaron la confianza de la banca internacional
son Chile y Uruguay, precisamente dirigidos por férreas dictaduras militares. En efecto,
considerando exclusivamente los últimos seis meses, la dictadura chilena pasó del lugar 47
(en el orden mundial) al número 46, con 54.8 puntos (porcentaje que mide la confianza de
los banqueros). La autocracia uruguaya, por su parte, también mejoró su posición al pasar
del lugar 68 al 65, con un alza de 0.1 en la confianza, situándose en 41.2 puntos.
Por el contrario, los países que eligieron sus gobernantes mediante comicios demoliberales
disminuyeron sus puntos. Venezuela bajó 3.3 puntos, Ecuador 1.9, Perú, 0.1 y Colombia
1.4. En el caso de Brasil —actualmente en un proceso de liberalización gradualista—, la
baja es de 0.8, hecho significativo puesto que en pleno auge de la dictadura militar —años
atrás—, mereció la confianza de la plutocracia internacional en pleno.
Con respecto a la Argentina, la situación es confusa. Si bien los datos de la Instítutional
Investor indican una baja de 7.0 en la confianza, tal descenso entró en contradicción con el

informe anual del Banco Mundial, presentado simultáneamente. De acuerdo con este
informe, Argentina ocupa junto con Chile y Uruguay un buen lugar en el ranking
latinoamericano. Este organismo elogia a los tres países por sus «políticas positivas»,
aunque les advierte que deberán tener cuidado al enfrentar el pago de la deuda externa.
Reconoce que se ha incrementado el ahorro interno en esas naciones, que se ha frenado la
fuga de capitales y estimulado la afluencia de capital privado desde el exterior.
La diferencia en el caso argentino indicaría que el Banco Mundial intenta promover
políticamente una imagen de confianza que —ya en privado y sin compromisos
diplomáticos—, los banqueros no poseen. No obstante, este hecho no modifica la
conclusión establecida al comienzo: son los países con regímenes antidemocráticos y
represivos los que obtienen mayor reputación crediticia entre los dueños del dinero.
Porque se podrá estar o no de acuerdo con los sistemas de gobierno de Venezuela,
Ecuador o Perú, pero nadie puede negar que ellos han llegado al poder mediante el sufragio
depositado por la mayoría de sus ciudadanos.
En el «escalafón de confianza», por ejemplo, Paraguay figura con mejores posibilidades que
Perú y Argentina —aunque en descenso—, con mayor crédito que Ecuador. Por supuesto,
Bolivia ha quedado en el último puesto; pero ello se debe a que no existe ninguna fracción
de las Fuerzas Armadas de ese país que logre imponerse sobre las restantes, hecho que
configura una situación de constante inestabilidad política y económica.
América del Sur no logrará escapar de la crisis en tanto sus economías dependientes no
puedan superar los vaivenes impuestos por aquellos países centrales que gobiernan el
desarrollo económico mundial. El Pacto Andino —otrora esperanza para varias naciones—
sigue inoperante y con relativas probabilidades de sobrevivencia. La ALADI —nacida en
1980 en Montevideo—, no ha producido hasta el momento ninguna política que alcance la
integración esperada en el momento de su fundación. Los banqueros mundiales, en cambio,
pese a sus insistentes promesas de contribuir al desarrollo de la humanidad, prosiguen
manejando las finanzas de los países subdesarrollados con el único y arbitrario criterio de
rentabilidad financiera. La democracia, la convivencia social, el bienestar de los pueblos,
son categorías secundarias no incluidas en el pensamiento financiero internacional.
El reporte de Instítutional lnvestor es otra prueba más de este axioma grotesco.

¡Comparte en tus redes sociales!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *