El “extremo centrismo” devora al gobierno del FA Revolucionar las democracias y democratizar las revoluciones

Días pasados leí con ayuda tecnológica, dada mi ceguera, un artículo del
sociólogo Gustavo Garcés, con el que insólitamente coincidí en su forma y en su
esencia.
Casi nunca en el pasado había coincidido con Garcés. Cuando en varias
ocasiones me reuní con él en el diario La República fueron pocas las
coincidencias que nos acercaron. Sin embargo, en su actual análisis sobre los
peligros del oxímoron “extremo centrismo”, así lo definió Garcés, me
sorprendieron por la coincidencia con lo que vengo diciendo desde que edité mi
último video en La Cosa Vostra , un mes antes de las últimas elecciones.
El sociólogo, que no peca por sus simpatías por la izquierda, sino todo lo
contrario, afirma en su análisis que “La polarización, el primer riesgo que señaló la
ciencia política moderna, ha dejado paso al peligro opuesto: el extremo centrismo,
si me perdonan el oxímoron. Si los partidos, en aras de la búsqueda de los tan
manidos electores indecisos autoidentificados como centristas, desdibujan
(siguen desdibujando) sus tradiciones ideológicas, dejaremos de ser un buen
ejemplo de democracia exitosa. Los partidos sin ideología, tarde o temprano, se
desploman. Cuando se desploman los partidos, la democracia también. En
verdad, no es imprescindible desdibujarse y parecerse a los electores de centro
para conquistar su apoyo. Es mucho mejor, y hasta podría ser más efectivo, el
camino de persuadirlos. La consigna ‘olvidemos la ideología, hagamos lo que
funciona’ tiene otra vertiente muy interesante en términos analíticos y muy potente
en Uruguay: el pragmatismo. El pragmatismo fue una escuela filosófica de gran
influencia en las primeras décadas del siglo XX, especialmente en EE.UU. Según
esta escuela, no es posible conocer a priori, es decir, antes de la experiencia, qué
es lo que funciona y qué es lo que no. Para conocer hay que hacer.”
Como vemos Garcé desnuda con eficacia el pragmatismo que tan enérgicamente
denuncié en el vídeo número 10 de La Cosa Vostra de noviembre del 2024.
En ese video de noviembre de 2024 , sin saber que el Frente Amplio ganaría las
elecciones inmediatas, yo alertaba sobre el peligro del pragmatismo político y la
tentación de rendirse a políticas centristas desideologizadas en aras de instalar un
retrete electoral que asegurara próximos gobiernos, sacrificando en el altar del
poder la esencia de la izquierda nacional, porque es necesario vivir como se
piensa, de lo contrario se terminará por pensar como se ha vivido.
Mi temor está siendo confirmado. El pragmatismo y el extremo centrismo hoy
reina y gobierna en este nuevo mandato progresista, con las mejores intenciones,
pero solo gestionando en piloto automático sin abordar los profundos cambios
necesarios para mejorar la vida de la población. Abrazando la “real politic”
sometiéndose al sofisma de hacer lo que sale bien, aunque salga mal, intentando
seducir a las capas medias, con la obsesión de ganar las próximas elecciones, sin
preguntarse la misión encomendada del “¿para qué? O del ¿por qué del cómo?
”.
Parecen querer ingresar en la acción sin ideas, que es el inicio del político a
diferencia de las ideas sin acción que es el pecado del intelectual.
Por supuesto que está política de “olvidemos la ideología, hagamos lo que
funciona” se lleva a cabo con la certeza y el convencimiento de que se favorece a
los más necesitados, de que se busca el bienestar del pueblo, y exhibiendo una
honestidad muy distinta a la presentada por la corrupción del gobierno anterior.
Es difícil contradecir hoy las afirmaciones de Ricardo Antunez en una entrevista
hecha por Daniel Gatti publicada el 30/10/2025 en el semanario Brecha. En dicha
entrevista Antunez afirma “Lo que un siglo atrás se podía llamar principio de
esperanza estaba del lado de la izquierda. Hoy esa izquierda apenas aspira a ganar
las elecciones para reducir el daño. Gestiona, no cambia. Y lo hace en nombre de
un «realismo» que en los hechos oculta su incapacidad para imaginar nada que se
salga del universo del capitalismo.”
Y para peor todo este esfuerzo pragmático y desideologizaste obtuvo resultados
contrarios a lo esperado.
Las encuestas vaticinan una tragedia electoral. Que, aclaremos, no es real porque
esa baja radical en la aprobación del gobierno se debe a que solo el 45% de los
votantes del Frente Amplio aprueba la gestión del presidente Orsi y un 28%
desaprueba sin titubeos la gestión de la izquierda. Ese fuego amigo que grafica el
descontento de los votantes de izquierda indudablemente influyó en las
encuestas. Pero ese fuego amigo, hay que decirlo jamás votará a la derecha. Es un
fuego de izquierda que quiere más izquierdismo en el gobierno del Frente Amplio.
Que no se ilusione la coalición multicolor esos votos los repudian más que los que
apoyan al gobierno. Esos encuestados de izquierda que hicieron bajar los índices
de aprobación del presidente Orsi son votos indignados que siguen la consigna
milenaria de la izquierda uruguaya: “No perdamos nunca la capacidad de
indignarnos ni renunciemos jamás al derecho a la indignación”. Lo cierto es que la
izquierda uruguaya vive hoy momentos de gran incertidumbre y confusión. La
historia está neurótica. La angustia se impuso a la pasión militante.
Coincido con Garcés. Olvidarse de la ideología y de la propia identidad, su pasado
y su cultura, alejará a la izquierda de su electorado y del triunfo electoral que
busca con su “extremismo centrista”.
Por otra parte, la geopolítica mundial nos está dando una lección que prueba la
existencia de estos temores. Desde Aristóteles, Maquiavelo y Alexis de
Tocqueville, los tres más brillantes analistas políticos de todas las épocas nos han
señalado los peligros de esta contradicción.
El cambio civilizatorio iniciado por Donald Trump al derogar el derecho
internacional, implantando el derecho de los más fuertes, ha resultado ganador
en numerosas Naciones, que un par de décadas atrás era impensable que dieran
ese paso, debilitando las democracias representativas.
En todo el orbe se multiplican las extremas derechas que pulverizan el centrismo y
el centro derecha que se había adueñado de ese sitio donde el péndulo se detiene
un instante.
Son numerosos los ejemplos al respecto.
En Argentina fue derrotado el centrismo de Alberto Fernández al alejarse del
progresismo de izquierda de Cristina Kirchner. Y también el centrismo de Horacio
Rodríguez Larreta al competir con el radicalismo de Patricia Bullrich que se
impuso y decretó su sepultura política.
En Colombia, los actuales comicios, enterraron el centrismo de la centroderecha
de Uribe, derrotada por la ultraderecha del trumpista Abelardo de la Espriella.
En Brasil el extremismo de Bolsonaro no dejó espacio alguno a la centroderecha
que apoyaba tímidamente a Lula, podríamos decir que casi no existe
centroderecha en Brasil.
En Venezuela no hay espacio alguno para el centro político. Es neo chavismo o
antichavismo.
En Chile triunfó la ultraderecha José Antonio Kast que condenó al ostracismo al
centro político, más allá de su debilidad parlamentaria.
En Ecuador el bukelista Guillermo Lasso hizo desaparecer la centroderecha y se
impuso en un empate técnico con la pujante izquierda ecuatoriana.
En Perú la ultraderecha fujimorista se impuso opacando la presencia de su prima
hermana la centroderecha.
En El Salvador el ultraderechista Nayib Bukele con su política de mano de hierro
contra la delincuencia se convirtió en el presidente con mayor aceptación
electoral del mundo, obteniendo incluso porcentajes importantes de simpatía
entre los votantes frenteamplistas, según las últimas encuestas. Hizo desaparecer
tanto a la centroderecha como a la izquierda salvadoreña que en otras épocas
gobernó con el Frente Farabundo Martí.
En América Latina las excepciones son el pujante y solidario México de Andrés
Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum con un apoyo multitudinario de su
pueblo, Paraguay que durante 70 años sigue gobernando la centroderecha,
Bolivia, donde se impuso el centroderechista Rodrigo Paz y nuestro Uruguay
donde la centroderecha de los partidos Blanco y Colorado alterna gobernanza con
la izquierda Frenteamplista. Estas son las únicas cuatro excepciones importantes,
que confirman la regla del avance de la ultraderecha.
América Latina y Europa Oriental son formidables ejemplos de lo que está
sucediendo, con pocas excepciones, como la derrota de Víctor Orban, que
confirman la regla.
Trump, Milei, Bolsonaro, Kats, Noboa, Fujimori, Bukele, De la Estrella no dejan
espacio al centrismo político.
La pregunta estratégica es si el camino correcto es seguir apelando a las
veleidades del centrismo o acorazar nuestra identidad y disputar idea contra idea,
honestidad contra corrupción, izquierda contra derecha. La tarea no puede
consistir simplemente en adaptarse al sentido común dominante, sino en
construir un nuevo sentido común de las masas; reconstruir el sentido común de
la gente que termina votando al neoliberalismo que la castiga
Es claro que está instalado un nuevo laboratorio político, que exige creatividad
constante. Debemos evitar el envejecimiento precoz de la izquierda. O ya no
entendemos lo que está pasando o ya pasó lo que estábamos entendiendo. Es
necesaria una nueva epifanía para el Frente Amplio ¿Qué horas marcará el sol de
la izquierda?
Pero no tengo duda que apelar al centrismo en este cambio épocal civilizatorio de
polarización constante, es desconocer la realidad que nos golpea jornada tras
jornada.
De todos modos, cierto es que en nuestro país no ha surgido el fenómeno de las
ultraderechas emocionales, ajenas a toda democracia representativa. Y que
existe un centro derecha que es mayoritaria en nuestra cambiante y veleidosa
clase media. También es cierto que la clase media está siendo severamente
afectada por las políticas de la centro derecha blanqui-colorada y que el Frente
Amplio ha incorporado a la clase media decenas de miles de ciudadanos, que
escalaron ese peldaño social.
Incluso esas capas medias quieren definiciones claras para definirse. Quieren
saber de qué izquierda estamos hablando y cuál es el rostro verdadero de la
derecha uruguaya. Porque, pese a todos los intentos de mimetización, no una
grieta, sino una cordillera ideológica nos separa. No sirven afeites improvisados ni
ropajes nuevos. Quieren verlos tal cual son. Mimetizarse en lo que uno no es, solo
produce frustraciones y además pérdida de humor militante y de votantes
traumatizados, que apelan a la ideotes griega (con e, no con i), a la indiferencia, a
la no participación. Esta puesta actual de nuestro gobierno hacia el centro político
me recuerda la advertencia de un estratega que cambió la historia de Argentina
con todas sus sombras y el error de no haber logrado que la izquierda fuera su
aliada, Juan Domingo Perón declarando junto con Evita en este tema que “la
opinión independiente es igual a indiferencia o estupidez política, los
independientes o los centristas son volátiles, 3 días con uno y 3 días contra uno”.
Parece reditar el mensaje Bíblico: “¡Ojalá fueras frío o caliente! Mas, como eres
tibio te vomitaré de mi boca.”
Quizás el desafío de esta nueva época pueda resumirse en una doble exigencia:
revolucionar las democracias y democratizar las revoluciones.


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