¿Cuál fue la causa que indujo al gobierno de izquierda del Uruguay, a reconocer de inmediato el triunfo de Daniel Noboa en Ecuador, en elecciones denunciadas formalmente por fraude? ¿Tuvo en cuenta acaso que el parcial Tribunal Electoral en acuerdo con el Consejo Nacional Electoral, expulsó del Consejo de Participación Ciudadana elegido por voto universal, a solo 3 meses antes de las elecciones, a los 4 miembros, que constituían la mayoría de sus 7 integrantes, destituidos por sus simpatías con el ex presidente Rafael Correa, controlando de esta manera al único órgano independiente que podía oponerse a un eventual fraude electoral? Despejaron de esta manera el sinuoso camino al fraude con precisión quirúrgica y preventiva.
¿No le pareció sospechoso que ese Tribunal Electoral, el mismo que destituyó a la vicepresidenta de la República, Verónica Abad, por enfrentarse con el presidente, acusándola por violencia de género por calificar de “sorda” a la Canciller en una polémica pública, sea el mismo que ahora apoya al Consejo Electoral que se niega a recontar los votos y hacer públicas todas las actas, pese a que se le presentaron actas sin firmas de responsables todas favorables a Noboa?
¿Qué diferencia hay entre la situación de Ecuador y Venezuela donde una Corte Electoral cuestionada, se negó a entregar las actas, determinando que el gobierno del Frente Amplio, no reconociera a ninguno de los dos contendientes?
¿Por qué no hizo lo mismo en el caso ecuatoriano? Sobre todo teniendo en cuenta que es la primera vez en el mundo que en un balotaje, el perdedor obtenga, sólo, el mismo porcentaje que obtuvo en la primera vuelta, mientras el ganador se lleva los votos de todos los demás partidos que pugnaron en la primera vuelta, con el agravante de que el partido que alcanzó el tercer lugar decidió sumar sus votos a la que ahora resultó sorpresivamente perdedora. No existe un caso así en todos los anales de los balotajes realizados hasta ahora en el planeta Tierra. Solo encontré en mi búsqueda un caso parecido, pero al revés y con cierta explicación. En ese caso el triunfador de la primera vuelta obtuvo una diferencia abrumadora contra quien salió segundo y en el balotaje volvió a ganar pero sin sumar votos, ya que todos los había obtenido en la vuelta inicial, mientras que el segundo, aumentó como era lógico sus sufragios pero sin llegar a ganar la elección. Como dije, fue un caso al revés, distinto al analizado, donde ambos habían empatado en el primer llamado. Y además fue el único, no encontré otro similar al de Ecuador.
Con el agregado de que varias encuestas daban ganadora a Luisa González, la perdedora, o un empate técnico, y las de boca de urna también la dieron triunfante.
¿No pudo surgir alguna duda razonable al observar que el Consejo Electoral y su fiel socio el Tribunal Electoral, rechaza de inmediato la denuncia de fraude, se niega a publicar las actas y recibir las pruebas, y proclama en una elección empatada en primera vuelta, como ganador a Noboa por una diferencia aplastante de más de un millón doscientos mil votos, que representan una diferencia de más del 11% de sufragios a favor del oficialismo?
¿No surgió sospecha alguna, al percibir que el Consejo Electoral aceptara que los votos de todos los partidos que quedaron fuera del balotaje, incluido el que salió tercero y proclamó que votaría a la candidata opositora, sufragaron todos por Noboa, y ninguno por su retadora?. Pura alquimia electoral que no resiste el menor análisis.
¿Acaso la decisión de reconocer un triunfo viciado por donde se mire, se basó en que los observadores de la Unión Europea y de la OEA, decidieron no avalar la denuncia de fraude? Este argumento pudo haber pesado en la decisión, pero es bueno recordar que ambas delegaciones carecen de la imparcialidad y prestigio de otras instituciones confiables, como el Centro Carter y otras organizaciones similares que no fueron convocadas en Ecuador, como sí lo fueron en los comicios venezolanos. Por otra parte la propia oEA, aunque no denunció el fraude exhibió en 22 páginas de su extenso informe la existencia de múltiples irregularidades, que debieron , por lo menos, ser investigadas.
En su informe la OEA denunció “inequidad en la campaña”, “uso de bienes públicos con fines proselitistas” , “serias deficiencias institucionales”, así como violaciones constitucionales al ingresar el presidente en la puja sin alejarse del cargo, destacando el silencio del Consejo y del Tribunal Electoral ante esa violación, censurando además el estado de sitio, 24 horas antes, en 7 provincias claves.
Uno de los observadores extranjeros más destacados, el economista venezolano, profesor Francisco Rodríguez, autor del libro “El colapso venezolano”, opositor al chavismo, sostenedor del triunfo de Edmundo González contra Maduro, catedrático de la Universidad de Denver y economista jefe para la región andina del Bank of América fue categórico en afirmar que el supuesto triunfo de Noboa es una ¡aberración estadística”. Explicó que él y su grupo analizaron 32 balotajes en América Latina y el resultado ecuatoriano es el más inexplicable de todos, incluso mucho más grave que el que lo sigue, que fue el balotaje en Haití de 2010 que fue considerado un fraude notorio..
Esto dijo el Profesor Rodríguez en su informe: “Para evaluar el resultado de estas elecciones ecuatorianas, analizamos 32 elecciones presidenciales de segunda vuelta en América Latina. En cada una de ellas, calculamos cuánto aumentó el total de votos del ganador entre la primera y la segunda vuelta, como porcentaje de los votos de terceros partidos en la primera vuelta. Esa métrica calcula aproximadamente cuántos votos en juego entre los dos candidatos principales terminaron en manos del ganador. No es perfecta (la participación electoral varía, los votantes cambian de bando), pero da una buena idea de la magnitud de la victoria de un candidato en la segunda vuelta. En Ecuador 2025 el total de votos de Noboa aumentó en un 110% respecto a todos los votos de terceros partidos, más del doble del promedio y una clara aberración estadística. El aumento de votos de Noboa de un 110,4%, es 2,7 desviaciones estándar por encima de la media y muy polr encima del siguiente caso más alto: Haití, 2010-2022 que se cree ampliamente que fue afectada por fraude. El crecimiento en Haití fue del 96,5%.
Analizamos posibles explicaciones. Podría el resultado estar determinado por el bajo porcentaje de votos de terceros en la primera vuelta, solo 11,9%. Pero en estos casos es al revés, la ganancia del ganador suele ser menor, no mayor.
Podría ser que la participación general aumentara drásticamente en la segunda vuelta. Nuevamente los datos ecuatorianos no lo confirman. El crecimiento general de la votación en Ecuador, entre vueltas, no fue inusual; sin embargo, el aumento de Noboa , sí lo fue.
¿Entonces cómo interpretamos esto? El resultado de Ecuador 2025 no es normal y no debería tratarse como tal. Los científicos sociales y los expertos electorales deberían preguntarse ¿qué podría explicar tal anomalía?
Los datos muestran un patrón que exige un análisis minucioso.
Las elecciones a veces deparan sorpresas pero esto es más que una sorpresa. Es el resultado que se aleja marcadamente de la experiencia regional. Comprender cómo y por qué sucedió es tarea de todos los que nos preocupamos por el proceso democrático. Hasta aquí el informe del Profesor Rodríguez.
Otro argumento podría ser el reconocimiento de Brasil y Chile al triunfo de Noboa. Boric tiene ya acostumbrada a la izquierda latinoamericana con sus cortejos con las sirenas de la derecha regional. Lula es diferente y su posición, aun no explicada, puede haber influido en la posición uruguaya.
Pero hubo otras conductas de alto contenido ético que no reconocieron el triunfo de Noboa. Más allá de los 5 gobiernos latinoamericanos que no lo reconocieron, me estoy refiriendo solamente a México y a Colombia, el segundo y cuarto país más importante de nuestra América. Claudia Sheinbaum y Gustavo Petro fueron muy claros al respecto. Este último afirmó que no puede reconocer el resultado de las elecciones ecuatorianas. “Tengo informes mu preocupantes de los veedores colombianos”, agregó, para luego exigir “que se publiquen las actas de todas las mesas electorales! . Y culminó: “al igual que en el caso venezolano, las cosas deben aclararse al máximo, solo así tendré la seguridad de no equivocarme”.
¿Si la preocupación era que gobiernos de izquierda como Brasil y Chile reconocieron a Noboa, por qué no se tuvieron en cuenta las posiciones de México y Colombia que pedían que por lo menos se investigaran los hechos denunciados.
No puede alegar nuestro gobierno el principio de no intervención en comicios de otros países, n, porque éste no lo aplicó en el caso venezolano. Debe haber entonces otras razones. Y creo conveniente que la izquierda y los frenteamplistas las conozcamos. Lo que sí descarto, es que nuestro gobierno haya cedido a la presión de una oposición desvergonzada de raíces mayormente blancas, que salió a celebrar el maquillado fraude, criticando a Orsi por demorarse unas horas en expedirse.
En Ecuador hubo dos fraudes. El pre electoral reconocido hasta por la OEA , centrado en el estado de sitio decretado dos días antes del acto electoral en las 7 provincias de mayor influencia de la oposición, la presencia total de un ejército encapuchado en el recuento de votos, la implantación del estado de excepción desestimando las garantías constitucionales, la detención de uno de los principales dirigentes opositores, la entrega de 500 millones de dólares repartidos entre la población electora a pocos días de los comicios, el cambio de la custodia de seguridad para la candidata opositora y decenas de irregularidades que signaron todo el proceso. Y el fraude electoral, que fue un fraude tecnológico, un fraude algorítmico, de manipulación de cifras, calculadas científicamente. Es el fraude que sin una investigación exhaustiva que no realizó ninguno de los observadores extranjeros, es imposible de probar.
Este es el cúmulo de argumentos que por lo menos hubiera ameritado un lapso de espera razonable para expedirse.
Supongo que mi viejo amigo el Canciller Mario Lubetkin, un convencido hombre de izquierda, a quien conozco desde las épocas setentistas, y desde su eficaz e infatigable labor en la Agencia Inter Press Servicie (IPS) y en la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, (FAO), tendrá una respuesta convincente, coherente y justa, que diluya el estupor de la fuerza política que llevó a la izquierda a dirigir por cuarta vez los destinos de su consecuente y respetada política internacional.
