16 años luchando por el derecho de la gente a saber

Lunes 03 de mayo de 2004 | 06:57
Escribe: Federico Fasano Mertens

Un día como hoy, hace 16 años, desnudos, con más entusiasmo que municiones, cargados de ilusiones, prácticamente de la nada, motorizados por la duda como método, iniciamos la construcción de un diario con carácter intenso y comprometido con la gente a la que intentamos ayudarla a vivir y a pensar.

Nacimos hace 16 años a la intemperie sin más ropaje que la ética de la convicción que nos arrojó al ruedo.

Una muchedumbre de insobornables solidaridades nos ubicó rápidamente en el segundo lugar de la circulación nacional, de la cual aún no han podido desalojarnos pese a las trapisondas de todo tipo empleadas para lograrlo.

Fue un parto difícil. No nos daban ni tres meses de vida. Llegamos al país dominados por los medios de comunicación de la uniformidad, del pensamiento único.

No tardó mucho tiempo en que pasiones y razones nos transformaron en el único diario que metía la pluma y la tinta en la herida, que ponía por escrito las esquivas verdades prohibidas, que se enfrentaba al poder, que desnudaba la corrupción, que definía la noticia como aquella información que alguien en algún lugar no quería que se conociera. Y además, y por sobre todas las cosas, que defendía sin concesiones la causa de los desinformados.

Porque, ¿para qué sirve el periodismo si no es para cambiar un poco la vida de los desinformados que además, en general son también los desposeídos, los dominados, los perdedores de siempre?

Aireamos la vida pública, contaminada por el no te metás y la hipocresía de un sistema protegido por una espesa red de complicidades y secretos.

Nuestras armas fueron la diversidad y el pluralismo. Y nuestro pluralismo, vocablo poco frecuentado en la década de los 80 cuando irrumpimos, no fue una mera estratagema para cazar incautos sino la base central de nuestra producción. La historia no obedece a un solo dios sino que es el resultado de un politeísmo de los valores. Ni siquiera le dimos un valor absoluto a nuestros propios discursos y creencias. Nuestro proyecto intentó hacer el amor con la historia y no cayó en el onanismo de hacerlo con nuestras propias ideas.

De ahí el pensamiento que adorna nuestra marca en la portada: “La verdad es el resultado que surge de la oposición de ideas”.

Frente a la monarquía de la uniformidad noticiosa alzamos la República del conocimiento libre y plural.

Emprendimos una gesta ininterrumpida contra el secreto porque con Pulitzer seguimos creyendo que no hay ardid, no hay delito, no hay corrupción, no hay falsedad que perdure en el secreto.

Vulnerado el secreto, el conocimiento se abre paso con serenidad y las libertades florecen.

Porque la libertad de opinión y de información es la libertad de saber. Cuando luchamos por la libertad de opinión no estamos luchando por nuestro derecho a hacer o decir algo, sino por el derecho de la gente a saber.

Intentamos en estos 16 años convertir la información en significación, construyendo todos los días el poder del conocimiento y la democratización del saber.

Porque un hombre informado es un hombre peligroso y sin legiones de hombres informados, de hombres por tanto peligrosos, en el sentido cultural del término, no podremos construir el nuevo Uruguay de ciudadanos iguales que ofrecimos nuestras vidas en aquel lejano 3 de mayo de 1988.

Intentamos hacer un diario inteligente, de mirada profunda, de esencialidades, más cerca de la entraña que de la epidermis, opuesto raigalmente al periodismo chatarra que dominaba el circuito. Ajenos a ese periodismo chatarra de fácil consumo, esterilizado, estandarizado, despersonalizado, pariente del fast food cultural predigerido, prepensado y además insípido, banal y sin gusto, que hasta la belleza la hacen de plástico y siliconas.

El rechazo a la seducción del poder completó la “incorrección” de nuestra propuesta.

El periodismo genuflexo se unió sin fisuras para desalojarnos del lugar que les pertenecía por linaje de hegemonías heredadas.

Ese periodismo felpudo, enamorado del poder, es alimentado por los aplausos del sistema y las honras de los intelectuales renegados que viven a la sombra de los gobernantes.

Ese sí es periodismo correcto para el sistema.

Nosotros fuimos el periodismo “incorrecto”.

Hicimos y hacemos un periodismo radical, de raíces, de ideas, de principios pero plural y abierto a todas las informaciones e ideas, aunque no sean las nuestras.

No nos creemos tutores de la gente a la que no manipulamos como si fuera un paquete y a la que queremos ayudar a vivir y a pensar sin domesticar su inteligencia.

Nuestro periodismo radical abreva en las fuentes de una izquierda nacional, ajena a la izquierda complaciente que de tanto reducir sus objetivos y principios y de tanto intimar con el adversario histórico, parece desdibujar las fronteras que nos separan del centenario sistema de dominación que nos agobia.

Parecen pontificar que sólo son matices y estilos los que nos separan del modelo hegemónico a cuyas exequias estamos asistiendo.

Pero así como no comulgamos con una izquierda descafeinada, mucho más nos aleja el flagelo fundamentalista del ultrismo izquierdista, principal enemigo del histórico cambio progresista.

Lo más alejado de todo radicalismo es el ultrismo que siempre deviene en secta. Estos dogmáticos, espíritus pontificales que se sienten custodios de la pureza y se especializan en construir piras y hogueras para sacralizar su auto de fe inquisitorial, quemando personas, grupos, partidos e ideas que no coinciden con sus desatinos, se están convirtiendo en uno de los más graves obstáculos que deberá superar el movimiento popular al acceder al poder.

Nuestro radicalismo es y será antilight y antiultra y seguimos creyendo que la derecha y la ultraizquierda unidas siempre serán vencidas.

Ese ultrismo sólo puede exhibir jerga, eslóganes y pirotecnia intelectual.

Nuestro radicalismo a la jerga le opuso el lenguaje, a los eslóganes le opuso los principios y a la pirotecnia intelectual y vocinglera le opuso las ideas del cambio real y posible, que en definitiva es el único que puede ayudar a transformar la vida de la gente.

Vinimos también a ayudar a liberar a la política del desprestigio en que se encuentra la actividad de servicio, la más noble del ser humano, convertida en un torneo de elites por prebendas y parcelas de poder usadas en beneficio personal o sectorial.

Nuestra osadía y desvergüenza no podían quedar impunes.

La retaliación del poder, la punición del sistema no tardó mucho en arrojarse como un huracán sobreLA REPUBLICA.

Una catarata de denuestos, zancadillas, golpes bajos y represalias cayó sobre nosotros acusándonos de ser los organizadores contumaces del escepticismo colectivo, aguafiestas profesionales, y expertos del desaliento. Los perros guardianes del sistema nos atacaron en jauría. La marea negra de las calumnias intentó enlodarnos.

Nos pasó de todo.

Más de treinta demandas penales, intentos de clausura por parte del Ministerio de Cultura, atentados, lances caballerescos o duelos criollos, prisión por lesionar el honor de un jefe de Estado extranjero procesado años después por corrupto en su propio país por los mismos delitos que nosotros revelamos, discriminación publicitaria, exclusión de la Asociación de Diarios, ocupación por la fuerza de nuestras instalaciones, inspecciones ilícitas, declaración de conjunto económico con 47 empresas, en un hecho sin precedentes en la historia previsional del país, posteriormente revocada por ilícita, calumnias, difamaciones y conjuras de todo tipo –y ahora hasta balazos contra nuestros periodistas– pautaron estos 16 años de rebeldí
as fecundas.

En la historia del periodismo uruguayo no existe un caso de ataques punitivos de tamaña envergadura y durante tanto tiempo.

En el pasado ya habíamos conocido las consecuencias de no arrodillarse frente al Leviatán.

Cuando dirigíamos en la década del 60 aquellos añorados diarios de masas, corajudos y fermentales, Extra, De Frente, Democracia, Ya, El Eco, el peso del poder se descargó contra nosotros de la misma forma que ahora, con el agregado de las clausuras inconstitucionales.

Nos clausuraban y una y otra vez resurgíamos con mayores bríos hasta que los librepensadores se hartaron y descubrieron que mejor era poner fin drásticamente al disenso y ocuparon por la fuerza el Estado y la sociedad.

Recuperada la democracia, los mismos medios gráficos y audiovisuales que alentaron el asalto a las instituciones o medraron con el despotismo, o miraron para un costado legitimando la felonía, volvieron a ocupar el centro de la escena, reclamando que el sistema desalojara al medio intruso que rompía la monotonía de la uniformidad.

El sistema había aprendido la lección. La punición ya no incluía clausuras directas, sino refinadas e inteligentes, apelando a todos los poderes del Estado y el aliento de los medios genuflexos que para esa tarea debieron trocar su periodismo chatarra en periodismo carroña, dispuestos a vampirizar al colega herido.

Superamos en estos 16 años todos y cada uno de los embates de la sinrazón, pero los rumbos abiertos en nuestro navío fueron grandes y nos obligaron a buscar puerto para reparar los daños que nos impedían navegar.

No otro significado tuvo el concordato al que debimos apelar para superar la situación, ya totalmente bajo control.

Heridos y aturdidos por los golpes, aun así tuvimos fuerzas para ser el motor de la construcción de nuevos medios de comunicación que, codo a codo con LA REPUBLICA, bregarían por torcerle el brazo al pensamiento único y cambiar la historia.

Fue así que rescatamos para el pueblo uruguayo la confiscada radio tupamara, CX 44, a la que transformamos en la radio 1410 AM LIBRE, primera entre sus pares de las emisoras periodísticas.

Y fue así como por primera vez en la historia de la izquierda uruguaya LA REPUBLICA construyó una estación completa de televisión que hoy llega a las pantallas de más de 200 mil hogares en todo el país, encabezando las mediciones de audiencia en televisión por abonados.

Es la primera vez, en sus 150 años de historia, que la izquierda uruguaya cuenta con un multimedio comprometido con sus ideas, integrado por el diario LA REPUBLICA, la radio 1410 AM LIBRE, el canal de televisión TV LIBRE, al que pronto se le sumará la radio 89.7 FM LIBRE, un semanario y otros proyectos de comunicación para apoyar al nuevo Uruguay que hoy despunta.

La escorada nave capitana de ese multimedio, el diario LA REPUBLICA, con sus viejos jóvenes 16 años, es la autora de este milagro de la comunicación uruguaya, realizado a pulmón, sin el apoyo económico de ninguna fuerza política, ni secta, ni iglesias, ni bancos, ni gobierno alguno, sólo con el apoyo de una sociedad civil con olfato para descubrir el imán de su propia sangre. Nos sentimos orgullosos de la tarea realizada. De las mil investigaciones, de los millares de noticias reveladas, de las grandes gestas del pueblo uruguayo que ayudamos a emprender y a ganar.

Portamos como una condecoración invalorable el reconocimiento de los principales luchadores del cambio social: “sin ustedes no podríamos haber llegado tan lejos, tan cerca de las metas que nos habíamos propuesto y que parecían inalcanzables”. (Afirmación realizada el 6 de febrero de 2004 en el despacho de la dirección de LA REPUBLICA, por las principales figuras del progresismo uruguayo). También en estos 16 años cometimos errores. Pero lo importante fue no haber persistido en ellos. Sin errores no hay aprendizaje ni avances en el camino.

También nos vimos enfrentados a decisiones dolorosas en las que no había opciones: o reducíamos sensiblemente la golpeada estructura del diario LA REPUBLICA o éste desaparecía del circuito informativo. Un diario en concordato no podía acceder a las legítimas demandas de aumento salariales y estabilidad de empleo de sus trabajadores. No éramos una rara avis, a la que la mayor crisis económica desatada en el país no la hubiera afectado. Y si a la crisis le sumamos la catarata de golpes recibidos, es fácil darse cuenta que no nos quedaba otra opción que la de la cirugía que salvara al paciente.

Optamos por congelar salarios y reducir drásticamente nuestra fuerza de trabajo. Fue dramático. No teníamos otra opción. No fuimos comprendidos por quienes sí conocían nuestras dificultades. Los dirigentes que, en gran número, nos alentaron a seguir editando el diario, lo hicieron ocultando sus nombres y con temor, para evitar ser criticados por los beligerantes. Pagamos un alto precio. LA REPUBLICA, por primera vez en sus 16 años dejó de salir durante 11 días. Los que nos conocen saben que hubiéramos dado cualquier cosa por evitar el drama, pero el precio tenía sólo un nombre: la vida de LA REPUBLICA. Decidimos no entregarla y la salvamos. Y lo volveríamos a hacer. Y volveríamos a pagar el terrible precio que pagamos. Hoy LA REPUBLICA y con ella 1410 AM LIBRE yTV LIBRE están en pie y siguen siendo los animadores fundamentales de las luchas del pueblo uruguayo. Y si no hubiéramos actuado como lo hicimos, hoy no estarían los lectores leyendo esta explicación.

Si hubiéramos apostado al cálculo, a quedar bien, a salvar el prestigio, enterrando la ética de la responsabilidad, que es en primer lugar con la sociedad civil y con el pueblo que necesita este instrumento, hoy no estaríamos junto a ustedes.

Pero así como nunca confundimos la política con la economía y los ideales con las ideologías, tampoco confundimos la ética con el cálculo.

Y por eso, hoy, tras una fragua de 16 años, seguimos estando aquí, junto a ustedes, sin ser seducidos por el sistema, sin doblar la cerviz, cada vez más altivos y temerarios, convencidos de que nuestros lectores tienen la certeza de que leyendo LA REPUBLICA saben más que cualquier otro ciudadano.

El próximo aniversario lo celebraremos en un nuevo país del que fuimos algo parteros y al que contribuiremos a hacer crecer con un demos vigoroso, nunca más hollado por la tentación autoritaria para que florezca con dignidad el hombre nuevo.

Es nuestro compromiso para el próximo 3 de mayo.

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