El escribano Javier Morassi declaró ayer durante dos horas ante la jueza Fany Canesa en
relación a su participación en la venta de una casa y cuatro campos a sociedades anónimas
manejadas por el Cártel de Juárez. Esperando que luego del levantamiento del presumario se
conozcan las respuestas brindadas por Morassi, LA REPUBLICA recuerda a sus lectores las 10
preguntas formuladas por nuestro director, Federico Fasano Mertens, sobre la participación del
profesional en las polémicas operaciones inmobiliarias. A continuación, por entender que dicho
artículo mantiene plena vigencia, reproducimos textualmente la nota firmada por Fasano y
publicada en la edición del 13 de junio pasado en LA REPUBLICA. He aquí su texto:
«El escribano Javier Morassi Olondriz (amigo desde hace 30 años de nuestro colega Arbilla, a
quien le realizó todas las escrituras que en Uruguay llevó a cabo el director de Búsqueda en
nuestro país, y amigo también de su colega el escribano Stirling (hoy ministro del Interior),
había prometido a LA REPUBLICA amplia aclaración sobre su actuación como profesional en
la venta de la casa de descanso del periodista en Punta del Este, por valor de U$S 550.000, a
los narcotraficantes Nicolás Di Tulio y Mirta Beatriz Llera, desconociendo éste, según declaró
recientemente, la condición de delincuentes de sus compradores.
Asimismo debía aclarar cómo fue que se convirtió en el único escribano en Uruguay y único
escribano actuante de las cinco operaciones comerciales que el principal cártel del narcotráfico
en el mundo llevó a cabo en nuestro país a través del representante más conspicuo en el Cono
Sur del Cártel de Juárez, el mexicano Jaime Martínez Ayón, quien pasó a ser el único titular de
la casa de Arbilla a través de una sociedad anónima cuyo domicilio legal fue cambiado al
estudio del escribano Morassi. Su carta a LA REPUBLICA publicada íntegramente en nuestra
edición del lunes 12 de junio plantea más dudas que respuestas. A fin de dejar plenamente
ratificado su buen nombre y una limpia trayectoria de 36 años, le instamos a responderlas a
nosotros, a otros medios y a la Justicia.
He aquí nuestras dudas:
1) ¿No es deber de un escribano poseer un mínimo conocimiento de sus clientes? Aparece de
repente un comprador de un bien en épocas en que no se vendía nada en Punta del Este y los
precios estaban por el suelo y el escribano del vendedor pasa a ser de inmediato escribano del
comprador no sólo en esa venta sino también en cuatro ventas más a precios excelentes.
2) ¿No debía haber informado en su amplia declaración prometida a LA REPUBLICA el monto
de los honorarios cobrados en esas transacciones para desmontar las sospechas que tuvo el
jefe de la Delegación Este de la lucha contra el narcotráfico cuando informó que usted les
cobraba honorarios por arriba del arancel?
3) ¿Ignoraba usted después de haber tenido numerosos encuentros con los «narcotraficantes» –
ignorando su condición de tal- por lo menos en cinco transacciones en diferentes puntos del
país, que el narcolavador italiano Nicolás Di Tulio tenía profusos antecedentes penales en
Argentina por las quiebras fraudulentas de «Dumas Verdes» (1991), de «Creal SA Compañía
Financiera» (1992) y todas las acusaciones que existían sobre su persona en 1998 (expediente
18.804, Juzgado Comercial 17 de Buenos Aires, año 1998), cuando usted le oficiaba de
escribano en las compras de los campos de Flores?
4) Los narcotraficantes Nicolás Di Tulio y Beatriz Llera compran una sociedad anónima
uruguaya el 19 de setiembre de 1997 (Sasur SA), sólo 11 días después, el 30 de setiembre de
1997, compran de apuro la casa de Arbilla en un precio muy alto para la época según rezan los
informes de la brigada antinarcóticos y al día siguiente de la compra sacan a Di Tulio de la
sociedad y cambian la sede de ésta que estaba en la calle Gorlero 942 de Punta del Este y la
pasan al domicilio del escribano Morassi. ¿Por qué sale Di Tulio al día siguiente de la compra?
¿Por qué se registra la sociedad en la sede del estudio Morassi cuando ya tenía domicilio legal
constituido en nuestro país? ¿El escribano Morassi no se enteró de nada de estos movimientos
siendo su estudio el «prestadomicilio» de esta sociedad y él mismo interveniente en todas las
transacciones del grupo? ¿Y si se enteró no le llamaron la atención estos movimientos?
5) Una modesta empleada de oficina, nacida en 1950, Mirta Beatriz Llera, amiga íntima de
Nicolás Di Tulio toma el control absoluto del Hotel Tourbillón de Mar del Plata mediante la
creación en agosto de 1997 de la firma «Hotel Tourbillón SA», sólo un mes antes de que la
misma persona se entrevistara con la esposa de Arbilla para comprarle su residencia de
descanso. También por esas fechas pasa a controlar Mirbet SA invirtiendo sumas millonarias
en dólares en inmuebles marplatenses. En Uruguay, tras comprar la casa de Arbilla, adquieren
Idafal SA y con esta sociedad compran 4.000 hectáreas de campo en Flores en cuatro
transacciones independientes. En las cuatro operaciones actúa el escribano Morassi e Idafal
SA con domicilio también en el estudio Morassi.
Desde hace años rigen en Uruguay las normas contra el narcolavado que han llevado a
abogados, escribanos, banqueros y a todas las instituciones bancarias a extremar
precauciones para no caer con dolo o con ausencia de él en las situaciones que plantea la ley.
Incluso los bancos están obligados a investigar cualquier depósito abultado cuyo origen no les
resulte satisfactorio.
¿No sospechó nada sobre la plata fácil, un escribano con 36 años de experiencia? ¿De su trato
habitual con Di Tulio y Beatriz Llera durante por lo menos 1997 y 1998 -ignoramos si tuvo trato
en 1999 aunque después no lo pudo tener porque fueron arraigados por la Justicia Penal- no
se enteró de nada sobre sus vidas? ¿No se enteró que en mayo de 1998 -seis meses antes de
que Idafal SA con domicilio en su estudio comprara los campos de Flores- los fondos
millonarios de Di Tulio en el Citibank de Nueva York habían sido incautados por ser parte del
lavado de narcodólares?
6) En marzo de 1999, un año después de la congelación de todos los fondos en Nueva York
por narcolavado de los mismos que compraron la casa de Arbilla y los campos de Flores, el
Cártel de Juárez decide un nuevo movimiento estratégico ante la caída de sus representantes,
Di Tulio y Beatriz Llera, y envía a su cerebro financiero en la región, el mexicano Jaime
Martínez Ayón. Este desplaza de la sociedad, cuyo domicilio es el estudio del escribano
Morassi, a Di Tulio y Beatriz Llera y pasa a ser el único director y propietario.
¿Tampoco en marzo de 1999 nada le pareció raro? ¿Las sociedades anónimas tienen por sede
el escritorio del escribano Morassi y viene un mexicano y desplaza a un italiano y a una
argentina, se hace cargo de todo y el escribano Morassi no sospecha nada?
7) En 1999 el escribano Morassi sigue siendo el escribano del grupo, aunque no se conocen
transacciones de éstos en esa fecha en Uruguay porque ya estaban todos interdictos,
bloqueados y arraigados, pero sus dos sociedades narcolavadoras en Uruguay -Sasur SA e
Idafal SA- continúan fijando sus domicilios en el estudio Morassi. En ese año estalla el
escándalo en todos los medios de comunicación argentinos, mexicanos y norteamericanos,
transmitidos además por las grandes cadenas de la televisión mundial y las agencias
internacionales de noticias. El nombre de Di Tulio y de su amiga Beatriz Llera aparece por
todas partes.
Los EEUU a través de sus representantes lo acusan de narcolavado en un Juzgado de Mar del
Plata. México por su parte se hace presente a través del director general de Investigaciones
Especiales Antidroga, del director general de Interpol y del propio embajador mexicano, y
formalizan su denuncia de narcolavado ante el propio secretario de Seguridad de la República
Argentina, Miguel Angel Toma. También son denunciados por el fiscal de Los Ángeles en los
Estados Unidos. Todos estos hechos son profusamente difundidos por prensa y televisión que
llegan sin trabas al Uruguay.
Si nada sabía en 1997 y 1998 ¿no se le ocurrió, ahora sí, en 1999, comenzar a sospechar que
algo raro estaba pasando con sus clientes? ¿No se le ocurrió pensar que debía denunciar ante
el Estado uruguayo, aunque fuera tardíamente porque recién se enteraba, sobre la situación de
Sasur SA e Idafal SA de las que es sede su propio estudio?
8) ¿Conoce el escribano Morassi el artículo 57 de la vigente Ley 17.016 contra el narcolavado
que dice textualmente: «El que asista al o a los agentes de la actividad delictiva en los delitos
previstos en la presente ley o delitos conexos ya sea para asegurar el beneficio o el resultado
de tal actividad, para obstaculizar las acciones de la Justicia o para eludir las consecuencias
jurídicas de sus acciones, o le prestare cualquier ayuda, asistencia o asesoramiento, será
castigado con una pena de 12 meses de prisión a 6 años de penitenciaría»?
9) ¿Conoce el escribano Morassi el artículo 58 de la nueva ley que aumenta un tercio la pena si
el que asesora ha recibido dinero en contrapartida por su asesoramiento?
10) ¿No tuvo conocimiento que en octubre de 1999 los narcolavadores vendieron uno de los
campos que compraron con la intervención del escribano Morassi y que necesariamente
tuvieron que hacerlo a través de la sociedad cuyo domicilio es el estudio Morassi?
¿No tuvo conocimiento de que en el verano de 2000, este verano, los narcotraficantes pusieron
en venta la casa que le habían comprado a Arbilla y que figura a nombre de la sociedad de la
que usted es «prestadomicilio»?
Y si se enteró de ambos movimientos, por ser el escribano del grupo o si se enteró recién este
verano en medio del escándalo internacional desatado, ¿no se le ocurrió pensar en el artículo
42 de la Ley 17.016 que dispone la confiscación de los bienes comprados con narcodólares?
¿No se le ocurrió que había que evitar a toda costa que vendieran esos bienes que provenían
del narcolavado? ¿No pensó que había que informar a alguien antes de que vendieran para
que procediera la inmediata confiscación prevista por la ley?
Hasta aquí todas las preguntas que LA REPUBLICA pensaba que usted iba a responder en su
prometida amplia aclaración sobre todos los puntos informados. No lo hizo. Recibimos dos
párrafos de puntualizaciones que lo único que dicen es que «mi intervención ha sido
exclusivamente de carácter profesional».
Pues bueno, quienes seguimos creyendo en su inocencia hasta que se pruebe lo contrario, y
en que su trayectoria no tuvo en 36 años ninguna objeción de sus pares, no entendemos por
qué no se explaya, ante quien usted entienda idóneo, sea LA REPUBLICA, sea otro medio,
sean las autoridades antinarcotráfico, sea la Justicia Penal, sea quien sea, para que se termine
de una buena vez con esta sospecha surgida de documentos policiales oficiales. Quizás usted
haya sido víctima de las circunstancias, una víctima del azar, una víctima de su poco interés
por la lectura de diarios o informativos de televisión, o de su reticencia a frecuentar tertulias
donde estos temas eran comentarios frecuentes. Quizás no.
Pero, por favor, haga desaparecer el quizás y saque toda duda. A la opinión pública, a quienes
quieren investigar y a todos los que estamos obligados a informar.
Hágalo ya.