Así como a veces un rayo sintetiza la tormenta, ayer la urdimbre trágica y profundamente
humana del fenómeno Gelman sintetizó en un solo acto el drama irresuelto de los
desaparecidos políticos uruguayos.
Todo el episodio fue una obra de ingeniería, donde la paciencia, la prudencia, el silencio, la
comprobación una y diez veces de todos los datos, el destierro de las tentaciones profesionales
y el compromiso raigal con un resultado que asegurara la justicia pero también la integridad
emocional de todos los actores del drama se dieron cita y encajaron uno a uno, descorriendo el
telón de la verdad.
Todo salió perfecto. El encuentro. La receptividad de la joven. La conducta de la madre
adoptiva. El silencio y la dignidad del poeta. El gesto del Presidente.
Pero faltó algo, que puede estropear todo. La ansiedad de mis colegas, periodistas y directores
de medios de comunicación. No menos de dos decenas de medios de comunicación
extranjeros y nacionales me entrevistaron ayer sobre el tema. A la mayoría lo único que le
interesaba era que les dijera quién era la nieta, dónde vivía, cómo era su rostro.
No aceptaban en este caso el valor de la ética del silencio. No percibían la diferencia entre lo
público y lo privado.
La corrupción del silencio opera siempre en el plano de lo público, es ajena al ámbito privado,
nada tiene que ver con la publicidad de los sentimientos.
La nieta de Gelman se enteró ayer que sus padres naturales no eran los que ella creyó que
eran durante 23 años. Se enteró que fueron asesinados sin piedad y que su madre fue
trasladada premeditadamente a otro país para tenerla a ella, con el objetivo de matarla para
secuestrarle el fruto de su vientre. Se enteró que los asesinos la entregaron en manos de sus
padres adoptivos, que no conocían las circunstancias y a quienes ella quiso y quiere
entrañablemente. Se enteró que si no fuera porque el crimen ocurrió en nuestra tierra, ella sería
extranjera y no uruguaya.
Su vida cambió en 24 horas.
Pide un poco de silencio, de misericordia y respeto para asimilar el terremoto de verdades que
le agrietó el alma. Gelman se lo prometió y cumplió. Pero las filtraciones de prensa de ayer la
shockearon. Siente que se acerca el fin de su intimidad. Que la prensa está cerca de su
identificación. Ya no somos un puñado los que sabemos de su existencia. Gobernantes,
algunos ministros, algunos dirigentes, servicios de inteligencia y algunos mercaderes de la
información ya saben quién es. Y la publicación prematura de su identidad pone en riesgo el
final que todos deseamos.
No arruinemos este opus magnum de la vida. Este leader case de la justicia. Este encuentro
amoroso y vital construido sobre las ruinas del dolor.
Les propongo a mis colegas un pacto de honor. Por primera vez no compitamos por una
noticia. Que el mejor y el más digno sea el último que la publique. Que el gran periodista o el
gran medio que publique la primicia tenga que sentir la vergüenza de su acto. Que el
periodismo uruguayo dé una lección al mundo.
Yo, que muchas veces he caído en las seductoras tentaciones de las ansiedades informativas,
humildemente, se los ruego.